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Actualizado: Dom, 26 Mar 2017 - 17:50

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Día del Educador
Manuel Jesús Casimiro Ferreiro: Siempre Maestro

Educador_03.jpgFidelista hasta la médula, Manuel Jesús Casimiro Ferreiro, es uno de los más de 700 jubilados reincorporados a las aulas que engrosan las filas de los más de 17 mil docentes en la provincia. Cincuenta y tres años en el sector hablan de su consagración a la más noble de las profesiones. A propósito de celebrarse el 22 de diciembre el Día del Educador, ahora.cu reconoce su desempeño.

La mirada celeste acompaña armónicamente el interesante diálogo dibujado en los labios de un experimentado maestro en el arte de la educación. Muchos son los años de acumulada sabiduría de quien ha traspasado los umbrales del aula para brindar lo mejor de sus conocimientos, a sus discípulos, en cualquiera de los puestos ocupados en el sector educacional.

Recibido como Máster en Ciencias de la Educación poco tiempo antes de jubilarse, Manuel Jesús Casimiro Ferreiro no escatima si de enseñar, instruir o educar se trata. Nació para ser un fiel servidor de la Educación en Cuba, y si tuviera otra vida “escogería la misma profesión, porque no hay nada más reconfortante que contribuir a la formación de otros”, aun cuando existan disímiles dificultades y el ritmo de la vida lo haya conducido por diversos caminos, nunca ajenos a su razón de ser: profesor de Geografía.

Apenas era un niño cuando en todo el Archipiélago se libraba la Campaña de Alfabetización, obra que reconoce como la primera gran victoria de la Revolución cubana, porque realmente fue la que libró de la ignorancia a la gran mayoría, sin acceso a la instrucción.

Catorce años por aquel entonces no era la limitante para incorporarse a la brigada Conrado Benítez tras el llamado de Fidel y coger lápiz, cartilla y manual, y farola además, para adentrarse en el mundo de la enseñanza. Había culminado su sexto grado en la antigua escuela Panchito Frexes (hoy Calixto García) y era miembro de la Organización de Pioneros Rebeldes.

“Fue una experiencia única, estuve trabajando en la zona de La Escondida, en Sao Arriba, con la familia de los Pupos. Desde entonces me fui enamorando de una profesión muy noble, con alto sentido humano y permeada de mucha vocación”, resalta Casimiro, con la certeza de haber escogido el camino apropiado desde que vio la luz del conocimiento en los campesinos que, poco después,pudieron redactar la carta a Fidel como constancia y agradecimiento porque ya sabían leer y escribir.

“Ayudar principalmente a los campesinos a despertar del letargo en el que estaban confinados por los bajos recursos y las escasas oportunidades de contar con escuelas, fue una de las tareas más impactantes de aquellos años en los que la Revolución comenzaba a materializar las ideas expuestas por el Comandante en Jefe”, señala.

Al terminar la secundaria básica se incorporó a un llamado especial de las FAR. Seis años allí servirían de base para continuar cultivando el maestro que crecía en sus entrañas. Lo vieron transitar por escuelas primarias y la enseñanza secundaria básica, a la que ha dedicado buena parte de sus más de 50 años de servicio en Educación.

“Ocupé cargos de dirección en todas las instancias de los centros escolares en los que trabajé y en las diferentes estructuras del sector, pero sin abandonar el aula. El vínculo con estudiantes y maestros que requerían asesoramiento eran el principal alimento.

“Me marcó mucho la época que dirigí la ESBEC Mariana Grajales en San Andrés. Confluían en el centro los grados de séptimo a décimo y los primeros 100 integrantes del Contingente Manuel AscunceDomenech, quienes en una sesión impartían docencia y en la otra continuaban su superación.
El primer y más cercano contacto con el Comandante ocurrió en este centro en una de las visitas de control que realizara a planes de escuelas en el campo.“Recuerdo que el día antesde su llegada me dijeron ´mañana tu papá quiere visitarte´. Quedé consternado. Fue impresionante verlo frente a mí, yo estaba un poco nervioso, pero él enseguida me echó el brazo encima y fue creando un ambiente muy familiar. Esa forma de tratar a los demás la llevo muy dentro y me ha servido de ejemplo para lidiar con mis estudiantes”.

Muchos le deben sus cimientos educativos a Casimiro, como le conocen comúnmente. “Recorrer municipios y más que controlar, orientar a los subordinados fueron siempre premisas impregnadas en mi quehacer. Guardo con satisfacción el haber contribuido a la formación de cientos de personas, de las cuales algunas ocupan cargos de dirección en el propio sector”.

Angola le vio andar en acciones combativas. Fue el único tiempo que dejó la tiza para conformar la lista de otro contingente al llamado del deber. Pronto regresó a conquistar los senderos de la Geografía.

La jubilación se estableció en papeles, pues no hubo tiempo para tomársela en serio. Antes le fue conferido por su excelente trabajo el reconocimiento Por la obra de Toda la Vida. Septiembre de 2014 lo acogió nuevamente en la ESBU Lidia Doce, de la que tiempos atrás había sido director. Una nueva generación bebe de sus conocimientos y picardías. Con regocijo, se entrega a las largas jornadas de trabajo, en las que prima la firmeza de carácter que impone la dinámica de estos tiempos.

“Mis alumnos dicen que soy vertical, por la exigencia que impera en mi persona, heredada de mi maestro Rubén Bravo y de los años en las FAR. Pero también soy amigo cuando la situación lo amerita. Creo que el maestro sigue siendo la principal figura en la conducción de una clase, de su ejemplaridad, respeto y responsabilidad dependen el éxito en el aula.

“El trabajo en las diferentes enseñanzas se torna cada vez más complejo, la influencia de la tecnología, y la rica diversidad de estudiantes, aparejado a los problemas de educación familiar que persisten en la sociedad actual, demanda de la labor titánica de los docentes.

Casimiro se detiene, reflexiona: “Hoy más que nunca debemos apegarnos al concepto de Revolución de Fidel, y cambiar todo lo que haya que ser cambiado. Nuestro sector no está exento de dificultades, y muchas de las asperezas que nos encontramos a diario pueden resolverse si revisamos y rememoramos todo lo que nos llevó al éxito en momentos cumbres de esta gran obra.

“Fidel lo dijo, el maestro es el principal impulsor de la Revolución, la base, es el que está diariamente en contacto con los estudiantes, formando hombres y mujeres para la sociedad. Hay que ser consecuentes con eso. A las nuevas generacionessiempre les sugiero la lectura de sus textos y discursos, pues más que un mensaje constituyen un gran estímulo para continuar cultivando la vocación”.

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1 Comentarios

  • Mi modesto respeto para ese ejemplo de educador y amigo
    C.Clemente

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