/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 18 Nov 2017 - 23:00

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Relación escuela-familia: ¿Enemigas íntimas?

Relacion-escuela-familiaok-1.jpgMuchos señalan que irreverencia e indisciplina caracterizan a buena parte de los niños y adolescentes de hoy. ¿Ha cambiado el papel de la familia en la educación de sus hijos? ¿Qué problemáticas enfrenta el sistema educacional en la formación de los cubanos? ¿Cómo afrontar los desafíos que impone el contexto social en pos de ciudadanos más responsables y con un comportamiento cívico mejor?

–¿Qué me están velando ustedes? -dice la maestra a unos alumnos que no distinguimos, por lo alto de la ventana abierta–. ¡No me velen –repite–, que estos no son mis funerales!

–¿Están en prueba? –indago con la docente de guardia mientras toma los datos para dejarnos entrar a la Secundaria Dagoberto Sanfield.

–No, es que ellos nos vigilan para fugarse -responde con naturalidad–. Aquí es frecuente que los muchachos se escapen y tomen su “rumbo”.

No dije más. Pretendía que los gestos no delatasen nuestra búsqueda, pero llamaba la atención que sin preguntar todavía demasiado, la verdad se abriese paso para que chocásemos con las pruebas que están al alcance de la vista de cualquier ciudadano común.

Relacion-escuela-familiaok-2.jpgEstudiantes que abandonan las instituciones docentes antes de tiempo y sin la debida autorización, inasistencia a clases, incumplimiento de los deberes escolares, incorrecto uso del uniforme, agresividad, irrespeto a los profesores y mal comportamiento dentro y fuera de las escuelas, son algunas de las situaciones que han tomado auge en las dos últimas décadas.

Para muchos, la causa está en el deterioro de los valores tradicionales, a raíz del Período Especial. Otros alegan que la juventud es menos responsable y más disoluta. Pero ¿cuál será el verdadero catalizador de tales problemáticas? ¿Será que la escuela ha perdido protagonismo y autoridad en la sociedad cubana? ¿Será que a la familia se le han ido de las manos las riendas de sus hijos? ¿Acaso esta juventud es resultado de los días que corren?

“Antes uno le hablaba a un muchacho y te escuchaba. Los niños tenían miedo de que les dieran una queja a los padres o les ‘mancharan’ el expediente. Hoy tienen DVD, computadora, televisor; pero hábleles para que usted vea”, dice Migdalia Bermúdez, maestra jubilada de 74 años.

“No hay quien camine cerca de alguna secundaria o preuniversitario a la hora de la salida, o viaje al lado de esos muchachos en una guagua. No respetan a nadie, vociferan y empujan”, se queja Antonio Domínguez.

LA PALABRA DEL MAESTRO

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Con el fin de dilucidar las principales aristas de tal problemática, este equipo de ¡ahora! visitó diversas escuelas de primaria y secundaria del municipio de Holguín.

“La familia no le da a la escuela la importancia que tiene en estos momentos. En el seminternado el padre trabaja y viene poco ala escuela, pero eso no impide que se preocupe por el rendimiento académico, la disciplina,los deberes escolares. Algunos ni vienen aunque se les mande a buscar”, asegura AdysMagaña, directora del seminternado (S/I) Ronald Andalia.

“Los padres son muy ‘apañadores’. No les enseñan a sus hijos a trabajar desde pequeños y eso los vuelve holgazanes, creen que se lo merecen todo. El maestro tiene que enseñarle al padre y al muchacho”, advierte Sinesio Aguilera, con 45 años de experiencia en Educación.

En tanto, Maikel Morales, director de laEscuela Primaria Nicolás Guillén, aborda otraarista: “Debido a la dependencia de los alumnos de sus padres, algunos no crean habilidades: les preparan la mochila y prácticamente les hacen las tareas”.

