Se recicla a domicilio

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Juro que quería botarlo. En serio. Pero no pude. El ímpetu del "Plan Tareco" sucumbió ante la recomendación de la abuela: "Aquí nada se bota. No sabes si lo puedas necesitar después".

Así que me despedí de los chinos y su teoría del Feng Shui que asegura que hay que limpiar los espacios de cosas innecesarias para que fluya la energía.

Para energía, la que fluyó en mí después de jugar con mi niña con aquella pelota reciclada del envase vacío de desodorante, y la que mueve la extraña petición en grupos de compra y venta en Facebook de una usuaria:

"Mis amores: Necesito una donación de bolitas de desodorante lo antes posible. Las puedo comprar también".
¡Quién sabrá de sus divertidos y creativos finales!: cómo sonajero, carrusel para bebé al tejerse por fuera en forma de animales, al final de cortineros y palos para colgar carteras, juego de yaqui...

En fin, que los cubanos somos "monstruos" reciclando, por instinto ancestral, por idiosincrasia, por necesidad y, por supuesto, por el medio ambiente.

Quizá no sabemos qué color identifica en botes de basura los desechos orgánicos, no orgánicos y envases de vidrios en las instalaciones de lujo. Ah, pero nos quedan hermosas las flores a base de pomos de champú, las jarras y vasos a partir de botellas recortadas y hasta los muebles de goma de carro que no sirvieron para recapararse más.

No olvidemos, además, que los desechos orgánicos son propiedad indiscutible del vecino devenido porcinero.

Un cubano no nació para esta época en que toda se bota casi más rápido que el momento que duró construirse. Para nosotros frío, lavadora, ventilador y fogón tienen que durarnos una vida, incluso otra, para heredar los valiosos medios de generación en generación. Y, si se rompe algo, sin esperanza de reparación, irá al cuarto de los tarecos, a disfrutar del justo descanso, porque alguna pieza "puede servir para otra cosa después".

Aunque también queda la opción de venderlo al comprador ambulante que ofrece buenos precios por ollas reinas y ventiladores viejos. Las razones para este ¿desventajoso? negocio puedes adquirirlas al día siguiente en equipos de lujo y relucientes.

Las másteres en reciclaje somos las cubanas. Para nosotras no existe la palabra desechable. Un pamper no va a la basura. Se convierte en un pañal ecológico que se recicla cuantas veces se puede con modernos métodos. Así, aligeramos la carga de basura que producimos y no tanto a nuestros bolsillos.

Aunque se marche de la Isla, una mujer cubana recicla las bolsitas de la compra y los recipientes de plástico y pomos de cristal de diversos productos que pueden reenvasarse con sal, azúcar y café.

Los vasos, platos y cucharas desechables para nosotras no tienen dicho apellido y nos acompañan de cumpleaños en cumpleaños hasta que se pierden entre fiestas en la escuela del niño, "motivitos" en el trabajo, reuniones de la federación...

Las laticas de cerveza se transforman en moldes perfectos para flanes. Las tazas rotas, en maceteros. Los pomos de agua y refrescos, en envases para todo tipo de fluidos.

Los pullovers "medio tiempo", en una máquina de coser, mutan a pantaloncitos para que la niña vaya al círculo. La ropa y zapatos que se "le quedan nuevos" al pequeño de casa se regala a una amiga, se dona, se cambia, se vende. Jamás se desecha.

Por eso, un cubano de verdad le dice adiós a los chinos y a su teoría del Feng Shui, porque al final, como dice la abuela, "el que guarda siempre tiene". Si no, que lo diga la gaveta o vaso encima del frío o la repisa a donde van a parar botones, muelles de lapiceros, cajas de fósforo vacías, tapas de colores, llaves, tornillos... Allí se puede encontrar de todo, incluso inspiración para una crónica.

Author: Rosana Rivero Ricardo
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Rosana Rivero Ricardo. Periodista 25 horas al día. Amante de las lenguas... extranjeras, por supuesto. Escribo de todo, porque “la cultura no tiene momento fijo

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Comentarios  

# Guest 08-06-2023 19:55
Bonita crónica. Ilustra con simpatía nuestra manera de ser.
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