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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Jue, 23 Mar 2017 - 15:50

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Armando Vielza: El ilusionista de la radio

Foto: Elder LeyvaArmando Vielza es el responsable de crear las imágenes sonoras de los dramatizados radiales holguineros. A sus 64 años es el único efectista de la provincia. Programas como Fiesta de colores, El farolero y Que cuenten los niños cuentan con la magia de sus efectos.

Es la hora de la radionovela. Fela enciende el Beff justo a tiempo, hoy Amanda sorprende al fin a su marido con la amante. Los tacones delatan su llegada, la puerta cruje, se cierra… – Mijita no hagas tanto ruido-, replica inquita. Deja caer las llaves en la mesita de cristal y Fela casi muere de ansiedad, no despega el oído de la radio. Lo que ella no sospecha es que todo cuanto la ha hecho vibrar no es más que un truco o mejor, el trabajo de un ilusionista que tira de las emociones por medio de efectos sonoros. Como Armando Vielza Barriba quedan pocos en Cuba, lleva 25 años como efectista en Radio Angulo y garantiza la energía dramática de varios espacios radiales.

Solía desandar por las calles de Moa imaginándose el futuro. Vielza quería ser marino mercante o teatrista. “Lo de marino no se dio o quizás el teatro llegó primero. Había terminado el servicio militar y estaba trabajando en la fábrica Pedro Soto Alba cuando me avisaron de una audición para formar un grupo en Moa y me presenté, increíblemente fui el único que aprobó. Así comencé en 1974, aunque solo pasé 5 años en Moa, el grupo se desintegró y vine para Holguín detrás del teatro”.

Después su amiga Marta Proenza le insistió para que entrara en la radio como efectista. Al inicio entrenó escuchando mucho, prestando atención para conseguir los efectos que le pudieran pedir y mirando con disimulo al efectista que había entonces. “No me atrevía a preguntarle nada, ¿y si pensaba que yo quería su trabajo…? Hasta que un día llegó el gran debut en el programa Estampas holguineras y fue un desastre, el director me gritaba por el talk back: ¡camina por la hierba, tírate al agua, no; eso no es así, paren esto carajo! Pensé en no volver, sin embargo, nunca me fui.”

Pocos creerían de donde salen todos esos sonidos que imitan a la perfección la realidad. Una palangana, cintas de videocasetes, láminas de aluminio, un cubo, hasta una radiografía y por supuesto mucha habilidad. Contemplar a Vielza mientras representa el paseo de una pareja por el parque es todo un espectáculo. Pie derecho, bota de hombre, pie izquierdo zapato de tacón de mujer. Los pasos femeninos suaves y elegantes. Los del hombre pausados y toscos. Y cuidado, ninguno de los dos es cojo.

Los efectos no son el ornamento del dramatizado como piensan muchos. Vielza asegura que no hay historia radial sin ellos, y me lo describe con un ejemplo práctico. “Aunque una voz diga que se abrió la puerta y un hombre echó a correr, el que escucha no puede verlo porque no lo siente, necesita mucho más para visualizarlo. Los actores interpretan sus líneas, pero dónde se ubica ese personaje, en qué ambiente, qué hace en ese lugar, si camina, se sienta, come, monta a caballo o se baña en un río; todos esos pequeños detalles hacen la historia”

La cabina de radio donde se graban sus dramatizados se vuelve un escenario. Afirma que el teatro le ha servido para desdoblarse en esta faceta. Se sienta, cierra los ojos y escucha el desenlace de los personajes mientras le da pies y manos a los diálogos. Tiene el guion al lado con todas las acotaciones del episodio, pero casi por instinto agrega un efecto o cambia otro. El director asiente, el hombre tiene talento. “Yo me meto en la trama, veo las imágenes, vivo la intensidad de cada momento. Hay una coordinación entre el actor y el efectista, encarnamos al personaje al mismo tiempo, así vivo la alegría o la ira del interlocutor en tal medida que a veces me hago hematomas en las piernas de los golpes que en la historia debe dar el personaje y soy yo quien los hace y los recibe.”

Cuando le pregunto por lo que más le satisface, enseguida responde que trabajar con los niños. Por eso desde hace siete años creó el grupo de teatro infantil Rompe tacones: “porque es el público más crítico pero el que mejor agradece”. En Radio Angulo tiene varios programas infantiles Fiesta de colores, El farolero, Que cuenten los niños, y Vielza disfruta compartir con estos pequeños actores que muchas veces al culminar la grabación dejan en su casillero un mensaje de cariño.

Mientras algunos aseguran que el desarrollo tecnológico comienza a prescindir del efectista, él ni siquiera duda: “¡Desaparecer, imposible! En una computadora se guardan algunos efectos, sobre todo los que son difíciles de reproducir manualmente, sin embargo, hay otros que deben hacerse para cada episodio buscando la originalidad. De lo contrario todas las puertas sonarían igual y todas las mujeres tendrían siempre el mismo paso de tacones. El efecto es vida”.

Con tanto tiempo navegando entre sonidos ya no puede evitar sentirse como uno. Me confiesa que si fuera un efecto sería un velero en alta mar. Curiosa le cuestiono: “pero Vielza ¿cómo suena un velero en alta mar?”, y entonces pone en escena todas sus cualidades histriónicas y a falta de sus instrumentos apela a una descripción onomatopéyica que resulta difícil recrear. “Primero les pongo las olas (SSSHHH), suaves no hay mucho oleaje (ssshhh), después viene el cordaje de vela (crrrggg, crrrggg), una briza fina la impulsa (zzzzz). Y ese soy yo, un poco a lo Guillén”.
 

Con información de Ivonne Pérez Pérez


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