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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 24 May 2013 - 09:21
En cada pedacito de la emisora, ahí estaré…

vilma1.jpgNo puedo escribir de Vilma Pérez de Aguiar como de cualquier otro entrevistado, pues tanta admiración hacia ella me impide hacerlo con toda la objetividad periodística.
 

No recuerdo exactamente cuándo la conocí. Fue en el café Tres Lucías, de la mano de otro necesario, el promotor cultural Joaquín Osorio. De esa ocasión, después de percatarme que Vilma es una de las mujeres más elegantes que recorren nuestras calles, lo primero que me llega a la mente es la fuerza de sus manos y la sonrisa cómplice de cada mirada.

Hace mucho le debía esta entrevista. Quería grabar lo que habíamos hablado en varias ocasiones, pero la rutina me impedía visitar la “casa de papel”, como le decimos los amigos a su apartamento, y le expresaba: “Pronto, Vilma, pronto iré”.
Pero una de estas mañanas de julio nos aparecimos a cumplir la vieja deuda. Allí, en el cuarto piso de uno de los edificios del reparto Nuevo Holguín, y entre pequeños tragos de ron y añoranzas por tiempos que no han de volver, comenzó la historia de esta entrevista.
“En realidad me llamo Vilma Idelisa Pérez Anazco, Aguiar es mi apellido artístico. Nací el 14 de febrero de 1927, aquí en Holguín, por lo que soy holguinera completamente. Imagínate, qué privilegio para los enamorados, celebran su fecha el mismo día de mi cumpleaños; yo era pequeñita, pero recuerdo cuando me preguntaron si estaba de acuerdo, y yo respondí que sí, cómo no estarlo”, comenta sonriendo, “pues siempre he sido así, bromista”.
“Mis padres eran Cándido Pérez Anazco e Inocencia Anazco y vivíamos en lo que comenzaba a ser el reparto Pueblo Nuevo. De esa época recuerdo que la vida era muy agradable y tranquila; salíamos un grupo de amigas al parque, al cine, al teatro…”
“Llegué al ambiente de la radio, que es parte de mi vida o la vida entera, cuando cursaba los primeros estudios. Tenía…, te puedes imaginar, por la edad que tengo ahora; era chiquitica. Nos llevaron a la CMKF donde recité un poema de José Martí, A mi madre querida: “Madre querida, madre del alma…” en el programa El abuelito y sus nietos, y así empecé en la radio”.
“Luego seguí vinculándome por las actividades del colegio, teníamos 13 o 14 años. Pero fue en 1941 cuando llegué definitivamente a la CMKO, llevada por Celina Toranzo y Haydée Lavernia, dos personas muy queridas en ese ambiente juvenil que teníamos entonces. Ahí conocí a Manuel Angulo Farrán y recité; entonces ellas me llevaron a la CMKF y también recité ese día, y creo que a partir de aquel momento se quedó Vilma en ese ambiente, pues cuando no era en la CMKF, hacíamos algo en la CMKO, bajo el calor y estímulo de Angulo”.
“Cuando nació el cuadro dramático éramos un grupo de amigos que le tomamos amor a esas actividades, pero luego creció el dramático; después surgió Radio Holguín en 1951, y bueno, hasta hoy…”
“Entre las cosas que no olvido está el programa Mensajes para su hogar, yo misma lo escribía, preparaba y daba vida, llegó a durar 10 años. También La Holguinera, un dramático de los ´50, El tránsito y usted, Hablando de Cultura y Domingo Lírico, con mi siempre querido Raúl Camayd”.
“Aunque si me quedo con uno prefiero el infantil Fiesta de colores, del que fui fundadora y por el que me recuerdan muchas personas. Los niños son mi mundo, llego a ellos porque los siento míos. Tengo tres o cuatro canciones que hice con el corazón:”Dame la mano, mi niño; dame la mano, mi amor, que cuando andamos por la calle hay que tener precaución”.
“Entonces llegó una orden para jubilar a las personas que llevábamos mucho tiempo en la radio, fue un duro golpe, pues aun muchos estábamos en plenas capacidades y la radio es mi vida…, aunque la CMKO sigue siendo mi casa grande y ellos son mis muchachos y las muchachitas, mis muchachitas…”
Vilma tuvo dos hijos con su esposo Justo Aguiar Suñol: Dulce Inocencia, profesora de Ballet, y Justo, arquitecto del Proyecto Imagen y Premio de la Ciudad. Rodeada de recuerdos prefiere no hablar de cosas tristes, pero no puede evitar las lágrimas por los familiares y amigos que ya no están: Celina, Haydée, Justo, el Maestro Camayd, su “hermana Lalita Curbelo” y Angulo Farrán, “Manolo, aquella persona maravillosa, atenta, hombre que todo lo hacía para entregárselo al pueblo y jamás mereció un final tan triste, indignante para el pueblo holguinero”.
Vive entre papeles, fotos, revistas, recortes de prensa, libros, desde las Obras Completas de Martí y el Che, Guanche, Gorki, la Loynaz, Lorca… hasta completar cientos de textos; ahí está, sin dudas, parte de nuestra historia, materiales ideales para la creación de un museo de la radio holguinera, uno de los sueños de Vilma. Esa es su “casa de papel”, donde cuelgan muchas distinciones y reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de la Radio, Por la Obra de Toda la Vida, en el 2006. ”No lo creía, por poco me mata, me muero del corazón, cómo me iba a imaginar semejante cosa, extraordinaria, linda, maravillosa”.
“El cariño del pueblo es lo más importante para un artista, pues sale del corazón y yo lo menos que puedo hacer es querer al pueblo, ya que no tengo cómo pagarle, aunque eso no se paga, sencillamente no se paga, el es mi gran familia…no puedo negarle mi gratitud a la vida que me ha dado tanto”.
“Sobre la radio actual creo que el futuro está en nuestros jóvenes realizadores. Un programa necesita calor, si no no llega a ninguna parte, y eso lleva tiempo y sacrificio; es mejor sacrificarse un poco y que las cosas salgan como deben salir, pensando siempre en el oyente, que es nuestra meta.”
“Hoy, aunque me duelen las piernas de vez en cuando, no puedo dejar de ir a los lugares que me dan vida. Me digo, voy a salir, y salgo; por lo menos me mantengo con deseos de vivir. No puedo dejar mi mundo, la radio, ese es mi mundo, en cada pedacito de ella, de la emisora, está Vilma, siempre lo estará”.

Fotos: Pablo Galafat
 


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