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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 22 Sep 2017 - 16:55

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IV Clásico Mundial de Béisbol
Estados Unidos enfrentará a Puerto Rico en la final

C7fuKkaW0AE5lPZ.jpgAnte una constante llovizna que prácticamente no dio tregua en el Dodger Stadium, el equipo de Estados Unidos logró en la cuarta edición del Clásico Mundial de Béisbol lo que quiso lograr desde la inauguración de estos certámenes: llegar a la final para discutir la corona. Tal vez con un conjunto no tan impresionante en materia de roster como el del WBC de 2006, los norteños lograron tomar venganza de la semifinal de 2009 y vencer a Japón, el cuadro más estable de estos certámenes, por cerrado marcador de 2–1.

Estados Unidos 2, Japón 1
Por vez primera, están en la disputa por el título, luego de haber sido eliminados en 2006 por México, caer en la semifinal de 2009 ante Japón y sucumbir ante Puerto Rico — sus rivales de esta noche — en la ronda de doble eliminación en 2013. El evento que organizaron con el objetivo de mostrar al mundo las potencialidades de la Major League Baseball y a la vez utilizar como vitrina para poder observar cómo se desempeña el talento “desconocido” del mundo (dígase Cuba, Japón, Taipéi de China o Corea del Sur) ante el de grandes ligas, finalmente los tiene como inquilinos de la final.

Jim Leyland acaba de lograr lo que no pudieron Buck Martínez, el “brujo” Davey Johnson o el mismísimo “Mr. T”, Joe Torre: jugar el último partido de la competencia. Dar un pronóstico es bien difícil, algo que no puede hacerse a la ligera, sobre todo porque se ha demostrado que en el béisbol no se puede anticipar mucho el resultado, y porque si bien Puerto Rico ha sido por mucho el mejor conjunto de la competencia, Estados Unidos ha ido de menos a más y ha aprovechado en condiciones las brechas que les han dejado sus rivales.

En su empeño, recibieron ayuda de una defensa japonesa que se mostró contradictoriamente dubitativa, costando carreras en ambos casos, con fallas casi imperdonables de hombres tan seguros como Ryosuke Kikuchi y Nobuhiro Matsuda. El pitcheo nipón volvió a dar clases de destreza, pero maniatados a la ofensiva por los serpentineros norteños, más los ya mencionados percances a la defensa, favorecieron enormemente al Team USA.

Los abridores Tanner Roark y Tomoyuki Sugano salieron con tranquilidad, muy diferente a como lo habían hecho los de los equipos de la semifinal anterior, y el partido se mantuvo igualado a cero hasta que en el cuarto inning Ryosuke Kikuchi cometió error de dos bases sobre una dura rolata de Christian Yelich, pese a haber estado jugando bien por detrás en la hierba exterior. Dos bateadores más tarde, Andrew McCutchen conectó indiscutible hacia el jardín izquierdo que abrió las puertas del plato al corredor de segunda y puso el partido 1–0 a favor de los anfitriones.

Roark se marchó después de cuatro entradas, y en el sexto, el propio Kikuchi expió sus culpas al conectar vuelacercas hacia la banda opuesta por encima del guante de ‘Cutch’, que estuvo a punto de realizar un engarce espectacular. Esto decretó la salida de Jones, y la entrada del dominante Andrew Miller, que cerró la puerta a los nipones, antes de dar paso al ganador Sam Dyson, Mark Melancon, Pat Neshek y Luke Gregerson — salvador del encuentro.

En el octavo, la defensa japonesa volvió a hacer aguas — aunque no se apuntó error alguno — , y de manera costosa. Después del ponche a Giancarlo Stanton, Brandon Crawford conectó indiscutible al derecho y llegó a tercera por doble al izquierdo de Ian Kinsler. Con el infield por dentro, Adam Jones pegó una rolata de frente al tercera base Nobuhiro Matsuda, quien pese a tener el out casi seguro en el plato, hizo malabares con la pelota (lo cual provocó que se demorara y dio tiempo a Crawford a pisar la goma) y tuvo que tirar a la inicial para lograr el out. Christian Yelich tomó ponche para terminar la entrada. Kodai Senga, autor de cinco ponches en dos episodios, encajó esta carrera, que por demás fue limpia, y fue sancionado con la derrota.

Los lanzadores nipones recetaron una docena de píldoras amargas: seis del abridor Sugano, cinco de Senga y una de Yoshihisa Hirano… y el cuarto bate norteño Nolan Arenado pagó todas las culpas, al no poner la bola en circulación ni una vez con cuatro ponches en igual cantidad de viajes al plato, y solamente Kinsler y Crawford se libraron de beber café. En una ofensiva más dominada que repartida, solamente pegaron extra-bases Kinsler y Eric Hosmer, ambos biangulares. Japón tampoco pudo hacer gala de mucho bateo, pues con seis ponches y cuatro imparables (solamente el jonrón de Kikuchi de más de una base) no se habría podido hacer mucho más.

En realidad, fue un excelente partido, marcado por el pitcheo, y al igual que en la primera semifinal, el equipo que menos fallos tuvo fue el que se llevó el gato al agua. Nuevamente quedan melladas las katanas japonesas, y oficialmente quedan ubicados en el tercer puesto, con solo los dos primeros por definirse.

(Tomado de Universo Béisbol)


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