El libro cubano desde Holguín

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En la noche del 28 de marzo de 1862, alguien en Holguín debió de sentir que la ciudad amanecería distinta. Al día siguiente, una imprenta llegada desde Las Tunas, traída por el doctor Antonio José Nápoles y Fajardo, comenzaba a escupir las primeras palabras impresas que conocerían los holguineros. Era una máquina modesta, de esas que entonces empezaban a poblar las ciudades cubanas, pero su llegada no fue un hecho cualquiera: con ella nació La Luz, el primer periódico holguinero, y con él, la posibilidad de que los libros escritos en esta tierra dejaran de ser manuscritos solitarios para convertirse en objetos que podían circular, leerse, compartirse.

Poco después, de aquella misma imprenta salieron los tres primeros libros publicados en Holguín: Ayes nocturnas (1862), poesías y artículos del propio Nápoles y Fajardo; El registro o árbol genealógico de la familia González de Rivera; y Memorias sobre el origen del hato San Isidoro de Holguín (1863), estos dos últimos de Diego de Ávila y del Monte. Publicar un libro en aquella época no era cosa fácil. Los autores tenían que sortear la censura colonial y costear los gastos editoriales; después, siendo también distribuidores y vendedores, se preguntaban a quién vender aquellos volúmenes. A pesar de las dificultades, en 1862 Don Gregorio de la Vega, Marqués de Guisa, fundó la primera librería con que contó la ciudad, El delirio, y a ella fueron a parar los primeros libros.

Antes de que finalizara el siglo, otros títulos verían la luz: Rumores del Hórmigo y Colección de poesías inéditas, de Juan C. Nápoles y Fajardo; Proyecto del ferrocarril Holguín – Gibara, de Javier González Longoria; Historia de Holguín, de Manuel R. Fox Manduley; Gibara y su jurisdicción, de Herminio Leyva Aguilera; y Maceo. Poesías, de Fernando García y Grave de Peralta, entre otros. Para entonces, la ciudad contaba ya con un público lector que justificaba la edición consecutiva de libros y periódicos, y la prensa se había convertido en vehículo para el desarrollo del pensamiento radical y progresista. Pero lo fundamental estaba sembrado: la palabra impresa había echado raíces.

Aquel impulso inicial trajo consigo no una, sino varias imprentas que fueron poblando la ciudad durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Los nombres de aquellas casas tipográficas (R. Roselló, La Corina, La Fraternidad, Industria 66, El Porvenir) hoy suenan a papel viejo, pero en su momento fueron el sostén material de la efervescencia intelectual que caracterizó a Holguín. Una de ellas, la imprenta Lugones, nacida en la década de 1920, imprimió durante décadas buena parte de lo que se publicaba en la provincia, y aún sigue activa.

Más tarde, en 1986, se fundó el Combinado Poligráfico José Miró Argenter, que lleva el nombre de aquel patriota español que abrazó la causa independentista, y que desde entonces se ha convertido en un pilar de la industria gráfica provincial. Allí se han materializado buena parte de los libros publicados en Holguín en las últimas décadas.

Esa tradición centenaria, que arranca con aquella imprenta de 1862 y se prolonga a lo largo del siglo XX con imprentas como la Lugones y talleres como el Combinado Poligráfico José Miró Argenter, es el sustrato sobre el que hoy se sostienen las cinco editoriales que conforman el ecosistema literario holguinero. Cada una de ellas, surgida en momentos distintos y con propósitos diversos, ha ido tejiendo una red que conecta aquel pasado decimonónico con el presente más inmediato.

La primera en aparecer, ya en los años más recientes, fue Ediciones Holguín, fundada el 18 septiembre de 1986, cuando el mundo aún se estremecía por la explosión de Chernóbil (abril). Cinco libros inéditos, escritos por autores locales, salieron entonces del Taller 01 “Atanagildo Cajigal” para dar inicio a la casa que con los años se convertiría en la de mayor catálogo del oriente cubano, con más de seiscientos títulos.

