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De Pepito, el Jibamar y otros acontecimientos

“Fui declarado Persona No Grata por el Municipio de Gibara por mi libro Así es Gibara. Me considero yo el Segundo Descubridor de Gibara”.
José Agustín (Pepito) García Castañeda 

 Todo comenzó por culpa de Pepito. Cuando gogleamos su nombre José-Agustín-García-Castañeda, Ecured planteaba lo siguiente: “según criterios de sus alumnos, sus clases eran activas, científicas y cada vez más interesantes, acompañadas de cierto humorismo y jocosidad, que propiciaba una atmósfera emocional agradable”.
Pero más abajo encontramos sus memorias, publicadas por el periodista y locutor César Hidalgo, en su blog Aldea Cotidiana. Eran decenas de historias breves, cada una más sorprendente que la anterior.

“Visito la casa de un hacendado en el campo-cuenta García Castañeda-. Se me obliga a almorzar y yo, para aceptar, pido que me preparen huevos fritos, arroz blanco y boniato asado. El dueño de la casa, su esposa y yo nos sentamos a la mesa-comedor. Me ponen en un plato cuatro huevos fritos, los que me estoy comiendo revueltos con el arroz. De pronto la señora del hacendado, anciana ya, me pregunta:

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Doctor, ¿usted no le echó sal a los huevos?
A lo que contesto yo, muy serio.
-No, señora, yo prefiero echarles talco”. 

¿Cierto humorismo y jocosidad que propiciaban una atmósfera emocional agradable? Ecured se quedaba corta. El doctor García Castañeda, miembro Titular de la Junta de Arqueología y Etnología de Cuba; fundador del Instituto Pre-Universitario de Holguín y del Museo de Historia Natural Carlos de la Torre; masón grado 32… bien pudo ser el inspirador de los clásicos cuentos de Pepito y de la riña entre holguineros y gibareños.
Fue en 1957, cuando publicó su libro Así es Gibara. Dicen Lizue Martínez y Laritza Vega (especialistas de la sala de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Provincial Alex Urquiola), que dicen los ancianos de Gibara, “que no saben quién le contó a Castañeda todas esas historias, pero que se las sabía todas y que el libro no dice mentiras”.
Pero lo que despertó la ira de nuestros paisanos, fue el asunto de los apodos. “La esencia del gibareño son sus apodos, que todos llevan y que para ellos es como un apellido que se hereda. Todos bien colocados y que a nadie ofenden…” reflexionaba Pepito y a continuación, citaba una extensa lista.
Confieso que lo más entretenido fue tratar de imaginar la razón de ser del apodo. Con Manuel “Chimenea” y Jesús “Puñalá” enseguida se perfilaron algunas bastante obvias, pero luego comenzaron a aparecer Emilio “El Guabino”;Toñito “Guayabito”;Roberto “Perro Muerto”;Longino “Barba de Piojo”… Y entoncescomprendimos la indignación de los gibareños.
El 19 de julio de 1957, el Decano del Colegio de Maestros, el Presidente del Colegio Médico y el Presidente del Ayuntamiento, en representación de las Asociaciones Cívicas de Gibara, declararon Persona No Grata a Gibara al Dr. José A. García Castañeda, quien se aseguró de dejar para la posteridad lo que ocurrió después:
“En la noche de ser tomado el anterior acuerdo, reunido en Asamblea el pueblo gibareño, se apaga la luz eléctrica y suenan dos tiros. Se forma el corre-corre y los de la Presidencia se esconden debajo de la mesa.
“Vuelta la calma y pensando que había sido yo el causante del apagón y el que disparó los tiros, se organiza una manifestación que recorre las calles y en la Plaza Calixto García, frente a la estatua de la Libertad que originalmente decíaGibara tiene estatua porque se lo merece, fueron quemados algunos ejemplares de Así es Gibara, a la vez que se escuchaban gritos de que muera yo si voy a Gibara”.
Más tarde, nos percatamos de que Pepito fue solo la gota que colmó el vaso. Gracias a Norton Lorenzzi y su libro recién publicado “Momentos beisboleros en Holguín”, descubrimos que Gibara fue el segundo municipio de la región en incorporarse al béisbol, en 1899. El primero, por supuesto, fue Holguín, 11 años antes.
Para colmo, el primer partido entre ambos equipos (el 23 de mayo de 1893) lo ganaron los holguineros, ocho carreras por tres y dos jonrones de por medio. “Este encuentro marcó el inicio de una gran rivalidad deportiva entre estos dos territorios”, concluyó Lorenzzi.
La rivalidad, además, trascendió el campo de pelota y se instaló en el peculiar himno de Gibara:

“Todas las cañas y marañones
Nuestros cangrejos van a exprimir
Y llenaremos con todo el zumo
La vieja chomba que tiene Holguín”. 

