Cuidado: ¡zona VIP!

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Suena el detector de metales una y otra vez. Me dice el guardia de seguridad, con el aspecto clásico de fisicoculturista, más ancho que la entrada de la discoteca y de casi dos metros –cliché-:¡Flaco, tú si suena! ¿Metal? Caballero, ni arma blanca ni negra, por la llave de mi casa el equipito se puso gracioso y le dio por “chillar” insistentemente. Filtros por los que uno pasa. 
 
La cola esperaba y la disco“prendía”. Saqué del bolsillo hasta el menudo del P1. Sí, porque siempre hay que andar con menudo, por si pasa la confronta. Nadie sabe. Carné de identidad en mano, si no, no entras. De fondo, esta fiesta no acepta ni santas, ni finas, no lo digo yo, lo dice la canción de Yomil y El Dany, que rompe tímpanos, que “sacude” aquel sitio. Pero aquí hay de todo. La farándula se impone.

Supreme y camuflaje por doquier. Es la moda, qué le vamos a hacer. Hay universitarios, extranjeros “bien acompañados”, profesionales de todas las índoles, reparteros, adolescentes que maduran pronto, negociantes, hay, hasta modelos, y no precisamente de revistas. Aquel sitio es una mezcla de gente, y eso lo hace, puede decirse, especial.

Pero acuden, también, cada día, personas “muy importantes”, de diversas procedencias, dispuestos a pagar una zona de privilegio, un zona que los distingue de los otros, una zona superior. Sacan 50, 100, 200 CUC… Permiso: el local está reservado. Esto es VIP. El trato y el servicio, entonces, impone diferencias.

Very Important Person signica la sigla, y no es nada nuevo, que conste. Usada internacionalmente como fenómeno para acrecentar las diferencias de clases sociales, en países capitalistas es denotable, por ejemplo, en la medicina, convertida esta en un gran negocio, donde si no tienes seguro para suplir el tratamiento no eres “bienvenido”.

Vista en grandes conciertos, eventos de todo tipo: cultural, políticos, economicos, la zona VIP se acomoda y acomoda a quienes, supuestamente, se han ganado ese sello. Lo alcanzan, mayormente, artistas de primer nivel, grandes negociantes, políticos, empresarios millonarios.

En Cuba, lo VIP es frecuente en los centros y clubes nocturnos. No he de poner la lista de precios, porque eso dependerá de la naturaleza del lugar. No he de nombrar discos “especiales” o “espaciales”. No es objetivo, tampoco, arremeter contra “la persona importante”.

Si te has ganado ese puesto, por tu trabajo y esfuerzo, no le critico, si lo puedes pagar al precio que sea tampoco. Pero lo malo viene cuando clientes de esa altura se quejan, son maltratados, reciben un mal servicio. No es justo que pagues privilegios, y no te los ofrezcan. Lo malo surge, cuando algunos, se lo creen demasiado. Aclaro, no he pagado nunca por este “acceso limitado”.

Alrededor de esta zona se crea todo misterio. Se refuerza la seguridad, se se traza una línea divisoria y tenga mucho cuidado, que no puede pasar si no asume su tarifa. Al final, se baila con la misma música, se disfruta el mismo show… Al final, algunos pagan y luego se mezclan con la multitud. Al final, algunos, sin credenciales, se cuelan. Al final, no es más que una cara distinción, una billetera llena, 15 cadenas de acero quirúrgico. Ya lo dije, la farándula se impone. La disco todavía “suda” y nosotros, fuera de zona, somos pura energía.
 
 
Author: Jorge Suñol Robles
Periodista, hasta cuando duermo. Escribo porque las palabras pueden construir caminos y describir realidades, pueden cambiar el mundo. Melómano excesivo. Cubano, de pies a cabeza.
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