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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mié, 26 Abr 2017 - 20:23

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Las mil y una Maggie

Foto: Juan Pablo CarrerasLa ensayista Margarita Mateo Palmer es una habanera que quizá le deba el secreto de su nacimiento a Holguín. La Premio Nacional de Literatura 2016 reveló a ahora.cu detalles de su vida y obra durante su paso por la Feria del Libro.

Al dorso de los libros de Margarita Mateo Palmer, antes de listar sus numerosos premios, títulos publicados y profesión, se aclara su origen habanero. Sin embargo, quizás el secreto de su nacimiento se encuentre en Holguín. “Hay una historia familiar relacionada con la ciudad”, confiesa y narra cómo sus padres vivieron un romance de “altura” en la Loma de la Cruz.

Con su madre regresaría en 2002 para revivir recuerdos, durante la gira organizada a propósito de su Premio Alejo Carpentier. En 2008 recibe nuevamente este reconocimiento y regresó a la ciudad. Hoy ya no está su madre, pero volvió a escoger a Holguín para la Feria del Libro, gracias al vínculo familiar y porque para Maggie es esta una provincia de tradición cultural y la tierra donde la asaltaron... a preguntas, por supuesto.

¿Por qué ha preferido al ensayo como forma de expresión?

“El ensayo ha sido para mí un género básico, porque está relacionado con la actividad fundamental que desarrollé por 40 años: la docencia. Investigaba a un escritor para una clase, luego dialogaba con los estudiantes, surgían nuevas ideas… Y de buenas a primeras ya tenía un conjunto de ensayos y los publicaba. Sucedió con Ella escribía poscrítica, un libro del año 1995, cuando trabajaba a los novísimos narradores.

“Mientras escribía el tipo de ensayo más académico, de acercamiento a su obra, empezaron a surgir historias de ficción que juegan con las mismas ideas de los ensayos, pero no desde el tono académico. El texto tuvo muy buena acogida, por ser libre en el tratamiento del género”.

¿Cómo asumió la joven Maggie su estreno en la docencia?

“Al graduarme en Lengua y Literatura Hispánicas, me ubicaron en la Universidad. Comencé en la enseñanza muy joven y tuve experiencias difíciles, pues me pusieron a impartir clases en el Curso para Trabajadores. Entraba al aula y los alumnos preguntaban cuándo venía la profesora y tenía que decirles que era yo. Casi todos eran personas mayores. Por ejemplo, María Teresa Linares fue mi alumna, Eduardo Heras León, Armando Suárez del Villar... Fue un reto, pero al final la comunicación fluyó magníficamente.

“Siempre los jóvenes vienen con ideas diferentes acerca de la docencia y el tipo de relación que se establece con los estudiantes. Si salía un número de la revista Criterio, lo discutía con algunos alumnos. Si no había aula, analizábamos los textos de Desiderio Navarro, por ejemplo, debajo de una mata. Fue una relación no tradicional que sostuve con los estudiantes de aquella época que a muchos no les gustaba”.

Tuvo la suerte de establecer un vínculo con el escritor Julio Cortázar poo antes de su muerte. Sin embargo, esta relación fue muy polémica...

“La Casa de las Américas me pidió que hiciera la Valoración múltiple de la obra de Cortázar a inicios de los ´90. En esa época él vino a Cuba y concertamos un encuentro. Fui muerta en vida. Le tenía terror al escritor, pero a los dos minutos de conversación me percaté de que era una persona completamente afable, diáfana, sencilla en el trato. Tenía esa imagen de Cortázar, porque quizá lo identificaba con el Oliveira, de Rayuela. Le expliqué la idea de la antología y me advirtió sobre la pertinencia de ir a la Universidad de Poitier, en Francia, donde él había donado parte de su archivo. Le comenté que un viaje a Francia era muy complicado. Él insistió en la idea y empezamos a escribirnos cuando se fue.

“Finalmente Cortázar murió en el año '84. Recibí una postal de él casi dos meses después de su muerte. Recibir su postal que decía: ‘Pronto nos veremos', fue muy triste.

“Cuando pasó el tiempo retomé el trabajo. Hubo una beca que me permitió ir a la Universidad de Poitier. Allí estuve por dos meses revisando sus materiales y finalmente terminé la Valoración múltiple al mismo tiempo que llegaba el Periodo Especial. Se perdió la posibilidad de publicar y el libro nunca salió. A la vuelta de los años intentar una publicación requiere de un nuevo estudio de toda la crítica anterior. Espero que alguien la haga ahora. Ese fue un capítulo que cerré, pero siempre he seguido la obra de Cortázar.

“Se hicieron lecturas erróneas del interés de Cortázar en mi viaje a la Universidad de Poitier. Una de ellas fue que el escritor estaba muy triste y solo, después de la muerte de su esposa Carol. Había un parecido entre nosotras y se insinuó que Cortázar podía tener otras intenciones. En absoluto fue así. Había simplemente un interés profesional. Él era muy riguroso con toda su obra y era lógico que si había que hacer una valoración no se podía prescindir de su material en aquella universidad”.

¿Cómo cohabitan en Margarita la madre, la profesora y la escritora?

“Es una convivencia muy difícil, más compleja aún en el Periodo Especial. En esa época yo vivía con mi madre y mi hijo, ambos asmáticos. No había espray de Salbutamol, ni otras medicinas. Sin embargo, aún en las situaciones más adversas, siempre he tratado de no dejar la enseñanza, la escritura, porque si uno renuncia a eso, qué le queda en la vida.

“Fue una etapa compleja. Uno de los momentos de mayor meditación era mientras fregaba. Estaba enganchada con un ensayo y pensaba en él haciendo esa actividad que es mecánica para tratar de escribirlo después.

“Cuando de verdad existe una vocación, uno no se puede dejar vencer por las adversidades. La condición de mujer, madre y escritora es una mezcla posible, pero demanda mucho de la persona”.

¿Existe disquisición entre la estudiosa de la literatura y la productora de literatura?

“La Magui que estudia literatura está todo el tiempo como una esponja recibiendo información que entra en juego a la hora de escribir. Cuando escribo, hay voces que me llegan y son reconocibles en el texto. En mis ensayos y también en mi ficción hay muchos autores. Esas dos Magui se complementan.

Ha dedicado su vida al estudio de los grandes de la literatura. Ahora con el Premio Nacional te afianzas como uno de ellos...

“El premio es un reto y un estímulo para seguir produciendo. He decidido asumirlo no como un punto de llegada, sino como punto de partida de exigirme más en relación con mi posible obra futura.

Ella escribía postcrítica en 1995. En 2017, ¿Ella qué escribe?

está asustada con el Premio Nacional de Literatura y lo está incorporando. Después del Premio, ha venido una etapa de muchas actividades, la Feria del Libro, las entrevistas… Tengo la idea de escribir una novela que jugaría con los diarios escritos en mi adolescencia durante todo los ´60. Son muchos y estoy en el conflicto de cómo utilizar ese material para que tenga un determinado sentido. Por lo pronto es un proyecto muy difuso, pero tengo muchas ganas de tener tiempo para escribir.


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