Bajo la dirección de Lourdes González Herrero (poeta y narradora que ha merecido, entre otros, el Premio Julián del Casal y el Premio de novela José Soler Puig), la editorial ha pasado por momentos difíciles, incluso con su imprenta cerrada por cinco años, para resurgir con el Sistema de Ediciones Territoriales (SET) en el 2000, cuando la llegada de las máquinas risográficas democratizó la publicación en toda la isla. En sus colecciones Ítaca, que prioriza los Premios de la Ciudad; Ático, dedicada a la literatura cubana y universal; Papeles, de divulgación científica y testimonial; 1492, histórica, y Palmiche, infantil, han publicado autores como José Luis Serrano, Nelson Simón, Luis Caissés Sánchez, Maribel Feliú Gómez, Lourdes González, Mayra San Miguel, Pedro Ortiz, Manuel García Verdecia, Luis Yuseff, entre otros.

Desde su fundación, Ediciones Holguín ha sido un pilar fundamental en el panorama literario de Cuba, especialmente en la región oriental, y esa condición de pilar no ha hecho más que consolidarse con el tiempo, como lo demuestra el hecho de que la editorial publique desde 1989 el Premio Nacional de Poesía “Adelaida del Mármol” y mantenga hoy alta calidad en sus publicaciones.

A la par que Ediciones Holguín consolidaba su lugar en el panorama literario, otras dos iniciativas germinaban en la ciudad. En 1994, en pleno Periodo Especial, un grupo de artistas de la plástica fundó el Taller de Papel Manufacturado, explorando con fibras vegetales recicladas (plátano, tabaco, maíz, caña de azúcar) una alternativa creativa ante la escasez de materias primas. Contó Manuel Arias Silveira, director del sello que nacería más tarde, que cuando comenzaron a ofrecer esta opción muchos artistas desconocían las posibilidades creativas que ofrece el papel hecho a mano.

En 2001, con el propósito de dar continuidad a esa tradición tipográfica y al trabajo artesanal, fundaron la Casa Editora Cuadernos Papiro. Allí, en su taller de la calle Arias (el mismo edificio donde José María Heredia instaló la imprenta El Arte) conviven máquinas centenarias: una Chandler de 1816, linotipos, tipografías del siglo XVIII. Sus libros, tiradas limitadas de hasta doscientos ejemplares numerados, son concebidos como piezas de colección, ilustrados con grabados originales de artistas cubanos, y en su catálogo figuran nombres mayores de las letras latinoamericanas: Roberto Fernández Retamar, Carilda Oliver Labra, Antón Arrufat, Dulce María Loynaz, César López, Pablo Armando Fernández, Reynaldo González, Ángel Augier, José Lezama Lima, Pablo Neruda y José Martí.

Tres años antes de que Papiro se constituyera formalmente como casa editora, en mayo de 1997, otra luz se encendía en el panorama editorial holguinero. Ediciones La Luz fue fundada por Alexis Triana, entonces presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín, y su primer título fue Bufón de Dios, de José Luis Serrano. Empezó con tiradas pequeñas y sin local propio, pero al integrarse al SET en 2003 su luz se hizo más fuerte. Pronto se convertiría en el semillero por excelencia, la casa editora de la AHS que publica a los jóvenes talentos y que ha innovado con formatos digitales, audiolibros (colección QuemaPalabras).

Entre sus colecciones se encuentran Abrirse las Constelaciones, Mar por medio, Mehrlicht, y Analekta. Dentro de esta última se publican especialmente los cuadernos ganadores de los concursos nacionales El Árbol que Silba y Canta y el Premio Nuevas Voces de la Poesía, que se convocan anualmente. El Premio Celestino de Cuento, que del 9 al 13 de este junio celebrará su vigesimoséptima edición bajo el lema "Celestino en un laberinto de tiempo", es quizás su evento más emblemático. Bajo el liderazgo de Luis Yuseff continúa fortaleciéndose dentro del panorama editorial cubano y actualmente es considerada una de las mejores del país.