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Pero ni esta amenaza poética nos hizo desistir. Queríamos descubrirla con nuestros propios ojos y no podíamos esperar tres u ocho años por un aniversario cerrado. Así que nosotros, holguineros bisoños, marchamos a Gibara, la Villa Blanca de los Cangrejos, la Perla del Norte, la España Chiquita.
Y a pesar del preocupante antecedente sentado por Pepito, fuimos bien recibidos desde el principio, por el personal de la casa de alojamiento donde hicimos estancia durante tres días y dos noches.

Del Jibamar y otros acontecimientos

O cómo lograr que una pequeña casa de alojamiento, en una ciudad costera del interior, tenga éxito.

Pronto, el Jibamar se convirtió en nuestra base de operaciones. No éramos como los clientes habituales. Nuestra presencia allí respondía al objetivo de grabar tres trabajos diferentes en dos días y medio. Quienes tienen experiencia en esos menesteres saben que se trataba de una misión suicida, sobre todo, teniendo en cuenta el escaso presupuesto.
Entrábamos y salíamos constantemente cargados de mochilas, el trípode y la sombrilla, porque el sol de Gibara castiga. Al regresar, nos preguntaban “¿pudieron hacer lo que iban a hacer?” Amables, atentos, curiosos. Y dejábamos caer algunos detalles: “los aerogeneradores no quisieron girar”… “no hizo una pizca de viento”…
Ni una vez pudimos cumplir con los horarios establecidos de desayuno, almuerzo o comida. “Disculpe, ¿todavía estamos a tiempo...?” Como suele decirse popularmente, nos tirábamos por el piso. Mas los cocineros y las camareras fueron siempre benevolentes y nunca vimos las caras de reproche que tanto temíamos.Incluso, nos deseaban buen provecho.
Además, hacían su trabajo muy bien.Nos llamó la atención el cocinero de la primera noche. Uno esperaría ver un joven así en la disco de enfrente, la batería Fernando VII, y no aquí, en la cocina, sirviéndonos una sopa francamente rica y un trozo inolvidable de pescado de mar.
Otras que sufrieron con nuestra dinámica de trabajo fueron las amas de llaves. El Jibamar protege a sus huéspedes como la ostra preserva sus perlas. Nadie podía entrar o salir sin que mediara el ama de llaves. Intercambiamos entonces los números de teléfono. Cuando llegábamos con las mochilas, el trípode y la sombrilla, bastaba con un timbre para que la ostra se abriera. Sencillo y efectivo.
Pero no éramos como los clientes habituales. En la primera noche de estancia, debíamos salir a las 2:30 am para grabar los pescadores que se echan al mar, con la esperanza de atrapar un buen botín antes de que levante el sol. Debíamos regresar, tal vez, sobre las 3:30 am.
Con mucha pena informamos al ama de llaves de turno, una joven simpática y atenta a nuestras necesidades. “No hay problema”, dijo. Y de veras pareció no encontrar problema en donarnos sus horas de reposo tras un largo día de trabajo.
Esa madrugada, apenas tuvimos tiempo de abrir los ojos cuando escuchamos golpecitos en la puerta de nuestra habitación. Era ella.
─ Ya son las dos ─ dijo, mostrándomesu celular ─ ¡Tenía una preocupación!No he dormido mirando la hora.
No le habíamos solicitado el servicio de despertador y sin embargo allí estaba, en pijama, sin pegar un ojo, asegurándose de que íbamos en tiempo. Esos detalles no se olvidan.
Tras un día y una madrugada y otro día más de trabajoininterrumpido, Gibara era nuestra en gigas y gigas de imágenes y horas de entrevistas. Habíamos aprendido del mar y sus criaturas, de la energía que opera en los enormes aerogeneradores el milagro del movimiento, de arte decorativo y un par de leyendas de amor… El cansancio cerró nuestros párpados como el telón de una obra cancelada.
A las 5:00 am despertamos de puro milagro. La alarma del celular, seguramente por malos manejos, nunca sonó. Asomados por la ventana, comprobamos con terror las primeras luces del día. Queríamos grabar el amanecer de Gibara. Y se nos escapaba.
Me alisté lo más rápido que pude y subí corriendo a la segunda planta del Jibamar en busca del ama de llaves de turno, que nada sabía de nuestro plan. Fue entonces cuando me sorprendieron aquellos sonidos,demasiado definidos en el silencio de la madrugada. A esa hora no había en toda la ciudad, ni aun en el parque eólico Gibara 1, más energía que en aquella habitación, pensé y luego recordé el amanecer.
En el pasillo de la segunda planta había varias puertas y ninguna decía “Aquí está el ama de llaves”. Así que toqué con la mayor discreción posible en todas y cada una (excepto aquella, obviamente), hasta que el ama de llaves asomó la cabeza por una de ellas. Otra joven, de pocas palabras e igual eficiencia. La pobre, no me atreví ni a imaginar lo que pensó de mí.
Como suele decirse popularmente, me tiré por el piso. Arrastrándome por el pasillo le pedí que abriera la ostra, rápido, rápido, que se nos va el amanecer. Con la prisa, nunca supe si los sonidos demasiado definidos en el silencio de la madrugada continuaron o no.