“Al darles la razón a los niños, la familia le quita autoridad al maestro. Antes los padres eran implacables cuando algo sucedía en la escuela”, precisa Alexis Pérez, director de la Escuela Primaria Lucía Íñiguez.

“A veces el padre viene predispuesto: ‘a mí no me van a regañar por tu culpa’. Entonces busca qué hizo mal ese maestro. Al final, el niño feliz, porque no se llega a un acuerdo”, dice Sarah Patiño, psicopedagoga del S/I Ronald Andalia.

En la ESBU Alberto Sosa encontramos un interesante estudio que permite a la dirección conocer, a través de estadísticas, cómo es la relación familia-escuela. Según ese documento, de una matrícula de mil 283 estudiantes (una de las mayores del país en esa enseñanza), las relaciones entre los padres y la institución es buena en un 67,3 por ciento, regular en un 10,8 por ciento y mala en un 21,8 por ciento. Asimismo, existen 51 casos en los cuales la familia ha perdido el control sobre el hijo y 17 estudiantes que son desatendidos por sus progenitores.

“Por desgracia, no todos los padres asisten a las reuniones y coincide que los familiares que nunca vienen son los de los estudiantes con mayores dificultades. Los maestros deben ser muy sensibles, porque no siempre un problema de conducta es tan sencillo como parece”, apunta Víctor Fernández, director de esa institución educativa.

Otras veces, la respuesta de los adultos llega a la violencia: “Hubo un padre, supuestamente con instrucción porque es médico, que intentó agredir a la maestra después de llamarlo a la reflexión sobre un problema de su niña. Si no es porque otra docente interviene, el hombre la golpea. Los padres se ponen bravos cuando anotan a sus hijos porque llegan tarde, les dicen horrores a las pioneras y no dan el nombre del estudiante”, cuenta Yasnaya Hernández, jefa de ciclo del S/I Ronald Andalia.

En busca de orientación especializada acerca del comportamiento de los padres de hoy, conversamos con la doctora Ana MaríaParra, psiquiatra infantil del Hospital Pediátrico Octavio de la Concepción de la Pedraja, quien señala entre las principales causas que provocan actitudes negativas o indisciplinas de los escolares la “mala comunicación entre padres e hijos, a veces por escaso tiempo o por el alto índice de divorcio; la disfunción familiar en la pareja; una hiperbolización de las funciones económicas de la familia. Se ‘cosifica’ el afecto, o sea, para suplir necesidades espirituales dicen ‘te quiero mucho:

toma esto o aquello’. El respeto familiar se ha resquebrajado. Cada vez existe más tolerancia en la familia ante el consumo de sustancias adictivas como el alcohol y el tabaco y esto trae trastornos como la violencia”.

En este sentido, Lisandra Montes Hechevarría, metodóloga del Ministerio de Educación, explicó a ¡ahora! durante una visita a la provincia: “La familia debe escuchar a su hijo, además de ocuparse y preocuparse por lomaterial, también debe hacerlo por la partesentimental. Hay que saber cómo piensa, quéhace, qué quiere, cómo reflexiona ante determinadas acciones, para que puedan tener unconocimiento sobre el niño o la niña. A veceseste menor, que no llega a tener un trastornode la conducta, pero tiene alteraciones en el comportamiento, busca ser el centro de laatención porque no es atendido en su casa ycarece de afecto”.

Las Escuelas de Educación Familiar son una alternativa para preparar a los padres con el fin de solucionar las problemáticas de los educandosde la mejor manera y orientarlos acerca de conductas inadecuadas dentro del hogar. Sin embargo, aunque muchos se refieren a la necesidad deconsolidar ese espacio de diálogo entre la escuela y los familiares, otros alegan que es “una reunión como otra cualquiera, solo para dar quejas o pedir ayuda”, o que no saben de qué tratan “porque yo nunca voy: la que va es la mamá”.

