La inquebrantable voluntad de una mujer educadora
- Por Yanela Ruiz González
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Con su bondad y ternura infinitas atrapa a los niños. En sus brazos encuentran refugio y consuelo mientras papá y mamá trabajan. No es que tenga “almíbar” para los muchachos, como ella dice, es que su amor, carisma y voluntad inquebrantable la distinguen y la convierten en un puerto seguro para la Primera infancia en la provincia.
Reconocida por su excelente trayectoria en el acto nacional por el aniversario 65 de la creación de los círculos infantiles, la actual directora del CI especial “Somos Felices Aquí”, especialista y licenciada en Educación prescolar Mayelín Rojas Rojas, constituye un ejemplo de perseverancia, superación constante y sobre todo, de inigualable entrega a la tarea de formar, educar y cuidar a los niños y niñas en estas instituciones, sagrados templos de amor y una de sus mayores razones de ser.
Su vocación no se forjó en juegos de roles desde pequeña, ni siquiera soñaba con ser educadora, aunque confiesa que siempre le ha gustado interactuar con los niños. Si le preguntan 16 años atrás diría que su mayor preocupación en aquel entonces era lograr un sustento económico y con ese propósito llegó al círculo infantil “Pequeño Volodia”.
La muchacha, que hasta entonces había sido ama de casa, estaba lejos de sospechar que aquella plaza de auxiliar general sería solo una puerta de entrada a un mundo del que luego se apasionaría, mientras aprovechaba cada oportunidad de superación.
“Abracé el trabajo con tanta responsabilidad como la que exigía mi nueva vida de madre divorciada con un hijo adolescente. Empecé en estas tareas de apoyo a la docencia, primero la limpieza y luego en la lavandería, plaza que ocupé gracias a la observación de la metodóloga Roxana, que en una visita a ‘Volodia’ se asombró de verme tan joven y procuró ese puesto para mí”, afirma.
Pero los astros no solo se alinearon para Mayelín, ella aprendió a ponerlos en órbita y buena parte de lo logrado lo debe también a ese espíritu del bien hacer, a su disciplina, sentido de pertenencia, constancia y a no dejarse vencer por los obstáculos, ni en las más oscuras circunstancias.
“Vinieron otras oportunidades. Un curso de auxiliar pedagógica en el CI “Los Sandinitos” sería la primera posibilidad de dar un giro en mis funciones, el paso para trabajar en un salón de cuarto año de vida en el propio ‘Volodia’, recuerda.
“Luego vino la licenciatura en Educación prescolar, en la modalidad de curso por encuentro en la universidad. Conocí a muchas personas y profesores que aportaron a mi formación. Al graduarme me desempeñé como educadora responsable y también trabajé con quinto y sexto años de vida, este último junto a la maestra Mayra. Ha sido un tránsito de mucho enriquecimiento, porque he podido aprender y conocer las dinámicas de cada puesto en un círculo infantil. Además me identificaron como reserva de la directora, y en ese sentido también recibí preparación”, añade.
Mayelín cuenta su historia con mucha naturalidad. Pareciera que todo ha sido fácil. Sin embargo cada paso tiene la marca del sacrificio. Residir en Brisas de Yareyal, a unos cuantos kilómetros de distancia de la cabecera del municipio y enfrentar la diaria “odisea” del transporte para cumplir puntualmente con los horarios, principalmente cuando le correspondían los turnos de recibimiento y entrega de los infantes, no está escrito en ninguno de las titulaciones logradas, como tampoco las jornadas que inician desde la madrugada para dejar todo listo en casa, donde la aguardan su hijo y sus padres.
“Tengo una fe indestructible y creo que eso forma parte del motor impulsor para probarme en la conducción y participación de varias tareas, pues mientras estuve en Pequeño Volodia también fui ejecutora voluntaria del programa Educa a tu hijo de la comunidad circundante. El apoyo de Marleni, una promotora maravillosa, con la que aprendí mucho, fue primordial”, agrega.
“Es muy lindo este programa porque una contribuye con la preparación de las familias para la atención a los infantes de acuerdo con su edad. No todos los padres tienen los mismos conocimientos ni la misma preparación. Dos veces a la semana los citaba con sus niños en el parquecito de los edificios de la calle Pérez Zorrilla, donde hacíamos varias actividades.
“Esta tarea también enriqueció mis conocimientos y mi espiritualidad; los niños siempre aportan a la espiritualidad. Muchos pensaron que no podría precisamente por vivir distante y por las obligaciones de la casa. Mi madre hace 25 años tiene una radical de mama y la cuidamos mucho, por eso me ocupo de las labores domésticas de mayor peso. Mi padre me ayudaba también, pero hace poco sufrió un accidente cerebrovascular y tiene limitaciones”, significa.
Las lágrimas son inevitables en este momento. Que uno de sus “horcones” no tenga la misma capacidad es un golpe fuerte, al que se sobrepone con mucha más voluntad en tiempos de aguda crisis.
“No obstante pongo mi empeño en tratar de que todas las tareas salgan lo mejor posible. La oportunidad de dirigir el CI “Somos Felices.., de características especiales por acoger a niños débiles visuales que requieren de un trabajo correctivo compensatorio, además de ser un reconocimiento a mi trayectoria, habla de la confianza depositada en mí en medio de complejas circunstancias. Trato de ser consecuente con quienes me antecedieron en la tarea y se fijaron en mis capacidades para continuarla.
“Con algo de temor en principio, he tenido que aprender de todo, hasta de administración y no pocas veces he asumido la función de custodio cuando no tenía la plaza ocupada. Pero mi colectivo es maravilloso. Fuimos el primero en categorizarnos todos. Mis muchachitas, como les digo a las educadoras y especialistas (logopedas y psicopedagogas) y el operario, mi mano derecha, cumplen sus tareas, a veces más de lo que les corresponde.
Funcionamos como una familia, es donde permanecemos la mayor parte del tiempo. Procuro un ambiente agradable, de buena vibra, incluso hasta en la relación y vínculo con los padres, y eso comienza con algo tan simple como el saludo. No puede ser diferente en una institución donde se forman y educan niños”, asegura.
La capacidad de Mayelín es sorprendente y sus ansias de superación indetenibles. Paralelo a estas funciones desarrolló un diplomado en dirección de nobel y la especialidad en dirección de instituciones educativas. Todo en medio de los apagones, las dificultades de conexión, y los ajetreos cotidianos matizados con la leña y el carbón para sostener la alimentación de sus pupilos y las de su familia en el hogar.
“Desde hace un tiempo colaboro con las tareas de dirección del hogar de niños sin amparo familiar de la calle Morales Lemus, mientras su directora se recupera de un accidente. Ahora mis jornadas se despliegan también en este escenario, al que igualmente aprendo a querer por su esencia en la atención y labor con los pequeños que allí permanecen por diferentes situaciones familiares. Una los llega a querer como si fueran propios y se desgarra el alma cuando los despide para su retorno al seno familiar”, comenta.
Y es que así de amorosa es la seño Mayelín, a quien los títulos y cargos no le roban la humildad ni el sentido humano, y mucho menos la empatía y esa sonrisa que honra el nombre de su institución, pues ella se encarga que todos los días allí prime la felicidad.