Mientras La Luz consolidaba su presencia en el territorio nacional y Papiro mantenía viva la artesanía del libro, una cuarta voz se sumaba al coro editorial holguinero. En 2009, los historiadores de la provincia fundaron Editorial La Mezquita, sello de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), con un propósito claro: publicar investigaciones que fijaran la memoria local. En sus diecisiete años de existencia, han publicado títulos fundamentales: La Virgen Cubana en Nipe y Barajagua, Indios en Holguín, Camilo en Antilla, Así fue Calixto, el Mayor General, José Agustín García Castañeda. Un científico holguinero del siglo XX, y hasta una Historia de Cuba impresa en República Dominicana en 2012. Dos Premios Nacionales de la Crítica Historiográfica José Luciano Franco avalan su labor, y como los demás sellos también ha incursionado en el libro digital.

La quinta y más joven de las editoriales holguineras nació en 2014, cuando el Ministerio de Educación Superior aprobó un nuevo sello para la Universidad de Holguín. Se llamaría Conciencia Ediciones, en homenaje a aquel lema de José de la Luz y Caballero: “Para todo se necesita ciencia y conciencia”. Con ello, la casa de altos estudios holguinera se convertía en la cuarta universidad cubana en contar con su propia editorial. Su misión: contribuir al desarrollo cultural mediante la difusión de resultados de la producción intelectual de la comunidad académica. Sus colecciones —Cátedra, ENE, Perfiles, Sed Lex, Sema— abarcan desde la auditoría ambiental hasta la historia local. Además gestiona tres revistas electrónicas de prestigio: Luz (Ciencias de la Educación), DeporVida (Cultura Física y Deporte) y la Revista de Tecnología Educativa, todas indexadas en bases de datos internacionales como Latindex, Redalyc, DOAJ y ERIHPLUS.

Estas cinco casas, surgidas en momentos distintos y con propósitos diversos, han ido tejiendo una red que sostiene no solo la publicación de libros, sino también la formación de lectores y escritores. Sus catálogos se cruzan y se complementan. Un mismo autor puede haber publicando en más de una editorial. En todas, los nombres de los consagrados se mezclan con los de una cantera inagotable de jóvenes, lo que significa que el ecosistema funciona. Han aprendido a navegar entre lo analógico y lo digital, y aunque han enfrentado limitaciones tecnológicas y materiales, siempre han manteniendo una calidad excepcional en sus publicaciones.

En el centro de todo este movimiento están las imprentas, esos talleres donde la palabra se materializa y que son eslabón directo con aquella primera máquina que llegó en 1862. El viejo Taller 01 “Atanagildo Cajigal”, donde se imprimieron aquellos primeros libros de Ediciones Holguín; la imprenta Lugones, que durante décadas ha sido un referente en la provincia; el Combinado Poligráfico José Miró Argenter, fundado también en 1986 y que sigue siendo vital para los tirajes masivos. Y junto a ellas, las librerías que ponen los libros al alcance de los lectores. La primera, El delirio, abrió sus puertas en 1862, el mismo año de la llegada de la imprenta. Después vinieron otras, con nombres que cambiaban según los dueños y las épocas. Hoy, la red de librerías en Holguín incluye espacios como la Librería Celestino, vinculada a Ediciones La Luz, la Librería Ateneo Villena, que forma parte del sistema de librerías provinciales; y las librerías municipales que, junto a las bibliotecas públicas garantizan que los libros lleguen a todos los rincones de la provincia.

Así, este 31 de marzo, Día del Libro Cubano, fecha que conmemora aquella primera edición de El Quijote impresa en La Habana en 1848, cada casa editora, imprenta y librería continúa desarrollándose a su ritmo, cada una con su oficio, pero todas remando en la misma dirección, para que el libro cubano siga existiendo. Porque en Holguín, la palabra impresa echó raíces hace más de siglo y medio, y no ha dejado de crecer.

Author: Alionuska Vilche Blanco
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Graduada del Curso Nacional de Técnicas Narrativas Onelio Jorge Cardoso. Poeta y defensora del arte como herramienta para comprender y transformar el mundo.

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