/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 19 Nov 2017 - 17:47

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Dibujos en la piel

Fotos: Froilán y NogalesLa Virgen de la Caridad del Cobre, tatuada en el brazo izquierdo de Joel hace años en una prisión, cede paso ahora a un gran dragón de varios colores. En las diestras manos de un joven pintor está la responsabilidad de que el fantástico animal quede igual a aquellos representados por los antiguos.

Tatuador y tatuado están absortos en el trabajo. El primero introduce la punta de la muleta (instrumento artesanal construido con un pedazo de madera y dos finas agujas de coser) en la tinta para después llevarla a la piel de Joel, la operación la repite cientos de veces por minuto y solo es interrumpida cuando el dibujante pasa un pañito por la piel de donde brotan finos hilillos de sangre.

El segundo –aunque dice no sentir dolor- tiene fruncido el seño y resiste porque para lograr ese dragón, que desea lucir desde el pecho hasta el brazo, él necesita soportar millones de pinchazos, varias y extensas sesiones de faena y tener paciencia, toda la paciencia del mundo.

Similar escena se repetirá en el otro brazo, donde un volcán, pintado también en la cárcel, será reemplazado por un águila con alas extendidas y en posición de vuelo.

El hecho tiene lugar en el portal de la casa del pintor, quien, sentado frente a su “obra”, tiene a su alcance los útiles imprescindibles: muletas, frascos de pintura mineral de varios colores, un recipiente con agua y un pedazo de tela.

El joven artista accede a conversar conmigo, no rehúsa el tema. Es graduado de la Escuela Profesional de Pintura de Holguín y desde hace ya algún tiempo se dedica a grabar dibujos en la piel de humanos. Su primer tatuaje se lo hizo en 1994: un diablo que encontró en una portada de un disco de rock. A este le siguió otro en el antebrazo izquierdo.

Comenta que son incontables los tatuajes grandes, medianos y chicos hechos a personas de muchas provincias del país, pero de aquí son los más. Asegura que Holguín es la meca del tatuaje en Cuba y donde mejores dibujos se hacen.

“Aquí unos ocho nos dedicamos a tatuar y aunque la mayoría nos graduamos de Pintura, nuestros dibujos se diferencias por la morfología del grabado, los temas y estilos. Pero los de todos nosotros no se asemejan en nada a los que se hacen en las cárceles.

“Los tatuajes que más gustan son las águilas, dragones, tigres, serpientes, calaveras en los hombres; las mujeres escogen flores, pajaritos y otras figuras pequeñas más discretas.

“Me gusta trabajar con la muleta, porque, aunque es un instrumento rústico, con ellas se logran mejores resultados que cuando se utiliza la maquinita; de las tintas son recomendables las de origen vegetal, a pesar de usar con más frecuencia la mineral.

“Sí, el tatuaje es muy caro, porque implica tiempo, dedicación, arte y materiales costosos difíciles de conseguir; además encierra sus complejidades, según el tamaño y envergadura de la figura. El cobro depende de quién sea la persona.

“El tatuaje lo veo como una extensión del cuerpo, es como una forma distinta de disponer de nuestro cuerpo. Por otra parte es una cultura que se ha asumido y que dejó de ser solo de reos y marineros. Para mí es un fenómeno que está creciendo y toma cada vez más auge, quizá por la influencia del exterior a través de los videos, la música, películas y el turismo.

“Y a pesar de que este fenómeno tiene sus detractores, mucha gente lo asume como algo natural y te puedo decir que aquí vienen muchachos de secundaria, jineteras, ex presidiarios, universitarios y desocupados.

“¿Problemas que puede traer uno de estos dibujos? Es posible que se transmitan enfermedades como el Virus de la Inmunodeficiencia Humana y la Hepatitis B, pero particularmente yo cuido de la higiene de los instrumentos de trabajo, además, recomiendo cero sexo y alcohol en una semana y untarse aceite de cocina en el dibujo.

Alrededor de los siete días el tatuaje está curado”.

UN POCO DE HISTORIA

Según un reportaje publicado en la revista Tiempos Médicos, de julio de 1997, hay datos arqueológicos que demuestran que se conocía el tatuaje desde el Paleolítico, y culturas como la egipcia, la mesopotámica o la romana transmitían esta práctica que después fue proscrita por las tres grandes religiones monoteístas de influencia en el área mediterránea, quizá para evitar toda referencia proveniente de creencias primitivas.

