Solidaridad recíproca de batas blancas
- Por María Julia Guerra Ávila
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En 28 naciones se encuentran 35 brigadas médicas del Contingente internacionalista Henry Revee luchando para derrotar la COVID-19 y salvar vidas. Esos médicos además de llevar nuestro humanismo tratan de reciprocar lo que galenos de otros países hicieron durante nuestras guerras libertarias y de liberación.
Aquí les hablo de un médico puertorriqueño que hizo suya la causa cubana. Corría la segunda semana de septiembre de 1895 cuando el doctor Guillermo Fernández Mascaró llegó a Minas de Camazán, un lugar a unos 20 kilómetros al noreste de la ciudad de Holguín, para hacerse cargo de la atención al general Antonio Maceo, quien estaba enfermo.
A solicitud de Maceo, el general Agustín Cebreco trajo al joven galeno, quien se desempeñaba como jefe de Sanidad Militar en la Segunda División del Primer Cuerpo.
“…Lo encontré con cuarenta grados de temperatura, el vientre aumentado considerablemente de volumen, y él mismo hizo el diagnóstico de su dolencia al informarme que había comido carne de cerdo no fresca, y que no le pareció en buen estado…” Refirió el doctor Mascaró.
El general Maceo vino hasta Minas de Camazán con el propósito de reunirse con la brigada de Holguín, lo que no fue posible pues permaneció más de dos semanas que apenas podía moverse.
No se había restablecido del todo cuando tuvo que enfrentarse a las tropas españolas. El día 25 de septiembre en San Fernando se libró la acción. En ella fue herido Cirilo Araujo, el escolta del general Remigio Marrero, y cayó en manos de los enemigos. El general Echagüe, entonces ordenó lo curaran y devolvieran.
El doctor Guillermo Fernández Mascaró, junto al también médico Hugo Robert y dos soldados de la Sanidad Militar se hizo cargo de recoger al herido y trasladarlo en una camilla a una prefectura mambisa.
Desde esos momentos el doctor Mascaró pasaría a ser médico del general Maceo y se incorporaría a la Columna Invasora como Segundo Jefe de Sanidad.
Llegó el 1ro de enero de 1896 hasta los límites de La Habana desde donde regresó a Las Villas incorporado al Estado Mayor del MayorGeneral Serafín Sánchez donde prestó servicio hasta que éste cayó en combate -18 de noviembre de 1896-. Entonces regresó a Oriente al servicio del Mayor General Calixto García.
A finales del mes de abril de 1897, el Mayor General Calixto García decidió hacer un recorrido de inspección por la zona de Holguín oriental y Banes ya que eran las más afectadas por la inmensa sequía. La que había traído como consecuencias que las epidemias de viruela, malaria y tifus se propagaran y azotaran a la gran parte de la población; además mermaron de manera alarmante los abastecimientos de viandas necesarios para la alimentación, tanto de las fuerzas combatientes como de la población.
El Mayor General pudo muy pronto comprobar la realidad del drama y la carencia de alimentos y de medios curativos adecuados para combatir las epidemias, aunque antes la expedición del buque Laureada, por esta zona había traído medicinas y víveres. La situación era excesivamente dramática.
En esas condiciones el General García encomendó al doctor Fernández Mascaró la creación de un centro de vacunación antivariólico, enfermedad que también afectaba severamente a la tropa. Él y otros médicos del cuartel general prestaron sus servicios a los enfermos, así como todos los auxilios necesarios hasta consumir casi totalmente las medicinas recibidas.
Afortunadamente cuando la situación se tornaba más caótica por estarse agotando las medicinas, el tiempo varió por completo al romper la estación de lluvia. Por lo que aproximadamente el 26 de mayo cuando ya el General García había aliviado las preocupaciones en que lo habían sumido las desgracias de Banes y sus alrededores decidió retornar a la zona del Cauto.
Entonces el doctor Mascaró se incorporó como Jefe de Sanidad de la Segunda División del Primer Cuerpo que incluía la región de Santiago de Cuba. Al concluir la Guerra Hispano-Cubano-Americana se estableció en Santiago, rehabilitando los primeros servicios médicos y hospitalarios de Oriente.
La vida del Coronel Guillermo Fernández Mascaró fue una afirmación moral de rectitud, nobleza y valentía, dejando en la historia de los heroicos mambises una profunda huella de conducta intachable.
Hijo de una familia acomodada, nació en Bayamón, Puerto Rico, el 25 de junio de 1870 y en 1890 vino para Cuba con el fin de estudiar en la Universidad de La Habana, donde se graduó, primero de Doctor en Ciencias Físico-Químicas y luego de Doctor en Medicina.Al comenzar la Guerra Necesaria (24 de febrero de 1895) el joven médico decidió sacrificar su práctica profesional para luchar por el ideal de libertad de Cuba.