/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 28 May 2017 - 09:48

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Imanol Arias: “Vengo con mucho retardo a esta ciudad” (+Fotos y Video)

Imano_01.jpgFuera de la pantalla grande, Imanol Arias es tremendo personaje. El Leonardo Gamboa de la Cecilia (1981) de Humberto Solás llegó a Gibara para participar en el Festival Internacional de Cine con sede en esta ciudad y se convirtió en uno de los protagónicos.

El festival es como una película: unas tomas quedan bien, otras, no tanto. Con su natural vis cómica el gallego salvó la primera toma de la ceremonia de entrega de los Premios Lucía, en la jornada inicial del evento. En la gala hubo emoción, aplausos… Pero faltaban las estatuillas de bronce que materializaban el reconocimiento para Eslinda Núñez, Adela Legrá y la familia Benvenuto-Solás. En lo que llegaban, Imanol compartió sus historias.

“Tenía 23 años, iba a cumplir 24 cuando apareció una mañana un hombre bellísimo. No he visto una cosa igual de bella en el mundo. Me dijo con esa voz pausada, que tenía un proyecto cinematográfico para mí. Me puse nervioso y le dije: `Acabo de montar una compañía. He traído a un director inglés para dirigir Sueño de una noche de verano y tenemos vendidos cuatro meses por adelantado. Y me respondió: `¿Y? El proyecto es en Cuba´. Le dije que no entendía. `Yo estoy actuando en Madrid y el proyecto es en Cuba´. Ripostó: `No Imanol, que el proyecto sea en Cuba y que vayas a hacer Cecilia Valdes, la novela nacional cubana va a ser tan importante en tu vida que yo tú me lo plantearía´. Y así fue, hablé con la compañía y me sustituyeron.

“Me monté en un avión que echaba humo, humedad. Primero me asusté. Nunca había salido de España, nunca había montado en un avión, nunca había hecho cine. Había demasiados nunca.

“En el viaje comencé a leer el hermoso guión de muchas páginas. Como no era muy consciente del tamaño del guión yo pensé que la película era de seis horas.

En La Habana me alojaron en el Habana Libre, en el piso 15 en frente de una suite muy grande que es la 1513, para que me sintiera cerca de lo bueno. Me sentí muy privilegiado.

Al día siguiente, di un paseo con Humberto por la Plaza de la Catedral, que estuvo 8 meses atrezada del siglo XIX, del Siglo de las Luces. Los turistas que venían a disfrutar de ese espectáculo se encontraban con un actor español que no conocían, pero que en Cuba decían que era muy importante. “Todos los gallegos decían: `oye, os han traído a alguien que no es nadie´. Y Los cubanos con toda su buena intención respondían: `lo trajo Humberto Solás, este muchacho es una promesa´.

“En medio de esa diatriba le planteo a Humberto todas mis dudas y le digo: `Mira, si usted quiere, me bajo del proyecto, vuelvo a España y busca usted un actor con más experiencia´. Humberto me miró, sacó un cigarrillo sin filtro y le pregunto: `¿Fuma usted Mucho?´ y responde: `Sí, pero el tabaco cubano no hace daño´. Era su gran apuesta. Creyó en eso hasta el final.

“Luego me dijo: `Mira no solo creo que tienes que hacer esta película. A veces en el cine no es suficiente con ser buen actor. Hace falta tener de entrada algo del personaje, y tú eres criollo, eres soberbio, tienes mucho ego, ambición y harás un estupendo Leonardo. Y además tienes el pelo muy largo, cosa que me gusta. Vamos a hacer la película y te va a ir muy bien. A partir de ese momento no vas a volver a hacer teatro en mucho tiempo. Vas a hacer mucho cine. Vamos a ir al festival de Cannes. Estás un poquito verde y no vas a ganar, pero vas a ganar en Moscú´. Y gané en Moscú.

