"El defensor de las causas justas"

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La historia humana está repleta de hechos y eventos tan increíbles, realizados por grandes hombres, que, de no existir personas capaces de documentarlos, podrían pasar por simples leyendas. La Revolución en nuestra isla no es la excepción. La historia de Cuba también cuenta con estos hechos increíbles y únicos, protagonizados por el líder Fidel Castro Ruz.

Este 8 de junio se celebró el día del jurista en Cuba. Es precisamente, el más grande de los holguineros, abogado de profesión y considerado por muchos el mayor jurista del país. Sus primeros ejercicios, siempre defendiendo a los justos, entran en la calificación de lo increíble.

Fidel se graduó como Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho Diplomático en 1950. Para esta fecha, el contexto nacional era un caldero hirviente de corrupción e ilegalidades. El país estaba dominado por gobiernos entreguistas hacia la potencia del norte, los cuales regalaban las riquezas del país a las transnacionales extranjeras, que a su vez oprimian a la clase obrera. La corrupción administrativa, la represión política, los asesinatos de líderes opositores, la censura de prensa y los males sociales eran cosa común de todos los días. Además, existían mafias y grupos gansteriles, controladores de los negocios de las drogas, la prostitución y las loterías ilegales. Todo esto ocurría arrollando la Constitución del 40, la más progresista del mundo y aún así, ignorada por los gobiernos.

Todo esto provoca en el jóven abogado que, a pesar de contar con un hogar tranquilo y un matrimonio fructífero, decida abandonar su comodidad para defender las causas de los honrados, desdichados y abusados. La abogacía le confirió un arma poderosa, obrar con justicia en nombre de la ley.

En septiembre de 1950 le propuso a dos de sus compañeros de estudios, Jorge Azpiazo y Rafael Resende, abrir juntos un bufete. Tuvieron que alquilar un local sin muebles en el edificio Rosario, en Tejadillo 57 una de las zonas más céntricas de La Habana. Con el propietario consiguieron prestados una silla y un buró. Posteriormente compraron a plazos una máquina de escribir. Atendían Asuntos Civiles, Criminales y Sociales.

Recién graduado y en condiciones humildes, su bufete enfrenta a una de las más grandes empresas del país. En los primeros meses de 1951 impone una demanda al gigante "Cuban Telephone Company", quien dominaba el mercado de las comunicaciones en Norteamérica. En dicha demanda se exigía la rebaja de las tarifas de los usuarios.
Desde la década de 1930 la sucursal de "International Telephone and Telegraph Corporation" en Cuba se había convertido en la más próspera. En medio de la crisis económica de ese entonces la compañía rebajó los salarios provocando la huelga de sus trabajadores en 1933. Después de la Segunda Guerra Mundial, sus servicios comenzaron a sufrir un deterioro progresivo. Esto sirvió de excusa para aumentar los precios con el fin de reparar el daño. Esta política de la empresa se mantuvo hasta inicios de 1951, cuando la corporación intentaba influir en la opinión de sus usuarios para mantener el engaño.

Que un bufete recién inaugurado, de tan solo tres abogados, se enfrentara a una empresa millonaria parecería algo absurdo. A pesar de ello, el proceso se abrió y transcurrió de manera favorable para los demandantes, quienes en 1952 obtuvieron el fallo del tribunal a su favor. Aunque la empresa utilizó sus influencias para demorar la sentencia hasta 1954.

Cabe destacar que Fidel no pudo continuar con la lucha legal por verse implicado en 1953 en el asalto al Cuartel Moncada. Pero dejó sentadas las bases para la victoria. Lastimosamente, como en la República las leyes solo eran un adorno, Fulgencio Batista desestimó la sentencia en su poder como presidente.

Otro de los conflictos legales que resolvió Fidel Castro en 1951 fue contra la compañía norteamericana "Warner Sugar Corporation", dueña del central Miranda ubicado a 27 kilómetros de Birán.

En uno de sus viajes se dió cuenta que los sembrados de cañas, pertenecientes al central Miranda, estaban invadiendo los terrenos de la familia Hevia desde 1935. Después de recolectar datos y verificar los límites entre ambas propiedades, Fidel calculó la caña sembrada en los terrenos de los Hevia en los 15 años anteriores. Además de la evidente violación de la propiedad privada, existía un conflicto más delicado, el reconocimiento legal de los terrenos.

Ninguna de las partes los tenía completamente delimitados y los límites eran intermitentes cada mes. De no presentarse las pruebas suficientes, el central Miranda podía adjudicarse las tierras de la familia como suyas.
Fidel Castro presentó las pruebas a la familia y esta estubo de acuerdo en comenzar el enfrentamiento legal. Según la cantidad y el tiempo empleados en las tierras y el costo promedio del azúcar en esos años, se calculó que el precio a pagar por la compañía azucarera ascendía a más de 17 000 pesos. La entidad reconoció la actividad que realizaba desde hacía varios años y decidió pagar la totalidad del dinero sin que el pleito en los tribunales pasara a mayores.

El joven abogado Fidel Castro mantuvo en paralelo su trabajo como jurista y su activismo político. Desde recién graduado se apreciaba un interés por emplear su profesión de abogado como un instrumento para luchar contra los males de la República.

A la edad de 25 años y tan solo con uno de egresado, tenía en su currículum la victoria sobre dos grandes transnacionales americanas. Pero el mayor hecho extraordinario ocurrió en la Sala de Enfermeras del Hospital Civil Saturnino Lora en Santiago de Cuba, el 16 de octubre de 1853, durante el juicio por el ataque al Cuartel Moncada el 26 de Julio.

El proceso Judicial de la Causa 37 de 1953 se llevó a cabo en condiciones difíciles y desiguales. Así lo describió Fidel desde el comienzo de su intervención:

"Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones, nunca contra un acusado que había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. Uno y otro, son en este caso la misma persona. Como abogado, no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y, como acusado, hace hoy 76 días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado por encima de todas las prescripciones humanas y legales"
Fidel, en su condición de jurista, asumió su propia defensa. Pasó de acusado a acusador de un gobierno corrupto y cometedor de crímenes contra el pueblo de Cuba, y en especial contra sus compañeros de lucha, capturados, torturados y asesinados cruelmente.

También denunció los seis problemas fundamentales que aquejaban al país en aquel entonces: educación, salud, vivienda, tierra, industrialización y desempleo, exponiendo de igual manera las medidas a tomar para su erradicación una vez lograda la independencia de la nación.

"El problema de la justicia es eterno y por encima de las opiniones de los jurisconsultos y teóricos, el pueblo tiene de ella un profundo sentido. Los pueblos poseen una lógica sencilla pero implacable, reñida con todo lo absurdo y contradictorio, y si alguno, además, aborrece con toda su alma el privilegio y la desigualdad, ese es el pueblo cubano. Sabe que la justicia se representa con una doncella, una balanza y una espada. Si la ve postrarse cobarde ante unos y blandir furiosamente el arma sobre otros, se la imaginará entonces como una mujer prostituida esgrimiendo un puñal. Mi lógica, es la lógica sencilla del pueblo"


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