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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mar, 22 Ago 2017 - 13:53

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Lourdes, sin punto final

 

Foto: Elder LeyvaLleva más de tres décadas trabajando para otros.Un lugar especial en su cotidianidad lo ocupa Aquí, lla Columna por la que suele dejar a un lado todos sus asuntos, para ponerse en el lugar de sus lectores.

Mi entrevistada resultó algo escurridiza. Pero no por temor al inter-cambio de roles en el diálogo, sino por sencillez; pues aun cuando tiene en su haber incontables reconocimientos y una vida dedicada al periodismo, cree no haber hecho nada excepcional para merecer un espacio en esta página.

Está acostumbrada a recibir reacciones diversas sobre su trabajo reporteril y el de La Columna de los Lectores. Confiesa que una vez, cuando tuvo que someterse a una cirugía, el cirujano le dijo en broma: “Te voy a operar sin anestesia. Soy el Robin Hood de los médicos, por todo lo que tú has publicado”.

Sin embargo, aunque cada sábado muchos persigan el ¡ahora! en busca de su Columna, Lourdes no aspiraba realmente a ser periodista.

“Lo que me gustaba era el Derecho, lo puse en primera opción y no me llegó. Entonces fui con mi papá a la Universidad de Oriente y nos enteramos de que iba a abrir, por primera vez en cinco años, la carrera de periodismo; me presenté y aprobé. Hasta ese momento, jamás imaginé que iba a ser periodista”.

Hija única de Andrés y Laudelina, les debe no solo encaminarla en su amada profesión, sino crecer en una familia amorosa. En cuanto a aquella vocación, no poco de abogacía, búsqueda de la verdad y la justicia hay en sus escritos.

La exigencia hasta consigo misma la ha llevado a ocupar diversas responsabilidades desde joven: “Mientras estudiaba periodismo en Santiago de Cuba, era la presidenta del CDR y casi siempre, al llegar, tenía la casa llena de vecinos”.

A fuerza de voluntad se hizo periodista. Aún estudiaba en la universidad cuando salió embarazada. Pero dos semanas después de su cesárea, regresó a Santiago para terminar la tesis. No conoce, sin embargo, lo que es una licencia de maternidad: “A los cuatro
meses de dar a luz, comencé a trabajar”.

A 35 años de ejercer como periodista no olvida aquel 17 agosto de 1985, el día en que hizo su primer trabajo: “Recuerdo que era una entrevista a una federada destacada del reparto Luz, una mujer sencilla”.

Varios medios de Prensa han acogido su labor reporteril: “En pleno Periodo Especial me incorporé a la radio, cuando el periódico perdió su frecuencia diaria, por cuestiones económicas. En Telecristal, tuve la oportunidad de hacer Al pie de la letra, un programa crítico que salía en vivo. Todo esto me aportó mucho en lo profesional”.

Con agudo sentido de la realidad y apoyada en los más experimentados, se abrió a sí misma las puertas del periodismo, aunque no sin tropiezos. En los años ‘80, cuando era más reservado el ejercicio de la crítica, un trabajo le arrancó lágrimas. “Versaba sobre el deterioro a la intemperie de unos equipos pertenecientes al Combinado Cárnico. No entendieron el trabajo y no se publicó. Me lastimó mucho”, recuerda.

Aquellos tropiezos fueron solo peldaños en el camino. Historias tan humanas como
la de uno de los pocos niños que en Cuba ha padecido Adrenoleucodistrofia, enfermedad hereditaria que compromete la vida, y de cómo cada día se rompía el bloqueo para traer el “Aceite de Lorenzo” para su tratamiento, han sido contadas por esta mujer.

Encuentra especial atractivo en el ejercicio de la crítica, tanto que mientras tiene un trabajo de este tipo entre manos no puede conciliar el sueño. Prefiere escribir en la quietud de la noche. Solo ella, el silencio y sus pensamientos.

Aunque le ha tocado vivir como periodista importantes momentos, le resta la insatisfacción del trabajo que siempre quiso hacer: “Siento que me faltó entrevistar a
Fidel. Solo pude estar cerca de él en enero de 2003, cuando asistí a la inauguración del
Hotel Playa Pesquero. Creo que uno de los mayores logros en mi carrera hubiese sido
participar junto a él en sus recorridos por Holguín y contar en primera persona esa
historia, pero no fue posible”.

Un lugar especial en su cotidianidad lo ocupa el trabajo para La Columna de los
Lectores. Las personas la abordan en la calle, en una guagua, a través del correo electrónico o en su propia casa porque, misteriosamente, algunos logran descubrir su teléfono y dirección: “Recibo muchas opiniones sobre lo publicado, unas buenas y otras no tanto, pues a nadie le gusta que lo señalen”.

Mientras revisa las opiniones, sufre junto a los maltratados e incomprendidos y se regocija por buenas acciones. Deja a un lado todos sus asuntos para ponerse en el lugar de la persona que acude a ella, y asegura que vale la pena. “Una señora me escribió porque tenía problemas con su vivienda. Publiqué su caso en la columna y se resolvió. Después me enteré de que era la maestra de mi nieta y ahora no deja pasar un día sin agradecerlo. Para mí no hay mayor satisfacción que esa”, cuenta.

Su vocación incansable para el trabajo se complementa con el empeño de ser una
madre y abuela dedicada: “Para mí, lo primero es mi familia, y por ello trato de equilibrar mis prioridades”. Quizá por eso María de Lourdes y Gretchen no se separaron jamás de ella. Crecieron en los pasillos del periódico, aunque ahora se sienten un tanto relegadas por la llegada de Andrea y Alfredito, los nietos.

Su dedicación es reconocida por todos. Lourdes es de esas personas que nunca da la espalda a las responsabilidades, por eso muchos la recuerdan como Delegada, en el 2008, arrastrando el yeso de su pierna rota para conocer las afectaciones del ciclón Ike a los bienes de sus vecinos.

Gracias a ese equilibrio perfecto entre mujer, madre, abuela, periodista, ha obtenido disímiles galardones, como los reconocimientos del Buró Provincial del Partido, la FMC, la Dirección de Salud... Ha resultado en varias ocasiones Mejor trabajadora del ¡ahora!, donde ha obtenido también múltiples premios, hasta ser reconocida recientemente como Personalidad Destacada, por el Partido y el Gobierno en el territorio.

No cabrían en la sala de su casa tantos premios y reconocimientos, pero ella no los ostenta allí. Confiesa que nunca ha trabajado por mérito alguno, sino por amor y compromiso.

A las nuevas generaciones de periodistas les aconseja: “Lo más importante es relacionarse con las fuentes. Algunas veces nos absorben las nuevas tecnologías y creemos que desde una computadora con conexión a Internet lo vamos a solucionar todo. Pero si no tocamos con la mano lo que vamos a hacer, el trabajo nunca será realmente bueno. Pienso que todos necesitan más eso, chocar con la realidad, salir de las redacciones”.

Cada día piensa en qué hacer para ayudar a los demás. A veces, hasta quisiera tener más de dos manos. Ella es ejemplo de que no siempre se nace reportero, pero una vez que la profesión se asume, el periodista tiene que vivir lo que escribe, como ella.
 


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1 Comentarios

  • Bueno en realidad Lourdes el periodismo en Holguin ganó mucho al perder una abogada, es una periodista muy combativa y muy respetada por su trabajo periodístico.

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