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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 20 Oct 2017 - 21:52

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Impagable deuda de amor

 

 

aroldo-01.jpgFidel se dibuja de una manera diferente en el imaginario de cada cubano. La mayoría solo pudimos observarlo y beber de su savia gracias a los medios de comunicación, pero quienes tuvieron la dicha de caminar por momentos a su lado, de apreciar su talla humana a centímetros de distancia, hoy no pueden más que repasar cada uno de sus gestos de revolucionario a pecho abierto y recordar su elevada sensibilidad .

El holguinero Aroldo García Fombellida, periodista durante 40 años, es uno de esos cubanos que tuvo el privilegio en varias ocasiones de compartir con el Comandante, oportunidades de las cuales atesora hermosos recuerdos que han marcado profundamente su actuar en la vida.

Entre tantas historias que podría contar, este profesional de la Comunicación rememora con cariño aquel anochecer del 12 de agosto en Venezuela, cuando en vísperas del cumpleaños 75 del Comandante, que se había trasladado hacia allá para celebrar la fecha, fue testigo de un interesante pasaje que le mostró la humildad sin límites de Fidel.

Cuenta que durante la celebración, Fidel se dirigió a Chávez y le dijo: “Ya yo he celebrado más cumpleaños de los que me quedan por celebrar, pero yo decidí venir a Venezuela a celebrar mi cumpleaños no por casualidad, yo vine a entregarte a ti las armas de un combate que yo no puedo seguir”.

Expone Aroldo que Chávez, quien no esperaba aquello, le dijo “Carajo Fidel, yo que venía a regalarte hoy y tú eres el que me regala a mí”. Entonces el Líder Bolivariano cogió un fusil que estaba cercano en una urna, se lo colocó delante y se dirigió al Comandante: “Fidel, te juro por este fusil mío de soldado, te juro por este fusil que no te voy a defraudar nunca”.

Continúa narrando García Fombellida que “esa noche fue grande, tan grande que, Sara González, que estaba allí, también se dirigió al Comandante: “Como hoy es su cumpleaños, yo quisiera que usted me permitiera darle un beso y un abrazo”. Y él le dijo, “mira Sarita, precisamente como hoy es día de mi cumpleaños, yo quisiera que fueras tú la que me permitieras darte un beso y un abrazo porque tus canciones han sido inspiración para muchos de mis actos”.

“Ese es Fidel” dice Aroldo, y mientras su rostro se arruga por la tristeza, prosigue contándome sobre aquel 28 de mayo de 1996, cuando el destino quiso que tuviera que acompañar al Comandante hasta el poblado de Macabí, en Banes, lugar donde nació este periodista que hoy se desempeña como corresponsal de Radio Rebelde. “Lo acompañé a Macabí y mi padre me vio con él y estuvo muy orgulloso de ese día”.

Pero el mayor recuerdo que atesora Aroldo es aquel del 24 de octubre del 2001, cuando atravesaba un duro momento de su vida personal, la gravedad de su pequeña hija que había nacido con cáncer. Expone que estaba en la Habana cuando recibió una llamada del Comandante, que lo llenó de aliento y esperanza.

En esos momentos Fidel se encontraba en Holguín porque había inaugurado la Escuela de Trabajadores Sociales. Relata Aroldo que tras el auricular hubo un silencio largo pero luego su potente voz se hizo presente: “Aroldo -le dijo- te echamos de menos ayer en la inauguración. Nosotros nos quedamos aquí en Holguín porque mañana vamos para Santiago, pero no quisimos irnos sin llamarte, para decirte que contamos con todo lo que hace falta para salvar a tu hija y si no lo tuviéramos lo vamos a buscar, pero tu hija se va a salvar”.

Aroldo no puede contener sus lágrimas. “Ahí está mi hija, me dice, ¿cómo yo pago eso?”


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2 Comentarios

  • Estimado periodista, gracias por compartir con nosotros esas vivencias que tuvo con nuestro comandante en jefe y que reafirman una vez sus cualidades personales de hombre honesto, sencillo, amable, solidario, patriota, un padre para todos los cubanos revolucionarios, al que se lo debemos todo, pues no hay obra en nuestra revolución en que no esté presente la mano de nuestro Fidel, el insustituible, el inmortal, el que se va físicamente, pero quedará por siempre su legado y que sin duda la mejor forma de honrarlo es con el diario cumplimiento del deber. Hasta la victoria siempre.
  • !Ese es mi Comandante!. Sencillo, humilde y preocupado..Estoy muy conmovida.

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