| Cresencio Jiménez: Hombre de extraordinaria sensibilidad por la pesca |
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Por Yanela Ruiz /
yanela@ahora.cu / Martes, 06 de Julio de 2010 07:48 |
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La vista se pierde en el infinito azul de la Bahía de Nipe. Mucho ha vivido en esas aguas Cresencio Jiménez Pérez, un viejo pescador de la zona antillana. La piel quemada de salitre y sol, manos sencillas y fuertes. A sus 67 años quedan muchos bríos y deseos de trabajar. Con el índice señala las rutas de cada madrugada. NACÍ PESCADOR -Desde pequeño viví en el mar. Cuando tenía dos años, mi familia fue desalojada. Un arrendatario, llamado Alberto Domínguez, dio las tierras donde estaba mi casa, a la United Fruit Company. Entonces tuvimos que irnos para un cayito cercano al poblado. Me fragüé muy pronto en las experiencias del mar. Pasamos mucho trabajo. El agua potable y los alimentos los transportábamos en botes de vela o remo, no había motor en aquel tiempo. LA PASIÓN DE JIMÉNEZ El año pasado me faltaron 37 kilogramos para las seis toneladas. En este, aunque ya estoy por encima de las dos, no creo que tenga ese récord. Necesitaba renovar la licencia y me demoré algunos días en los trámites. Por lo general, en el mes, rondo la media tonelada, pero tiene que ver mucho con la época y la clase de pescado que abunde. PESCADOR QUE SE DUERME… NO CUMPLE -En la madrugada me alisto, desayuno y alrededor de las cinco salgo para donde está Siboney, mi bote de casi 51 años. Me acompaña mi hijo Bárbaro. Con él realizo el 90 por ciento de las actividades de pesca. Sobre la una de la tarde salimos del mar, despachamos la mercancía en la casilla La Lisa, el punto del municipio donde se acopia lo que pescamos. Y de ahí, volvemos a la casa a almorzar y descansar. A veces se sacrifica el sueño, para dormir siempre hay tiempo, el que más duerme, menos vive o se lo lleva la corriente. En Cresencio se advierte a un hombre de espíritu y disposición incalculables, amante de sus labores, de palabras sin dobleces y firmes convicciones. Le interesa mucho el cumplimiento de su deber. Es de los que no fallan y está en la primera línea. A RÍO REVUELTO GANANCIA DEL PESCADOR -Para pescar hay que aprovechar la luna, el viento, el fondo y cuando hay mucha brisa no se tira la red donde haya piedras. Los conocimientos los adquirí a través de la vida, lo que me dice la experiencia de tantos años. La entrega que hacemos a la casilla tiene una razón social y económica, por lo tanto hay que tener resultados. Tenemos un plan de 100 kilogramos mensuales y siempre tratamos de cumplirlo. Las especies más abundantes son la mojarra, el pesca´o de escama. También se cogen curbinos, macabíes, curetas, sierras, chernas, pargos…estos tres últimos valen más, lo pagan a $12.80 el kilogramo. Tenemos otras bondades en el convenio. Cada tripulante tiene derecho a 12 kilos del producto mensual. Además, la Pesca nos apoya con el combustible. Antes de la Revolución, el camarón se pescaba más, pero los vendía a dos quilos la libra. Nuestras ganancias eran ínfimas. Ahora la demanda es mayor y se paga bien. Aunque ha disminuido la presencia de estos ejemplares, el cambio climático tiene sus influencias. Las aguas son más cálidas, han desaparecido algunas especies y otras llegan nuevas a las aguas nuestras, como el pez-león, eso nunca antes se había visto por esta zona; sin embargo, los hay, he cogido algunos. Aprendí a leer y escribir con la Campaña de Alfabetización. Las condiciones de vida son incomparables. Desde el ´95 vivo en el pueblo con mi familia. CASA DE NAVEGANTES Tengo otro hijo, se llama Cresencio, como yo. Le gusta la pesca, pero tiene menos tiempo porque trabaja en Educación. Igual le pasa a mi nieto Elier, es estudiante y la oportunidad la tiene los fines de semana, todavía le falta mucha experiencia y “guayarse” más en el mar. La tradición está arraigada en la familia. Somos pescadores todos. A mi esposa le gusta y a mis dos hijas también. PURAS CURIOSIDADES Siempre pasan situaciones curiosas. A veces Siboney me ha querido dejar botado en el mar. En muchas ocasiones he pasado mal tiempo en plena pesca, lo que hago es recoger las redes y todos los implementos, y esperar a que pase, pues es peor si le das con la proa de frente. LA RECETA DE CRESENCIO Y en este instante se detiene, la brisa vuelve a dar en la cara, el sol amenaza a la piel sazonada, una sonrisa aparece para indicar que no hay mucho secreto en lo que dirá, y sin más vueltas culmina: “Para tener buenos resultados hay que dedicarse y consagrarse, ser honesto hasta con uno mismo”.
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