Elizabeth López, subdirectora de Educación Provincial, señala que en ese tipo de espacios “el maestro debe tener un enfoque individualizado con cada una de las familias que lo requieran. Es inadecuado que se informen aspectos particulares de cada estudiante en un colectivo. Los temas se escogen según las necesidades educativas de los padres”.

DEL OTRO LADO, LA FAMILIA

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Pero la familia no calla. Ante estos señalamientos y la pregunta e por qué hoy es más visible la agresividad en niños y adolescentes, muchos padres responden con críticas hacia el sector educacional, que tampoco han de ser desestimadas.

“Sé de castigos supuestamente ejemplarizantes practicados en círculos infantiles como desnudar a los niños delante de los demás porque no hacen caso. Eso es antipedagógico y puede traumatizarlos”, dice la madre de un pequeño.

“Los maestros los cogen por una patilla, les pegan con una regla, no los dejan ir al baño para que no anden por los pasillos”, asegura otra.

“Deberían pensar mejor un regaño antes de decirlo. En la escuela de mi hijo una profesora regañó a una alumna porque le arrebató la libreta a un compañero. ‘¿Por qué haces eso?, ¡no seas fresca!’, le gritó. La niña se viró y le dijo: ‘¡Más fresca eres tú!”, cuenta la madre de un estudiante de segundo grado.

“A mi niño le han llegado a poner las manos arriba. Sé que no es de los más tranquilos pero muchos profesores responden con cocotazos, pellizcos, un golpe en el hombro... Se han perdido otros métodos: conversar con el alumno, interiorizar sus problemas, saber cómo está su estado psicológico”, opina un padre cuyo hijo cursa el quinto grado.

“Mi niño no quería ir a la escuela. Tuve que llevarlo al psicólogo. Después de muchos meses me enteré de que la antigua maestra le llenaba la boca de papeles a otro para que no hablara y le quitaba el cinto a un estudiante para pegarles a los indisciplinados. El mío todavía no ha querido decir qué le hizo”, cuenta una madre después de cambiar a su hijo de primaria.

“Hace poco tuve que ir a la escuela porque para cualquier cosa la maestra le decía gorda ala niña. Ya la llama por su nombre, ¡y que no lo haga así para que vea! Pero los compañeritos se lo siguen diciendo. A veces mi hija no quiere comer”, se queja otra madre.

Aunque tales anécdotas no caracterizan la generalidad de los casos en el territorio, sí preocupan actitudes de este tipo en cualquiera de las enseñanzas. La deficiente preparación demuchos docentes para enfrentar indisciplinas ycomportamientos inadecuados, el escaso amorde algunos por la profesión, así como la falta deejemplaridad en la forma de vestir y de expresarse, la orientación de tareas que nunca serevisan y la ausencia a clases, están entre las quejas más frecuentes de los encuestados.

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Para la doctora Ana María Parra, la mayor responsabilidad en la formación de las nuevas generaciones es de la familia, pero la escuela no está exenta de compromiso social al ser la institución que acoge a los educandos durante gran parte del día.

Interesados por conocer qué relación existe entre los casos de niños y adolescentes en edad escolar atendidos en consulta y la actuación de sus profesores, respondió:

“Llevamos a cabo investigaciones en las secundarias del municipio, se estudian los problemas que llegan hasta los policlínicos comunitariosy hemos detectado muchos ejemplos de malos manejos pedagógicos, entre ellos, profesores que avergüenzan a adolescentes delante del grupo; mala organización del proceso docente educativo, que ha provocado desmotivación de los estudiantes; profesores con hábitos tóxicos, hay algunos que fuman en las escuelas. Durante las entrevistas, muchos maestros han reconocido que su formación es insuficiente para ayudar a los adolescentes con problemas”.