Imanol_02.jpg“Así fue la historia con Humberto. El hecho de que un actor tenga que tener unas condiciones innatas para hacer el personaje también es imputable a la actriz. La actriz perfecta, la actriz ideal…

“En Cecilia trabajé con una pareja de actrices: Eslinda Núñez y Daysi granados. Eslinda era el amor blanco de Leonrado, el amor ordenado, dirigido. Era muy fácil estar con ella en esa tesitura. El rostro de Eslinda en ese momento tenía una luz, una cosa especial que ponía a uno muy nervioso. Y además me hacía entender lo que es la diferencia de clases. Los gallegos somos todos iguales. No entendemos mucho de diferencia de clases ni de razas, porque creemos que toda la gente del mundo es igual que nosotros. Pensamos que los negros son gallegos un poco oscuros, los chinos son gallegos con sueño y que los rusos son gallegos que no se duchan.

“Daysi Granados, como todos saben, es un torbellino. Hay un término en la profesión que es yo las amé. Y también hay una frase española que sin ser ni su novio ni su amante ni su marido, yo fui uno de los que más las ha querido.

Daysi a veces tenía mucha ansiedad y comía mucho. Las costuras de los grandes vestidos que salían en la producción empezaron a generar problemas. Entonces el gran cine cubano paraba toda la producción por 15  días o un mes. El rodaje duró dos años y dos meses.

Yo tenía una habitación con un salón y una habitación al otro lado por si venía alguien más. A Daysi la colocaban en esa habitación y le ponían a un compañero del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (Icaic) a cuidarla para que no bajara al restaurante a comer o pedir algo al servicio de habitaciones. Al final el cuidador a los dos de la mañana pensaba que todos estábamos dormidos y se iva. Era marcharse él, nada más dejar el pasillo y Daysi tocaba a la puerta, y me decía: `¿dónde lo tienes?´.

“Ella por las tardes me mandaba a Coppelia para compararle 10 copitas de helado de sabores diferentes. En ese entonces Coppelia tenía 150 sabores, por lo tanto había para 15 de variedad. A esa hora entraba Daysi, se comía todo y se iba. Yo me quedaba con 10 copitas que no sabía cómo deshacerme de ella y las tiraba hacía una terracita que había debajo del piso 15. Hasta que  el director del hotel vino y me dijo: `No me llene usted eso ahí de cristales, porque eso está para algo. Además vamos a dejar a Coppelia sin copas. Le voy a dar una jabita azul para que ponga las copas. La chica que limpiaba la habitación sabía que eso tenía que ir escondido y se devolvía a Coppelia.

“Una vez se lo conté a Daysi en una cena en París y me lo negó. Nunca lo reconoció hasta hace muy poco. Esos eran los momentos de Cecilia.

“El Icaic tenía una situación con el prsupuesto. Los cineastas debían esperar su turno yy eso generaba cierta tirantez. Pero con Solás yo jamás percibí eso. Solás supo detener el rodaje por un mes para que el gallego aprendiera cómo moverse delante de las cámaras.

“Ya para terminar la anécdota graciosa: Daysi se ponía celosa cuando yo besaba al personaje de Eslinda, y entonces competían. Y me fascinaba Eslinda y me fascinaba Daysi. Tenía 24 años y estaba como un idiota. Pensé que era Marlon Brando, pensé que era Alain Delon. Porque, además, siempre me decía Humberto: “Tú eres como Alain Delon”, y yo me lo creí. Entonces en el día de la bañera con Daysi, viene Eslinda y yo me levanto con mi calzón, le doy un beso y Daysi, hasta aquí metida, que no quería salir de la espuma: “Óyeme, óyeme”. Entonces me hicieron creer que era Alain Delon, y eso ha marcado mi vida. Porque no he llegado a ser Alain Delon pero he llegado a ser Imanol Arias por estas dos mujeres.

“Para terminar, decir que vengo con mucho retardo a esta ciudad. Que tenía que haber estado aquí hace tiempo. El tiempo es relativo. El tiempo pasa lento para el que deba algo. Pasa muy rápido para el que tiene miedo. Es largo para el que tiene vergüenza. Y es muy corto para el que es feliz. Por lo tanto, este tiempo largo en que no he venido se me ha hecho muy corto, porque hoy soy muy feliz”.

 


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