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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 22 Jul 2017 - 01:03

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Yosvani Aragón: “El equipo destacó por la disposición y la disciplina”

cuba_clasico.jpgConcluyó el IV Clásico Mundial de Béisbol, pero el desempeño de Cuba, séptima entre 16 elencos, es todavía un tema de actualidad entre sus millones de seguidores.

Por eso JIT fue al encuentro del director nacional de ese deporte, Yosvani Aragón, quien respondió no pocas interrogantes que solo resumen algunos de los muchos temas factibles de aparecer en cualquier intercambio al respecto.

¿Cuál resultaría su primer comentario?

Es imprescindible comenzar por reconocer que independientemente de la insatisfacción que siempre provoca ganar dos partidos y perder cuatro, el equipo destacó por la disposición y la disciplina con que enfrentó toda la preparación y cada uno de los juegos, e insistir en lo difícil que resulta chocar con un nivel superior al que se enfrenta de manera cotidiana.

¿Pasar a la segunda ronda significó dar por cumplido el compromiso?

Fue el propósito que siempre identificamos como paso inicial, y consideramos que satisfacerlo constituyó algo importante, porque implicó responder a no pocas exigencias. Pero eso no quiere decir que renunciáramos de antemano a la siguiente etapa, y así se demostró sobre el terreno, más allá de un resultado tan adverso como el sufrido contra Holanda, que por cierto no nos convirtió en el único equipo al que le sucediera durante el evento.

¿Qué factores fueron identificados como necesitados de corrección?

Se logró promedio ofensivo de .284, pero no hay dudas de que carecimos de bateo oportuno con corredores en posición anotadora. Faltó concentración para lograr mejores índices de efectividad contra lanzadores zurdos y se evidenciaron deficiencias con los lanzamientos de rompimientos del centro de home a la zona baja, hacia fuera y contra el piso en conteos desfavorables.

A la defensa, ¿qué explica el 965?

Bajos niveles de anticipación para neutralizar la ofensiva del contrario, lentitud en el desplazamiento hacia los jardines al momento de fildear y tirar a las bases, y dificultades con los lances al cortador.

Queda el pitcheo, con alto 5,69 de promedio de carreras limpias…

Todos pudimos apreciar serios problemas con la localización de los lanzamientos en la zona de strike, pocos envíos por dentro, desatención a los hombres en bases y exceso de tiempo para deshacerse de la bola, así como lo difícil que resultó resolver la situación después de colocar a los bateadores en dos strikes y dos outs.

¿Hay calidad para más?

Indudablemente se cometieron errores que no se corresponden con el verdadero nivel de sus protagonistas, y un juego como el perdido contra Japón pudo terminar de otra forma. Sin embargo, no podemos desconocer que de manera general enfrentamos una concentración de fuerza que demanda herramientas que no siempre estuvieron a nuestro alcance.

A propósito de herramientas, ¿dispusieron de las necesarias para el estudio de contrarios?

Además de los análisis estadísticos y otros criterios previamente reunidos, el colectivo técnico desarrolló su labor de observación y contó con material procesado por un grupo de expertos reunidos en el Centro de Investigación del Deporte Cubano (CIDC), donde estuvieron al tanto de las transmisiones televisivas y otros elementos gestionados vía Internet. No obstante, se trata de un campo aún requerido de más espacio.

¿Creció el interés de la liga japonesa por atletas cubanos?

Categóricamente sí. Aunque se trata de acercamientos iniciales podemos asegurar que al menos cinco de nuestros jugadores provocaron que diferentes equipos manifestaran voluntad de contar con ellos, con independencia de Despaigne, Raydel Martínez y Leonardo Urgellés, ya firmados para la próxima temporada.

¿Cómo mirar hacia la posible inclusión en el equipo Cuba de jugadores radicados fuera de la isla?

Cualquier análisis al respecto debe partir de la reiteración de realidades que incluyen desde posiciones de principios hasta las características de nuestro régimen de participación deportiva.

Comencemos entonces…

Lo primero sería recordar que el entramado legal en que se sustenta el bloqueo, mantenido durante más de 50 años por las administraciones estadounidenses, prohíbe a los peloteros cubanos negociar con las Grandes Ligas en las mismas condiciones que lo hacen los de cualquier otro país.

Quiere decir que para ingresar a ese circuito nuestros peloteros tienen que renunciar, entre otras cosas, a la residencia en la isla, lo que implica dejar de formar parte de nuestro movimiento deportivo y hasta implicarse en episodios relacionados con el tráfico de personas y otras acciones ilegales.

Esa absurda política, además de alentar las deserciones, desconoce la inversión realizada por el Estado en su formación.

O sea, en el ámbito ético, aceptar a jugadores cubanos que militan en la MLB sería validar su presencia en una liga a la que le está negada la posibilidad de relacionarse plenamente con nuestro béisbol, aun cuando hemos mostrado disposición a vincularnos a ella a partir de lo establecido para la contratación de nuestros atletas en el exterior.

Eso sin olvidar que tales limitaciones también impiden que accedamos por la vía natural a los circuitos del Caribe o recibamos los premios de que son merecedores nuestros atletas, como sucedió en el primer Clásico Mundial, por solo citar un ejemplo.

¿Entonces el no es definitivo?

Lo inicial sería resolver las trabas que condicionan un trato discriminatorio hacia nosotros, para después pensar en la posibilidad de cualquier valoración puntual, siempre dejando claro que no habrá concesiones que impliquen abrir las puertas a quienes negaron a su país o abandonaron delegaciones que contaban con sus esfuerzos.

¿Es ese un tema de conversación con MLB?

El propio comisionado Rob Manfred confirmó durante el Clásico Mundial que las negociaciones con nuestra federación continúan, e incluyen entre sus principales temas la libre circulación de jugadores cubanos hacia las Grandes Ligas y la posibilidad de que regresen a Cuba fuera de temporada, pero sabemos que se trata de un camino lleno de obstáculos inherentes a la posición del gobierno de los Estados Unidos.

¿Cuál sería entonces un “equipo unificado”?

El que pudiera reunir a atletas que jueguen en cualquier liga que no imponga condiciones absurdas y permita conciliar sus intereses y los del país, como sucede con Alfredo Despaigne. Estamos conscientes de que la normalización de las relaciones con la MLB pudiera llevarnos a la revisión de los conceptos de elegibilidad, asumiendo que no siempre los jugadores podrán pasar por nuestro torneo, pero entonces la situación sería otra. Además hay que tener en cuenta que los equipos de grandes ligas admiten o no la incursión de sus jugadores en eventos como el propio clásico, tal como demostraron sus cuatro ediciones.

¿El mayor reto?

No puede ser otro que trabajar más y con mayor intencionalidad desde la ciencia y la técnica, dando prioridad a la formación desde las categorías pequeñas, sumando a todo el que esté en condiciones de aportar y abriéndonos no solo a adelantos y métodos que son parte de la contemporaneidad, sino también al rigor y la profesionalidad en todos los órdenes.

(Tomado de Jit)


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