A mediados del siglo XVIII fue el reencuentro del tatuaje con la cultura occidental, al ser traído desde Polinesia por los marinos de las expediciones dirigidas por el famoso capitán Cook.

De esa forma se puso de moda tal práctica entre los marinos, como símbolo de haber sufrido todo tipo de experiencias peligrosas en mares lejanos.

En Oriente, el tatuaje era empleado, según se dice, como manifestación religiosa, forma ornamental y en Japón se consideraba un distintivo de rango social.

En lo que respecta a nuestro país, esta experiencia milenaria no se sabe ciertamente cuándo llegó a la Isla, aunque algunos investigadores afirman que fueron los marinos españoles los responsables de su arribo y otros se atreven a especular sobre la posibilidad de que el tatuaje fuera notable entre los indios.

Sí, es verdad que por muchos y muchos años grabarse la piel era solo común entre presos y marinos, unos con figuras religiosas, nombres, signos y otros con fechas y elementos ornamentales.

Fue a partir de finales de la década de los 80 y principios de las del 90, cuando el tatuaje tomó fuerza y cada vez son más los que gustan de lucir adornos grabados en la piel de la cara, cuello, brazos, piernas y hasta en la cavidad bucal.

Pero aunque estos dibujos van en aumento paulatinamente entre una parte de la gente joven, no todos reaccionamos con agrado cuando una de esas personas pasa por nuestro lado.

¿EN CONTRA O A FAVOR?

Más que controvertido es este tema. Durante la realización de este trabajo conversamos con persona de uno y otro sexos, diferentes edades y profesiones. Muchos son los criterios, unos en contra y otros a favor.

Tomás integra un grupo de rock. Tiene 23 años y exhibe en su cuerpo dragones, arañas, chipojos, cangrejos, calaveras, mariposas, es incontable el número de figuras. Él se dedica a tatuar desde hace unos tres años, lo hace porque le gusta.

Esteban posee 14 tatuajes, lleva argollas en la nariz y en las orejas, reconoce que la gente se extraña al verlo y cuando pasan por su lado hablan de él.

Amelia, una joven estudiante, asegura que no quiere saber de tatuajes u otras marcas en la piel, “esta es para tenerla limpia, fresca”.

Yuliet, ama de casa, estima que “esa moda de ahora de parecer murales andantes es muy desagradable y hay quienes exageran”.

Israel, escultor: Yo, personalmente, no soy partidario de tener un grabado, aunque no dejo de reconocer que el tatuaje es una manifestación artística que podemos situarla entre las más antiguas”.

El doctor Rafael Milanés, especialista en primer grado en Cirugía Plástica y Caumatología, destacó que a su consulta asisten muchos pacientes a quitarse los tatuajes a través de tratamientos quirúrgicos, otros utilizan medios inadecuados para hacer desaparecer esas marcas, como raspárselas con sal, quemarlas con plancha caliente y otros procederes.

“Los tratamientos quirúrgicos con esos pacientes son riesgosos, son operaciones grandes con injertos de piel; son varias cirugías que quedan con secuelas horribles”.

Evelín Peña, socióloga, opina que los tatuajes son como una moda que muchos jóvenes quieren imitar, que está lejos de un hecho agresivo, sino que ahora está relacionado con un hecho artístico.

El doctor Rolando Mora, especialista con experiencia en el tratamiento de personas con Sida, explicó que el Virus de Inmunodeficiencia Humana se puede fácilmente transmitir por punciones accidentales entre un portador del VIH y una persona sana al no hacerse una esterilización correcta de los medios de trabajo y por el contacto con la sangre del infectado.

Informó que de los 41 pacientes holguineros vivos portadores del VIH, 22 tienen tatuajes de mayor o menor tamaño, es decir, que el 53,65 % de este grupo, posee un dibujo en la piel, hecho que llama a la reflexión.

Unos a favor, otros en contra, lo cierto es que en estos momentos las realizaciones cutáneas no son una práctica exclusiva de hippies, freaks, rockeros, reclusos y viajeros, sino que abarca a un universo más amplio de personas que en nuestro país han asumido este hecho como un distintivo de actualidad, de lo último, de algo novedoso.

Cuidado con esa moda que, como moda al fin, perderá actualidad y más tarde será más difícil y riesgoso desaparecer de la piel esos dibujos. Ellos sencillamente decidieron entrar en la moda, aunque muchos no sepan por qué.


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