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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 24 Feb 2017 - 00:54

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En el corazón de la gente

 

Foto: Elder LeyvaRamón García Rodríguez es fundador de los órganos locales de gobierno en La Ciudad de los Parques; por la ejemplaridad y permanencia en su desempeño, ahora.cu le propuso desgranar sus vivencias, para en su figura, felicitar a hombres y mujeres que trabajan a diario en la institución holguinera, que este noviembre arriba a su aniversario 40

 

 

Entre procesos de rendición de cuenta, planes de remozamiento constructivo en el territorio o dar respuesta a la ciudadanía, él casi pasa desapercibido. Quizás por esa costumbre suya de mencionar primero los méritos ajenos o de elogiar siempre la capacidad y el compromiso de otros para con la sociedad.

 

No obstante, comedido, de hablar bajo y pausado, aplica a diario -desde hace más de tres décadas- las fórmulas de la devoción y el respeto en su quehacer. Sin esperarlo y con una serenidad mal disimulada, acepta dialogar sobre su experiencia a partir de un “aguacero” de preguntas que, por modestia, nunca imaginó para sí.

 

Fundador de los órganos de gobierno, Ramón García Rodríguez trabaja como mensajero en el Poder Popular del municipio de Holguín, importante engranaje que asegura la vida interna de esta institución administrativa. Sus 74 inviernos no lo hacen olvidar aquel 1976 que removió al país en materia de institucionalización y entregó al pueblo una estructura sólida, la cual este noviembre arriba orgullosa a su cumpleaños 40.

 

“Fue un periodo histórico en nuestra Isla. Durante muchos meses se trabajó fuerte para aprobar una nueva Constitución y desarrollar, con la experiencia de la provincia de Matanzas, la elección de delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, los presidentes y vicepresidentes, además de los nominados a nuestro Parlamento.

 

“Empecé en el gobierno de inmediato y me enamoré de este trabajo. Antes de iniciar me desempeñé como gastronómico e incluso hice 'mis cosas' como ayudante de mecánico. Y, ¿mírame ahora? No imagino mi vida fuera del Poder Popular”, confiesa.

 

Sin bochorno sus ojos se humedecen, respira y continua. “Mi trabajo solo me aporta satisfacciones. No tengo descanso, ni horarios, dondequiera que me necesiten voy. Aquí he sido útil, muchos me aprecian y reconocen mi labor, que es lo más importante. Nunca me han sancionado”.

 

- ¿Qué hace usted como mensajero?

“Llevo la correspondencia, citaciones a las empresas y organismos que responden a la Asamblea Municipal, etcétera”.

 

- ¿En qué medio de transporte realiza esas funciones?

 

“En mi pequeña bicicleta 20, periodista”. Responde firme y pienso enseguida que a sus años eso de andar cientos de kilómetros diarios en su singular “Rocinante”, está cerca de un récord Guinnes. Pero no da margen a las dudas y alega: “Tengo potencia todavía para servir a mi gente. Aún no pienso en el retiro, más ahora cuando observo un Holguín tan lindo, con parques rejuvenecidos, con obras nuevas. Me alienta el saber que yo contribuyo desde mi puesto a que la ciudad esté así, espléndida”.

 

Su “hoja de ruta” se ensancha, porque su vida guarda de igual modo vítores y emociones como la distinción Enrique Hart, entregada por la ejemplaridad y permanencia en su desempeño o el reconocimiento recibido el pasado día 2 en la Asamblea Solemne por el nuevo aniversario de la constitución de los órganos locales de Gobierno, donde hicieron mención a su tesón, a su compromiso con esta obra grande que es la Revolución.

 

Mas Ramón asegura que los resultados alcanzados se deben también a haber contado con el apoyo de compañeros muy profesionales, consagrados y disciplinados, que no escatiman tiempo ni recursos por el bienestar del pueblo y que los estímulos no son almohada para recostar la cabeza, sino aguijón y espuela para continuar en el camino correcto.

 

- Pasiones…

 

“Ya le decía la primera gran pasión, el Poder Popular, que es como si fuera mi casa. Después de mi trabajo, como no soy un hombre de estudios porque desde pequeño mis hermanos y yo (siete en total) tuvimos que trabajar, me apasiona estar informado, tanto de lo que acontece dentro, como fuera de Cuba. Soy un devorador constante de las noticias”.

 

Entonces reflexiona acerca de la situación en Venezuela, incluso sobre el ascenso a la Casa Blanca del candidato republicano Donald Trump, quien ganó las elecciones presidenciales de los EE.UU este 8 de noviembre, y repasa la posición del mandatario con respecto al “Caimán” y lo vital de que los cubanos tengamos las cosas claras con “este señor que trae cuchillos en la boca”.

 

Cierra los ojos un instante y señala rotundo: “¡Qué distinto nuestro sistema! Contar con un representante directo es maravilloso. Los delegados no lo conocemos por las campañas presidenciales, los conocemos de la bodega, de que se montan con nosotros en la guagua. Eso hace que sean personas cercanas y no rostros en una pancarta. Hombres y mujeres que trabajan por nuestros problemas, que son los propios, y no por los de una minoría. Puede representarnos un chofer, una ama de casa, un cuentapropista, no solo los directivos”.

 

Mientras conversamos, en la gran casona colonial que cobija a la Asamblea Municipal de Holguín, no faltan los saludos de sus colegas, la palmada en el hombro o el comentario elogioso para este hombre que, sencillamente, día a día, sin perseguir fama, gloria ni agradecimiento, hace bien lo que le toca. “No falta a su jornada laboral, nunca llega tarde, ni es de los que pierden tiempo”, aseguran sus compañeros.

 

- Los órganos de gobierno surgieron en circunstancias distintas a las actuales, ¿qué desafíos tienen ahora por delante?

 

“Seguir trabajando con sentido de pertenencia, sobre todo con la juventud, con los que no vivieron el pasado, pero que están llamados a no manchar la historia. El reto es hacerlo sin frases hechas y con acciones reales. Por otro lado, cada cubano tiene que poner su granito de arena para ayudar a la Revolución, al Partido, a partir del trabajo honrado y un compromiso gigante.

 

“De igual forma, si geográficamente la sede del gobierno está en el corazón de la ciudad, calle Agramonte, entre Libertad y Maceo, entonces la motivación también debe ser esa, estar en el corazón de la gente, escuchar sus criterios, sus problemas y en la medida que se pueda tratar de solucionarlos, porque el Poder es de todos”.

 

Ramón se zambulle en la vorágine de la vida laboral, en ese torbellino cotidiano de tareas por cumplir. Sin embargo, una idea persiste en mi cabeza: si bien nadie puede considerarse imprescindible, no hay dudas que sin hombres como él, la obra que edificamos sería inacabada y deficiente.


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