Impunidad, no. Libertad de prensa, sí

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El visor apuntando a una manifestación que reclama derechos, que busca justicia. El visor apuntando a un hombre con una cámara que apunta a una manifestación que reclama derechos, que busca justicia. El dedo en el gatillo, el proyectil, la cámara, el hombre tras el visor, la verdad amenazada por la bala. Periodistas que engrosan estadísticas, voceros de la verdad que se suman a los daños colaterales en conflictos alrededor del mundo.

Como parece haber perdido valor la vida de los niños, el símbolo antes intocable de la cruz roja, la guerra no aparenta tener límites, no hay excepciones y si bien llega inerme el reportero, nada lo excluye, ya sea por petróleo o por droga, por el establecimiento de un imperio o por luchas sociales en efervescencia, por estos días, a donde vayan parecen tener una diana pintada.

Hay un riesgo claro en reportar desde las trincheras, zonas de conflicto, entre el fuego cruzado, pero a veces las calles aparentemente pacíficas, son el escenario de una guerra no declarada y decir lo que se piensa o asumir posturas, bandos, en nombre de la justicia, vuelven blancos a los reporteros.

Desde 2013 en la ONU se escogió el 2 de noviembre como Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, se explicaba la decisión porque: “Durante la última década, más de 800 periodistas han sido asesinados por cumplir con su tarea de informar al público. Es preocupante que tan sólo el 10 por ciento de estos crímenes haya concluido con una condena. La impunidad envalentona a los criminales y al mismo tiempo tiene un efecto aterrador sobre toda la sociedad, en particular, sobre los propios periodistas.
La impunidad conduce a más violencia, y se establece así un círculo vicioso.”

Pero han pasado seis años y las cifras solo han crecido exponencialmente, en una estrecha relación con la intensificación de conflictos armados en el mundo y luchas sociales en apogeo. Las muertes, amenazas y agresiones a los profesionales de los medios continúan con alarmante frecuencia. Las respuestas son igual de escasas que entonces y la impunidad…la impunidad sonríe con una mano ensangrentada en el bolsillo.

La ONU reconoce que cerca del 90 por ciento de los culpables de la muerte de mil 109 reporteros fallecidos en el mundo desde 2006 al 2018, continúan sin ser condenados.
 
Se habla de estadísticas como las que destacó en 2018 Infobae, quien usa como fuente al Comité para la Protección de los periodistas (CPJ) y expone que entre los países en los que más periodistas fueron asesinados en los últimos 25 años se cuentan Iraq, Filipina, Siria, México, Pakistán, Colombia, Rusia, India, Somalia, Argelia, Brasil, Afganistán, Bangladesh, Turquía, Tajikistán, Honduras, Bosnia, Sri Lanka, Guatemala y Ruanda.

En 2019 la Unesco reconoce que ha ocurrido un descenso en la cifra (44) de asesinatos registrados hasta el 30 del pasado mes, si se compara con los 90 que para igual fecha se contaban en 2018.

Es evidente que no basta poner una jornada, que los gobiernos deben poner en marcha estrategias más efectivas, sanciones más duras, derechos más sólidos para proteger la integridad física de los trabajadores de la prensa.
 
Author: Liset Prego Díaz
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Yo vivo de preguntar… porque saber no puede ser lujo. Esta periodista muestra la cotidiana realidad, como la percibe o la siente, trastocada quizá por un vicio de graficar las vivencias como vistas con unos particulares lentes

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