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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 22 Sep 2017 - 11:29

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Página 8
El oportunista

El huracán Matthew dejó una estela de destrucción en muchos lugares de la provincia Guantánamo y en Moa, con una fuerza descomunal de la naturaleza que sacó a flote dos sentimientos contrarios: la solidaridad frente al oportunismo.

Preservar la paz

Una parte primordial de la felicidad de una persona son sus actos. Nadie puede serlo si para conquistarla lo hace perjudicando a otros. Dice axioma: "Sabes, por qué estoy contento con mi vida? Porque no apago la luz de nadie para encender la mía y porque me esfuerzo cada día para poder cumplir mis sueños sin lastimar a alguien".

La improvisación

Si improvisar es hacer algo sin preparación alguna, de manera espontánea y sin planificarlo, hay mayores posibilidades de fracasar.

La importancia de proyectar radica en la necesidad de organizar de manera coherente lo que se quiere lograr; de ahí lo significativo de planear y no actuar de forma imprevista.
Ya lo dice la propia palabra planificar: “hacer planes”. Es decir, pensar en lo que se va a hacer y cómo. Es poner en orden las ideas, lo poseído para maniobrar y establecer prioridades (se puede concebir en todos los órdenes: laboral, hacer planes para los fines de semana o el de establecer una rutina para el día a día).

Cuando se ordena la acción, es para que salga todo bien o lo mejor posible, no falte tiempo o se pierda demasiado. Está todo más controlado si está planificado. Es coordinar con astucia, planear bien las actividades de acuerdo con los asuntos o tratar de tomar decisiones correctas para el bien propio. Es establecer metas y definir cómo se van a conseguir.

Hablamos de un proceso definitorio en el curso de la acción y los procedimientos requeridos para alcanzar objetivos y metas. El plan especifica las diferentes etapas para llegar al estado final deseado.

El orden existe en todas las cosas humanas y permite el ahorro de esfuerzo y energía: un aspecto no reglamentado funciona mucho peor que uno establecido, por eso recomendamos actos bien pensados, frutos de la meditación, el análisis y no un obrar carente de juicio.

Momentos requeridos de acometer, reclaman maneras bien pensadas, que incluyen: productividad, recursos con que contamos y su calidad, capital humano, preparación de las fuerzas, ahorro, costos, trascendencia de la obra, formas de hacer y jornadas para emplear, porque no podemos darnos el lujo de equivocarnos y accionar con un mayor margen de errores.

Uno puede cometer deslices, porque nadie está exento de hacerlo; sin embargo, abogamos por formas más eficaces, con mayor garantía y apartadas de los posibles fracasos por la dañina improvisación.
 

Simular la verdad

Según el escritor Eduardo Galeano, “vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase que desprecia el contenido”.

Triste época, cuando lo real se sustituye por las apariencias y todo lo objetivo cede el lugar a lo ficticio. Con tremenda banalidad, algunas personas valoran más la envoltura que el regalo. El qué dirán se pone cada vez más de moda.

Sobre lo de simular la verdad hay dos casos típicos: gente no tan mal económicamente, siempre llorando miserias. ¿Es para evitar que les pidan? O quienes tienen poco, demuestran poder monetario y se atreven a “botar la casa por la ventana” a la hora de celebrar una fiesta, por ejemplo.

Algo hasta risible son los ricos de nuevo tipo. Esos que en el afán de demostrar cuánto dinero poseen, construyen mansiones como pericos, con adornos sin ton ni son. Nadie sería capaz de clasificar esa arquitectura moderna, hija de la misma “necesidad” de enseñar lo tenido al estilo de Masicas.

Como las apariencias engañan, les traigo el relato llamado “El hombre, el niño y el perro”, para que ustedes le saquen su lección.

Había una vez un matrimonio que vivía en un bosque, con un hijo pequeño y un perro viejo. Una vez estaban en la sala y oyeron gritar al nené en el cuarto, el padre cogió la escopeta por si era un animal, de pronto salió el perro con el hocico lleno de sangre y el progenitor pensó que el fiel can era quien había dañado al bebé.

No lo dudó un segundo, le disparó y lo mató. Cuál no sería la sorpresa, cuando entró la alcoba, vio al niño en perfecto estado en la cuna y frente a él una serpiente destrozada. El “fiel amigo” lo hizo para evitar atacara al menor.

El dueño se percató enseguida de su error, pero ya era tarde. Cuántas veces actuamos por impulso, sin meditar, y esa es la primera enseñanza: no confundirse con lo expuesto por algunas personas, porque podemos tener una valoración equivocada.

A veces decimos: “Qué bien está fulano” al pensar que se encuentra rodeado de comodidades, pero su bienestar es relativo y en una escala de 10, su número no es tan positivo; solo miramos lo aparentado y terminamos en un error.

La suerte y el destino tienen muchas interpretaciones.

Ejercita la virtud de rechazar los males

La gente negativa a tu alrededor le llaman roba-energía, porque es capaz de llevarte el buen humor, la confianza y el optimismo. Cuando en un grupo hay un mentiroso, un deshonesto, un autosuficiente o un irresponsable no fluye la armonía y el ambiente está enrarecido.


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