Oro rojo

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Foto: Juventud Rebelde

Esperabas que ese momento iba a ser peor, la verdad. Nadie en la casa quería que te presentaras. ¿Qué va a ser una vejiga con apenas 18 años y los 50 kilogramos mínimos en esas cosas?, te dijo tu padre. No le respondiste.

Él no te iba a entender, por sobreprotegerte quizás. Ni aunque le contaras lo que dijeron en la Universidad de que fue Fidel el primero en abrirle las venas a la solidaridad cuando el enorme terremoto de Perú de 1970 dejó miles de víctimas. Ni aunque le contaras de aquella promesa que hiciste cuando hace tres años te operaron y, al día siguiente, te dio un dolor muy fuerte. Pediste por tu vida y prometiste hacer un acto de amor. Entonces vino a tu mente: donaré sangre.

Y ahí estabas, con tu mayoría de edad, sobre la camilla. Ni enfermedades transmisibles, ni piercing, ni tatuajes, ni operaciones recientes. El brazo derecho extendido al otro lado del agujero, donde un especialista realiza el procedimiento. Pensaste que iba a dolerte más. Por eso llegaste un poco nerviosa y sentiste un olor a hierro en el aire, un olor a sangre. Ideas mías, te dijiste y te reconfortaste con la idea de qué pueden ser cinco, 10 o 15 minutos que dure la extracción con respecto a una, dos o tres vidas salvadas.

Abres y cierras la mano con fruición. No sientes ni mareo, ni hormigueo en los labios ni crees que vas a engordar o te vas a debilitar, como te dijeron algunos. El tiempo pasa mientras reflexionas en cuán egoístas podemos ser los humanos de privar a otros de un acto simple que puede salvarles, pues es tan frágil el preciado cristal de la vida.

La vida. Esa tiene cada cosas. Como que sea un 14 de junio la fecha en que te recuestas por primera vez en esa camilla. No es un día cualquiera, es el Día Mundial del Donante de Sangre, para agradecer a esos seres de luz que garantizan la seguridad y disponibilidad del oro rojo. Y también para incentivar a donar con frecuencia y embullar a los que se inicien como tú.

Ahora tratas de recordar el nombre del biólogo austríaco que nació ese día. Lo leíste en internet, en una madrugada, para estar bien segura de dar este paso. Ah, sí. Se llama Karl Landsteiner. Fue el que descubrió los grupos sanguíneos ABO. Por eso obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1930.

Ahora fue que tú descubriste tu grupo sanguíneo: O negativo, donante universal, añejo 18 años. Sonríes por la referencia a los “Vampiros en La Habana”. Sonríes porque Cuba, tu país, es un adelantado en estas cosas y es de los pocos en el mundo que cuenta con un cien por ciento de donaciones voluntarias.

Sonríes porque en la Isla se celebra en cada junio, desde hace más de medio siglo, la Jornada del Donante Voluntario de Sangre. Fue Fidel el impulsor. Era 6 de junio cuando puso su brazo para ser el primer cubano en ayudar a las víctimas del terremoto de Perú. Es así, la solidaridad de tu gente viene inscrita en su propia sangre.

El tiempo ha terminado. Te dicen que te incorpores lentamente. Ya tu organismo se prepara para producir nuevas células, glóbulos rojos que transportarán oxígeno fresco a tus órganos. Debiste estudiar Medicina, piensas, emocionada después de devorar tanta información científica, emocionada porque tu sangre puede servirle a cualquiera, sin distinción. Y después de hoy tú, la hija única de mamá y papá, vas a tener muchos hermanos de sangre.


Has dejado un pedacito de ti. O mejor, unos mililitros de vida. Ojalá nadie los necesite, que nadie tenga un accidente, o una operación, o anemia, o pase por quimioterapia o tenga una complicación durante el parto. Pero para quien lo demande, ahí estará tu brazo extendido, con las venas abiertas al amor.

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Author: Rosana Rivero Ricardo
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Rosana Rivero Ricardo. Periodista 25 horas al día. Amante de las lenguas... extranjeras, por supuesto. Escribo de todo, porque “la cultura no tiene momento fijo

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