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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mar, 17 Oct 2017 - 19:15

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Los sonidos del anonimato

 

Foto: Elder LeyvaResguardada del paso del tiempo como una reliquia que salva el recuerdo de un especial momento, permanece en la casa de Reynerio González Ochoa una pequeña y blanca taza en la que muchos años atrás bebiera café, pero no un simple trago de café, sino uno que provenía de las manos de Raúl Castro Ruz y que aceptó después de mucha insistencia y entre los aguijonazos provocados por los nervios.

Fue durante un Consejo Militar del Ejército Oriental cuando advirtió la silueta del General de Ejército, quien rato después, para su sorpresa, se sentó a su lado y le comentó sobre lo bien que había quedado un acto de reafirmación revolucionaria realizado por esos días en Guantánamo, y posteriormente le brindó la tasita de café que antes le habían ofrecido a él.

“Eso a mí nunca se me ha olvidado, esa gentileza, ese desprendimiento. Es digno de admirar, porque yo era simplemente un operador de audio que cumplía una misión”, rememora, y veo en él a uno de esos hombres que han vivido y empujado a la Historia desde la acera menos iluminada, en este caso, desde el recodo que conforma una consola y algunos bafles, pero desde donde, sin embargo, tantas veces han brotado las notas del Himno Nacional para dar paso a un espacio consustancial ya de la cubanidad, como son los actos políticos, actividades aglutinadoras de ideas y hombres que prefieren las palabras para atrincherarse.

Haber trabajado por 38 años en la Unidad de Propaganda del Partido en Holguín, específicamente en el Taller de Actos y Sonidos, le ha permitido a este hombre de hablar fluido y visible cordialidad, vivir otros momentos exclusivos, como el poder observar de cerca en dos oportunidades la figura sorprendente del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, privilegio que hoy muchos quisieran tener archivados entre sus vivencias.

Reynerio encarna al tipo de trabajador responsable, incansable y disciplinado que caracteriza al colectivo de la Unidad de Propaganda, que el próximo 24 de febrero cumplirá medio siglo de existencia, tiempo durante el cual ha sido la estructura garante de asegurar las campañas y la labor ideológica del Partido en el territorio.

Explica que “el trabajo en Propaganda es complejo, y en particular el que realiza el personal de Actos y Sonido, porque no hay tiempo para rectificar. Los actos y reuniones empiezan a una hora determinada y en ellos el Himno Nacional no puede repetirse, ni tampoco otro tipo de música. Es un trabajo en el que no puede haber equivocaciones ni imprecisiones, por lo que necesita de seriedad, ecuanimidad, responsabilidad. Nosotros somos los anónimos que garantizamos que ese acto político o reunión de trabajo no falle”.

Algunos pudieran apellidar como simple la labor que Reynerio desempeña, pero lo cierto es que su cargo requiere más de dos “pilas puestas” para que los guiones de las diferentes actividades se lleven a la realidad con maestría. “Hay que estar siempre a la expectativa, el operador de audio no se puede dormir, debe ver cuando hay una intervención, si falla una línea o si alguien se puso nervioso y cerró, digamos, el interruptor del micrófono, todas esas cuestiones hay que tenerlas presentes”.

Quien acumula hoy un poco más de 60 abriles, llegó a Propaganda en el año 72, luego de graduarse en Bayamo de técnico en radio y televisión, y ha visto desde entonces el crecimiento de este centro laboral, que además de mantener actualizadas, mediante la técnica moderna de la gigantografía, las vallas y microvallas con contenido político que pueblan las calles y centros, también cuenta con un taller de lumínico que presta servicio a las entidades, fundamentalmente, de elaboración de señalética y gallardetes.

Pero el mayor logro se hace patente en la reserva espiritual y transformadora que el centro acumula en sus entrañas. Para Reynerio “esta unidad es formadora de trabajadores, yo diría, primero, revolucionarios, y después, consagrados y disciplinados, porque en esta entidad debe primar el amor por el proceso revolucionario y la disciplina. Propaganda va avanzando, no es una unidad que retrocede”.

El perfeccionamiento de esta estructura también puede estimarse en el mejoramiento continuo, que según manifiesta Reynerio, han adquirido las celebraciones y actos políticos. “Hoy se le da mucha participación a la juventud y específicamente a los niños. En las diferentes actividades políticas se ven jóvenes con preparación, que cantan, discursan. Eso es impresionante y ha ayudado a elevar la cultura patriótica y política”, subraya.

Destaca, además, que el aumento de la calidad de los eventos se ha hecho posible gracias al quehacer mancomunado de varios sectores. “Ya no son solo los compañeros del Partido quienes organizan los actos, también intervienen la Unión de Jóvenes Comunistas, Cultura, la Federación de Mujeres Cubanas y los pioneros. Hay mayor participación de todos los sectores y las ideas son para bien”, asegura.

En los saldos positivos influyen también las mejoras en las condiciones laborales evidentes en los últimos años. “Antes, las condiciones de trabajo de nosotros eran muy difíciles. Era complejo. No había bafles y todos los actos los hacíamos con trompetas. Recuerdo que en el cine Martí hacíamos las reuniones del Partido. Imagínate dos trompetas chinas en el cine Martí. Ahora todo es más sofisticado”.

Pero no son los recursos materiales los que determinan el peso del compromiso que nuestro entrevistado ha mantenido por casi cuatro décadas con su trabajo, el que ha desplegado a la par de otras responsabilidades al frente de un colegio electoral, el CDR, el núcleo del Partido y actualmente la sección sindical.

Quizá haya que buscar la causa bendita de su devoción laboral en los cinco años que integró las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en la Marina de Guerra de Cienfuegos. Pero el tiene una tesis menos rebuscada. “A mí me gusta cumplir, no me gusta que me llamen la atención, eso me abochorna y para que a ti no te abochornen lo mejor es hacer las cosas bien”.

Así de simple es su filosofía. Por eso volverán una y otra vez las multitudes revolucionarias a reunirse frente a él y agitar sus banderas. Mas no lo verán. Callado y circunspecto seguirá, desde los predios del anonimato, asegurando la labor ideológica del Partido.


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1 Comentarios

  • Es una tacita realmente histórica.Digna de conservarse.Debemos mostrarla también en el museo.

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