Cuidar lo nuestro, lo de todos

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Cafetería Las Tres Lucías / Fotos: Carlos Rafael y Alexis del Toro
 
Hace algunos años tanto en la provincia como en toda Cuba está en marcha un conjunto de reparaciones y construcciones nuevas con el fin de revitalizar el estado de muchas edificaciones, favorecer la prestación de servicios y mejorar la calidad de vida de los cubanos.

Precisamente, por mi trabajo de reportera asistí al corte de cinta y reapertura de muchas de estas instalaciones en el territorio holguinero, desde una bodega en el Consejo Popular Los Negritos, municipio de Banes; un restaurante en “Frank País”, una mini terminal en “Calixto García” y otras más que fueron entregadas a la población para su uso y disfrute.

El Gobierno invirtió miles de pesos para la ejecución de esas obras de gran beneficio social, que si bien algunas no tuvieron la calidad y terminación ansiada, todas sí lograron gran impacto en sus respectivos territorios y fueron recibidas con beneplácito y muchos agradecimientos del pueblo en general

Así puede leerse en los comentarios realizados por los internautas a los trabajos publicados en el sitio web del periódico ¡ahora!, pero sin dudas nos ha llamado poderosamente la atención la exhortación recurrente de los foristas a proteger y mantener lo que con tanto sacrificio se hizo en bien de todos y para que pasados pocos meses no haya que lamentarse por el cierre o deterioro de una instalación por actitudes irresponsables.

En esta semana tras la inauguración del acogedor y funcional Centro de Información y Atención a familiares de pacientes en estado grave del Hospital “Lenin” un lector nos envío un correo electrónico que el cual nos decía que “es necesario que el pueblo, principal beneficiado de este salón, cuide todo lo hecho, pues no es menos cierto que una de las razones del deterioro de las redes hidro sanitarias es el vertimiento de restos de comidas, papeles, almohadillas sanitarias y otros por lavamanos y tazas sanitarias (…)”.

A Karel, autor de ese reclamo, le asiste toda la razón. Durante unos días de acompañante de una paciente ingresada en esa institución en más de una ocasión fuimos testigos de esas y otras muchas acciones que ponen entre dicho las buenas costumbres y educación de algunos imposibilitados de vivir en comunidad.

Pienso que a nadie se le ocurriría en su casa echar los restos de comida de platos y cacharras por el lavamanos o la taza sanitaria; subirse en el borde del inodoro o arrojar en él desechos; dejar que alguien vaya y le lleve el interruptor de la sala o latiguillo del baño; como tampoco permitir que embarren la pared recién pintada y otros tantos desmanes que habitualmente nos topamos en una sala de hospitalización o en otros establecimientos estatales.

Es, quizá, una incongruencia: ¿orden y limpieza solo en casa? Aunque por mucho que nos duela, hay que reconocer, también, que existen personas que no saben lo que significan esas palabras.

Entonces se me ocurren varias interrogantes: ¿se han perdido los buenos modales? ¿Por qué no somos capaces de cuidar lo estatal como mismo hacemos con lo propio? ¿dónde está el control?

En sus líneas, Karel, agregaba, además, otras acciones que no se le deben adjudicar solamente a algunos enfermos y familiares, y que ocurren en otras unidades no asistenciales como el robo de tomacorrientes, grifos de agua, cubiertos, vasos, servilletas y en fin, una lista muy larga.

Por lo cual es “normal” que al año de abrir alguno de estos espacios y acudir allí la imagen no sea la misma.
 
Paradójicamente, muchos de los aquejados por el deterioro de la instalación, la falta de recursos y otros sinsabores fueron los que desde un inicio no la supieron preservar.

Y así comienza un ciclo intervenciones, que nada tiene que ver con el mantenimiento, que socava el presupuesto destinado a otros proyectos igual de importantes y necesarios.

No sé si algunos de ustedes recuerda que desde este mismo escenario muchos se lamentaron que a la semana de una de las reaperturas de la cafetería Las Tres Lucía, ya habían sustraído ilegalmente la pila del lavabo; sin embargo, más doloroso para mí fue ver como al día siguiente de finalizada la reparación del círculo infantil Los Mambisitos, una de sus tapia ostentaba un largo camino hecho con un crayón.

Pienso que es necesario, el contexto lo pide, dejar de pasar la mano ante estas “malas costumbres”, llamarlo así sería un eufemismo, son, más bien, maltrato a la propiedad pública, robo, delito y como tal debemos tratarlo.

Cada día llamamos a incentivar la formación de valores en la casa y la escuela; sin embargo, los problemas se repiten una y otra vez, por lo que es hora de hacer valer nuestras leyes para enfrentar y erradicar esas infracciones, pues está comprobado que con la conciencia no basta.

Nosotros como entes de esta sociedad que aspira a ser mejor cada día, debemos estar a la altura de nuestro tiempo y de una vez y por todas, dejar de pretender que el que sustrae algún recurso ilegalmente está “luchando”, porque nadie sabe, si mañana, tú lo necesites.
 

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