Los lienzos de Adelina
- Por Ana Laura Campello Pérez / Estudiante de Periodismo
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“De pequeña elegía siempre mi propia compañía, forjaba universos en algún rincón del cuarto. Tomaba una sábana, una sombrilla y unos cuantos asientos, y los transformaba en mi cielo particular. Aunque me gustaba mucho jugar, recuerdo con claridad que lo que más disfrutaba era dibujar. Conservo en casa los garabatos que hacía con apenas tres años de edad; siento que, desde temprana edad, mis manos encontraron mi vocación”.
Estos fueron los primeros trazos, infantiles y dulces, de la niña que comenzaba a explorar el mundo de las artes plásticas, aún sin saberlo. Ahora, un pincel, una paleta de colores y el lienzo son parte inseparable de la vida de la pintora Adelina Rodríguez.
En el frecuentado Café Trovando de la Ciudad de los Parques cuenta su historia, mientras disfruta su primer café: un cortadito. Sobre la mesa una rosa, un barco de papel, una penca con el rostro de Frida Kahlo y la certeza de que intercambiaría palabras con una artista que se sabe profundamente fiel a sí misma y a su obra.
El arte siempre fue una pasión para Adelina, sin embargo, su revelación como oficio llegó tarde. A los quince años, un encuentro casual con el artista José Carlos Paz en el espacio familiar resultó decisivo.
“Él me abrió los ojos y me guió. Fue quien me impartió las primeras lecciones y me preparó para los exámenes de ingreso a la Academia de Artes Plásticas El ALBA. En ese momento, ya había comenzado estudios en la Escuela de Economía con Contabilidad, pero al descubrir que podía elegir un camino formal para la pintura, no lo dudé ni un segundo. Años después, tras graduarme en esta academia continué mi formación en la Universidad, en aquel momento el Pedagógico, en la licenciatura en Educación Artística”.
¿Cómo es su proceso creativo?
“Nace de la emoción pura. Cualquier instante de alegría, tristeza o ira sirve como inspiración. Lo primero es quitarme los zapatos. Pisar el suelo descalza es un requisito. Me gusta también tomar café mientras pinto, sumergirme en la música y trabajar de cuatro a cinco horas seguidas, sin interrupciones. A veces, no soy capaz de explicar lo que estoy sintiendo y lo traduzco con mis pinturas”.
¿Qué referentes le nutrieron su formación?
“Frida Kahlo es mi referente absoluto, tanto en lo personal como en lo profesional. La admiro por ser un símbolo de perseverancia, fuerza, constancia, autenticidad y por su intensidad vital, por ese amor a todas las formas de existencia. Valoro su confianza inquebrantable y, sobre todo, que sin formación académica pintó su propia y genuina realidad, legándole al mundo una obra inmensa y rica.
“Me apasiona el realismo y los artistas que han trabajado la figura humana y el autorretrato. Admiro a Rembrandt, a Aivazovski, a Shishkin y, aunque pudiera considerarse repetitivo, también a Van Gogh. De Picasso, me seduce la libertad para deformar la figura y emplear el color no como se espera, sino como se siente”.
¿Alguna experiencia en particular que haya marcado su carrera?
“En una ocasión, presenté un autorretrato de grandes dimensiones a un Salón en el Centro de Arte. Tres días después, una llamada me comunicaba que el jurado no había admitido mi pieza. La noticia me dejó perpleja y herida. Me pregunté qué parámetro no había cumplido, pues mi confianza en la técnica era absoluta. Esa experiencia me marcó con la huella de incomprensión que generó en mí”.
¿Aún conservas ese cuadro?
“¡Sí! Después de aquel día, lo he expuesto muchas veces”, contestó con una sonrisa, como signo de alivio y orgullo, y bebió un sorbo de café.
Si tuviese que ser uno de sus cuadros, ¿cuál elegiría?
“Sin duda, uno de mis autorretratos. El más reciente, titulado Yo te cielo”.
En él se visualiza su rostro hasta la nariz y el cabello rizado y libre se funde con un cielo tumultuoso de nubes color violeta. Confieso que asumí que la pieza tendría muchos tonos de azul. Pero así es Adelina, la artista que defiende que un elemento de la esencia en el arte es hacer lo que se siente, sin pedir permiso.
¿Qué opinas del arte en la actualidad?
“Siento que el arte ha tomado caminos que se alejan de lo que considero su esencia. Discrepo con ciertas tendencias contemporáneas que priorizan el discurso verbal sobre la obra misma. Para mí, lo que a veces se produce carece de alma y talento, primando la conveniencia y la retórica. Muchas veces me pregunto si son artes visuales o es solo oratoria”.
Parafraseando a Picasso antes de despedirnos dijo: “Si escuchas una voz en tu interior que te dice ʻno pintesʼ, no le hagas caso, pinta”. Y es que para Adelina, pintar es sinónimo de libertad y expresión total. Su pasión por el arte es definitiva, y no basta con el óleo sobre el lienzo porque “hay que ofrecer también el corazón”.