Las claves del éxito

José Manuel Palma Tamayo revela detalles del funcionamiento de la casa de alojamiento que administra

Todos los colores de Gibara (los del ocaso también) están concentrados en las obras plásticas que adornan el pequeño lobby y la cantina del Jibamar. La alegría del artista, desconocido para nosotros, contrasta con la ambientación general de la casa, que sigue las últimas tendencias en cuanto a decoración de interiores: colores suaves, muebles modernos, luces tenues.
─ Es un lugar muy agradable ─ le comentamos a Palma una tarde, cuando coincidimos unos minutos en el patio interior, lleno de plantas y mesitas al aire libre. Nuestro espacio favorito del Jibamar.
A José Manuel Palma Tamayo nadie lo llamaba por su nombre, sino por el apellido. “Palma anda resolviendo unos asuntos en la empresa eléctrica y ya viene para acá”. Así nos dijeron la tarde que llegamos.
Se trataba de un hombre joven al que se le dan bien las palabras. Acumuló gran parte de su experiencia laboral en la Dirección Municipal de Cultura en Gibara ypor aquellos días, en un giro de 180 grados en su vida profesional, se desempeñaba como administrador de la Casa de Alojamiento Jibamar.

“Las reservaciones para Jibamar se hacen a través del buró de reservaciones de EXPOHOLGUÍN (24 - 482 111). Nuestro personal también puede gestionarlas”

José Manuel Palma Tamayo

administrador de la casa de alojamiento Jibamar

Los principales proyectistas fueron Umbrales y Vértice, la construcción corrió a cargo de la Ecoa 19 y la decoración la hizo el Fondo Cubano de Bienes Culturales, específicamente una artista que se llama Tania ─ nos puso al tanto, y agregó que la dirección de ellos como inversionistastambién influyó en la terminación, la calidad y la ambientación de cada una de las habitaciones.
Bien es sabido que el ojo del amo, engorda al caballo. Desde la inauguración, el 27 de agosto del 2018, Palma debía pasar más tiempo en el Jibamar que en su propia casa. ¡Daba gusto ver el gusto que le daba resolver las urgencias del proyecto!
─ Sí, porque es un proyecto de desarrollo local, lo que es conocido como un IMDL: iniciativa municipal de desarrollo local. Nosotros le aportamos el 40 por ciento de los ingresos al gobierno local, y el gobierno tiene la posibilidad de reutilizarlo en otros proyectos.
Es una alternativa viable para los municipios como Gibara. Una manera, por así decirlo, de multiplicar los panes y los peces.
─ Eso también nos da particularidades con el precio. Los productos que en otros lugares son más caros, aquí son más baratos. Por ejemplo, las bebidas. Tenemos la cerveza Heineken a 90 centavos (CUC), los rones a precios bastante económicos. Diferenciados. Porque nuestra empresa tiene la facultad de, estudiando el costo del producto, formar los precios. Siempre que dé ganancias puede establecer precios módicos.
Palma nos explica que el Jibamar pertenece a Expolguín y específicamente, a la UEB Villa Cristal (antes llamada Villa Azúcar).El personal está integrado por 4 dependientes integrales, dos cantineros, dos cocineros, una camarera y el administrador.
─ Nosotros tenemos un slogan en la casa…Como tenemos pocas habitaciones, tratamos que cada huésped reciba un servicio personalizado. Las familias piden indistintamente pollo, cerdoy también algunas cosas como café, leche… en algún horario específico. No hay dificultad, tratamos siempre de garantizárselo.
He ahí las claves del éxito: un lugar bien pensado; un personal preparado; un administrador capaz; el saber aprovechar al máximo seis habitaciones, una sopa francamente rica, las porciones generosas de pescado de mar; y un grupo de holguineros (y cubanos en general) que añoran hacer suya la Villa Blanca de los Cangrejos, la Perla del Norte, la España Chiquita porque saben que, a pesar de las preocupantes evidencias históricas, siempre serán bien recibidos.
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