Acceso
  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Lun, 26 Jun 2017 - 22:53

DESCARGAR
Edición Impresa

Jorge Luis Betancourt Sánchez: Salvando la memoria

restaurador2.jpgEn la mesa del comedor cohabitan, en total anarquía, tantos y tan disímiles instrumentos de trabajo que no me atrevería a describirlos. Desde la pared, un reloj antiquísimo hace los honores de la casa y anuncia con gracia las nueve. Termino el café y no dilato demasiado la conversación, pues Jorge Luis está “entre la espada y el tiempo”, cuando le restan pocas horas para la apertura de su exposición “Edison desde Holguín” , la cual estará abierta al público durante este mes de febrero en la sala Fausto, de la UNEAC.

Parece un hombre que no sabe hablar sino con pasión. Comienza por detallarme las características de la “expo”, dedicada al aniversario 140 de que Thomas Alva Edison creara el fonógrafo, primer aparato en el mundo que grababa y reproducía sonido.
“La muestra está compuesta por ocho piezas que datan de principios del siglo XX, y decenas de fotografías de todo el proceso de restauración. Para mí es un orgullo poder salvar todos esos artilugios, porque la vida cambió con la llegada del fonógrafo”.

Jorge Luis Betancourt Sánchez ha dedicado su vida a rescatar objetos que conforman nuestra historia. Entre ellos destacan los escudos perdidos del altar mayor de la Catedral de La Habana; la tumba del gobernador de Holguín, Don Juan Nepomuceno Huerta Arostegui; y la pistola del Comandante rebelde Eddy Suñol.

Si usted era músico y lo disfrutaba, ¿por qué decidió “colgar el violín”?

En nuestra ciudad hay bastantes violinistas, pero en la restauración fui el único que trabajó desde niño todas las direcciones. Comencé con la imaginería religiosa. Años después, al Fondo Cubano de Bienes Culturales le agregaron en su objeto social la restauración de antigüedades, y entendí que allí era más útil. Era difícil tocar en “el Mariachi” y atender este proyecto a la vez, así que me decidí por la restauración, que me apasiona más.

Pero si lo que estudió fue música, ¿cómo se hizo restaurador?

Desde niño me llamó la atención todo lo relacionado con el patrimonio. Cuando salía de la Secundaria me iba para La Periquera a limpiar piezas oxidadas. Lo primero que restauré fue una bandeja de hierro de un ingenio, y luego un farol colonial. Pasaron los años y siempre me mantuve relacionado con el Museo Provincial. A partir de 1997, realicé mis viajes al Gabinete de La Habana para canalizar todas mis inquietudes. Allí adquirí mucho conocimiento, aunque para hacer este trabajo también hace falta un don natural. Por ejemplo, he desarmado un artillero que nunca había visto, ni nadie me ha explicado cómo funciona.

¿Entonces, cómo lo hace?

Es una intuición, una gracia natural que uno tiene. Ningún mecanismo se parece a otro y yo restauro cualquier tipo de reloj antiguo; pero un Ansonia no es igual que un Watherbury, o que un New Haven. Los relojes norteamericanos difieren completamente de los alemanes y todos los restauro con largas garantías, pues los preparo para los hoteles y los museos. Igual, el mecanismo de una victrola o de una caja de música antigua no tiene nada que ver con el de los relojes, pero los restauro con buenos resultados. Salvé también un antiguo órgano a cilindro Le Parisien.

Pero debe tener alguna metodología para abrir los objetos…

Solo basta con mirar y analizar siempre que uno domine los principios de funcionamiento de los mecanismos antiguos. En base a eso aplico el desarme, la limpieza y corrección de desgaste, hasta dejarlo como nuevo.

Mas, conocer los artilugios antiguos lleva un tiempo...

Mis 47 años, y descuenta, a partir de los doce, cuántos llevo desarmando, limpiando y recuperando cada mecanismo que cae en mis manos.

No obstante, imagino que también haya roto alguno...

Si supieras que como tengo una gran paciencia para desarmar, no ha ocurrido el caso. Para mí, no hay reloj a péndulo o victrola sin arreglo.

¿Y cuánto tiempo dedica en un día a reparar alguna pieza?

Todo el tiempo del que dispongo se lo dedico a una pieza. A veces voy alternando el tiempo entre un objeto que tenga para una exposición, con otro que me solicite el Fondo de Bienes Culturales, donde trabajo. Son días enteros, hasta la una o dos de la madrugada. La restauración necesita de una paciencia asiática, y apenas descanso los domingos.

Con tanto trabajo, ¿no tendrá que restaurar el amor de vez en vez?

No, porque mi esposa es mi mano derecha. Ella trabaja a la par mía. Me ayuda mucho. Es una “fiera” tapizando, por ejemplo.

¿Cómo resuelve los materiales que necesita?

Las victrolas casi siempre llegan con la cuerda rota, sin brazo o diafragma. En el campo siempre aparece alguna pieza, así he logrado comprar muchos mecanismos oxidados. De esa forma encontré un cajón de victrola que se usaba como zapatera; se trataba del modelo 4-3, de la ortofónica de 1925. Asimismo, recogí un cajón que usaban en un garage para guardar tornillos. También compro armarios viejos, uso las maderas de pianos o escritorios que ya no se pueden salvar. Así que si las victrolas tienen una historia, la madera con la cual las restauro también tiene la suya.

¿Y en cuánto vendería una?

Por nada del mundo. Esa es una pregunta que siempre me hiere. A veces estoy muy emocionado explicándole al público la historia de estos artilugios y me duele que salte alguien preguntando en cuánto vendería una pieza a un extranjero. Mi vida son las victrolas y mi sueño es tener mi Casa de la Victrola, donde puedan asistir los estudiantes de canto del ISA y aprovechen los más de mil registros que tengo de grabaciones antiguas de Carusso, Tito Schipa, Lily Pons o Lucrecia Bori.

¿Cuál es la historia que lo une a los aldabones de la ciudad?

Se cree que La Periquera tuviera uno en cada puerta, y que entre 1898 y 1902 fueron arrojados a sus pozos. A finales de los ‘60 o principios de los ‘70 los encontraron repletos de óxido. Decidí rescatarlos, hacerles un decapado a los nichos de corrosión y salvar los golpeadores. Cada vez que paso por el parque, veo la recompensa de mi trabajo.

¿Existe algún proyecto que no haya podido materializar?

Quisiera devolverle a Gibara la vida de su reloj público, pero requiere de un presupuesto oficial porque hay piezas gigantes que se deben mandar a hacer en la KTP, y engranes que hay que restablecer. Debe alquilarse una grúa para bajar ese mecanismo por la torre de la iglesia, y para renovar el cristal de la esfera de 20 mm de grosor, hay que encargarlo en La Habana.

Lo que hoy me tiene muy entusiasmado es la restauración de los dos museos de Gibara. Allí me ocuparé de decenas de muebles, lámparas, siete relojes antiguos, portarretratros, todas las armas de las guerras de independencia de que disponen...

endré que trabajar incluso a deshora, porque la fecha de entrega es el 18 de mayo, día internacional de los museos, y es poco el tiempo para todo lo que tengo por delante.


AddThis Social Bookmark Button

0 Comentarios

1000 caracteres

Cancel or

Copyright © 2000-2017 Periódico AHORA. Se autoriza la reproducción de trabajos de nuestro sitio, siempre que sea de forma íntegra y se acredite la fuente.
Compatible con IE7, IE8, Firefox, Opera, Safari y Google Chrome. Resolución óptima: 1024 x 768 píxeles.