Acerca de la responsabilidad de los educadores en cómo mejorar las relaciones de intercambio con los padres, reflexionó la subdirectora de Educación en la provincia: “Lo primero que tenemos que lograr es una adecuada comunicación con la familia a partir del ejemplo personal del maestro y del respeto que este haya sido capaz de ganarse. En la medida que seamos mejores maestros, ellos respetarán más nuestro trabajo. Utilizando la mejor forma, los métodos adecuados, buscando siempre el compromiso del hogar, alertando de las consecuencias que puede traer una determinada desatención. Hacia eso va dirigida la labor del maestro, hacia la labor preventiva”.

Por su parte, Lisandra Montes destacó: “En las Escuelas de Orientación Familiar, el maestro no debe identificar a la familia con el nombre y el apellido en público; se pueden escenificar los temas mediante obras, o utilizar textos donde se analicen las problemáticas que más incidenen un colectivo. Con ello se logrará el apoyo de la familia no solo en casos de alteraciones de la conducta sino también en el aprendizaje”.

CONDUCTAS EN CONTEXTO

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En la búsqueda por encontrar las raíces de esta problemática no puede obviarse el contexto económico-social del país. Las durascondiciones que impuso el Período Especial para la familia cubana, la dualidad monetaria, la globalización que permea constantemente a la Isla de rasgos propios de otras culturas y la crisis económica actual, son parte de la realidad nacional y algunas condicionan los intentos de la familia por encontrar alternativas para suplir las necesidades cotidianas. En medio de todo ello se debaten escuela y familia con el reto de formar los ciudadanos del presente y el futuro.

La Máster Maritza Montero, con 30 años de experiencia en el sector educacional, analizó en su investigación el cumplimiento de la función cultural-espiritual en familias de adolescentes de Secundaria y opina que “nuestro país ha sido influenciado por la sociedad de consumo. Hoy para la familia es más importante que sus hijos tengan zapatos de marca, por encima de un plato de comida. Muchos no entienden que la educación comienza desde que se nace y los hijosson el resultado de sus padres”.

En tanto, Sonia Laguna, guía base de la ESBU Dagoberto Sanfield, subraya: “Para mí, los estudiantes responden a las característicasde su época. Muchos de los nuestros son hijosde cuentapropistas, como ven que en la casahay solvencia económica, no tienen el estudio como prioridad”.

Por otro lado, Yamirka Graña, jefa de séptimo grado en la ESBU Camilo Cienfuegos, critica a los maestros que “no sienten amor porla profesión y optan por la carrera como un escape para no quedar sin estudios. Entonces, se muestran irresponsables y hasta emplean palabras inadecuadas al referirse a los estudiantes”.

Cuando se profundiza en conductas de estudiantes con problemas de indisciplina, muchas veces se encuentran carencias afectivas en el hogar, violencia intrafamiliar, alcoholismo, consumo de sustancias nocivas,delitos, ausencia o desatención filial, problemas económicos graves que inciden en lascondiciones para estudiar, alimentarse o descansar, pero también las características delas comunidades donde viven o donde estáenclavado el centro escolar condicionan actitudes de los educandos.

“Si lo que ven en sus casas o en el perímetro de la escuela son personas fumando, consumiendo alcohol o en actitudes violentas, algunos lo reproducen y esa es la lucha que lle- vamos nosotros desde la educación”, resume Víctor Fernández.

No se trata de encontrar culpables: nohace falta. Enseñar es la tarea humana más compleja por las particularidades de cada individuo y la sensibilidad que requiere. Desde el propio instante de concebir un hijo, la familia asume la obligación de satisfacer sus necesidades y formarlo como ciudadano de bien. La escuela, continuadora de la siembra que comienza en el hogar, deberá ser responsable de la mejor instrucción, pero formadora también de valores humanos y conductas responsables. Estas dos instituciones no han de verse como enemigas o antagonistas.El misterio radica en mover las piezas de tal forma, que al final de la partida gane la sociedad gracias a la estratégica alianza entre la escuela y la familia.

Fotos: Amauris Betancourt


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