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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 18 Ago 2017 - 13:21

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Página 8
Motivaciones para proponernos planes

Un día como hoy, hace seis años, perdí a mi madre, inesperadamente, a sus 69 años de edad, pero no quiero asociar este día con el dolor. Para quien amó la vida, fue optimista y creía en la felicidad, no merece la recuerden con tristeza y escojo esos vocablos para conformar este, mi primer mensaje en el 2016.

Saber elegir

Saber elegir una solución correcta es el tema de la carta enviada a esta Columna por el lector Irán Arencibia Feria, desde la ciudad de Holguín.

El narra cómo, a veces, existen asuntos necesitados de medidas, para mejorar sus resultados, pero la misma opinión tomadaengendra más dificultades. Insuficiencias existen y hacen más difícil la cotidianeidad; el mérito está en equivocarnos menos y no escoger un camino cuyo argumento esté enrevesado.

A la hora de optar, se impone tener en cuenta prioridades, conveniencia, necesidad, uso más acertado de los materiales y repercusión de lo hecho, lo cual no incluye el acometimiento de una determinada obra por razones no entendidas por muchos, que a primera vista puede parecer ilógica, por ser hija de análisis superficiales y poco convincentes.

Pero hablamos de acciones circunstanciales, porque esta época de cambios obliga a tener que decidir casi constantemente como lo más común. La organización social es compleja, pero las determinaciones son actos de inteligencia y siempre deben incluir un análisis de causas y consecuencias.

Los estudios de factibilidad son muy buenos para llegar a un consenso. Muchas cuestiones pudieran tener mejor respuestas, si no se les aplicaran remedios dacronianos, que, lejos de resolver, disgustan más.

No dudo que en cualquiera de estos acometimientos, para eliminar un problema está la voluntad de encontrarle una positiva manera de encararlo, pero debe estar muy ligada, tanto al pensamiento mayoritario, como a la utilización adecuada de los recursos con las políticas sociales requeridas para facilitar la comprensión de la acción y ganar cómplices para su defensa.

Si hay pocas materias primas y estas se usan indiscriminadamente, sin freno y a la búsqueda de agrado, cometemos despilfarro e inutilidad.

Es muy lamentable dedicar esfuerzos y materiales por gusto, porque al final esa no era una respuesta correcta y perdimos la oportunidad de complacer con lo tenido: de ahí la importancia saber tomar decisiones, teniendo en cuenta su carácter subjetivo.

Cuando se determina, importa mucho la elección de un camino a seguir, por lo que en un estado anterior deben evaluarse alternativas de acción. Si estas últimas no están presentes, no existirá decisión.

Para tomar una decisión, cualquiera sea su naturaleza, es necesario conocer, comprender, analizar un problema, para así poder darle solución. Las consecuencias de una mala o buena elección pueden tener repercusiones positivas o negativas.
 

Nada puede sustituir las vivencias otorgadas por la vida

Dice Dania, mi vecina: “Qué bien la pasamos en la playa”. Ella cuenta que el viaje de recreación lo hicieron por la Empresa Eléctrica y, aunque es jubilada, invitaron a todo el colectivo, activos e inactivos, y se sintieron como en familia.
Es tan bonito acordarse de los que una vez dieron sus esfuerzos, cuando pudieron, porque es lamentable que el retiro de muchos pase por debajo de la mesa.
Cuando existen los vínculos con todos, no desaparece el sentido de pertenencia hacia la entidad, se mantiene la relación de lo que una vez unió a sus trabajadores y se siente un sano orgullo de haber pertenecido a ese grupo laboral.
Es muy halagador, después de haber entregado años a un centro obrero, que a la hora del retiro se organice una actividad de estímulo para quienes ya se deben ir de la plaza por su edad.
Es lamentable pensar que, por ser joven, ya se tiene suficiente capacidad e idoneidad, como
para prescindir de ese cúmulo de experiencia.
Es cierto que la juventud puede poseer un talento no tenido por los más viejos, pero pensar “sabérselo todo” solo por sus pocos años, raya en la autosuficiencia. He oído decir a esos mozos, que nunca piensan envejecer: “Hasta cuándo la entidad debe cargar con esos ancianos”.
Pobres de aquellos considerados portentos, aun cuando no lo han demostrado y les falta
mucho, pero mucho, para lograr esa sabiduría que lamentablemente no aprovechan, la
del “anciano de la tribu”. Es de sabio combinar juventud con experiencia.
Nada puede sustituir las vivencias otorgadas por la vida, por lo cual no es muy inteligente pavonearse y sentirse “inmaculado” al exhibir escasa edad.
Un director de empresa se vanagloriaba de que su colectivo era menor de 35 años mayoritariamente; es cierto, le sobraba juventud, pero adiós a la experiencia.
La combinación de diferentes generaciones no es puro capricho, sino necesidad, porque unos le dan brío y otros sapiensa.
Frase: La gente joven está convencida de que posee la verdad. Desgraciadamente, cuan
do logran imponerla ya ni son jóvenes ni es verdad.
 

Hay que rescatar la esperanza

Cuando el Papa Francisco dijo que hay que rescatar la esperanza, pedía no dejar morir la ilusión de los hombres, para aspirar a un futuro mejor en materia económica, social, calidad de vida, bienestar, prosperidad, paz…

Si la especie humana renuncia a luchar por conquistar sus sueños, muere por apatía, inmovilismo e inercia. No tendrá motivaciones para seguir viviendo.

La existencia tiene que tener metas. Ambicionar una escala superior condiciona los esfuerzos, pero si llegamos a no tener proyectos, vamos directo a la dejadez, y de ahí al desgano solo hay un paso.

El Obispo de Roma critica a esas personas sin ningún tipo de perspectivas y acción, que se resignan a una existencia vacía, sin deseos y aspiraciones. En el argot del boxeo, “tiran la toalla antes de tiempo y se declaran vencidas”.

¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos esperanzas? Los días se parecerían a un enorme túnel oscuro sin al menos una lucecita al final, nada nos impulsaría a caminar adelante, perderíamos el ánimo para continuar andando y, sin convicciones, poco importaría seguir respirando.

Como no tendríamos planes, tampoco habría algo que nos empuje a movernos, a batallar por lo ansiado. La esperanza es como caer en medio de un lago sin saber nadar, que aparezca un madero para asirnos y nos salvemos, cuando era inminente ahogarnos.

Necesitamos de ella para mantener nuestros esfuerzos. Tener objetivos definidos en la vida y empeñarse hasta lograrlos.

La falta de esperanza mata cualquier activismo y los imposibles aparecen comunes en el vocabulario; por eso tanto insistimos en no perder la fe, aunque el camino sea difícil, porque tendríamos a personas derrotadas e incrédulas. Las energías positivas abren caminos y no pensar en grande te hace miserable.

Con pobladores así no se avanza. Se requieren bríos, para acometer una misión y la esperanza de llegar hasta el final es necesaria.

Los optimistas ven siempre luces, amaneceres, flores, nacimientos y alegrías, mientras los pesimistas divisan oscuridad, espinas, fracasos, miedos, muerte y tristezas. Esa es la gran diferencia.

El tipo de gente define a una sociedad.
 

El cuidado del Planeta

El párrafo inicial de la cartadel moense Nelson Ocampo Pupo dice: “Pienso que existen muchas personas jurídicas y naturales muy bien preparadas, pero en ocasiones incultas e indolentes al actuar de manera indiferente y violar normas sobre el cuidado del medio ambiente, la higiene comunal, el ornato público y los recursos naturales de los que dependemos los seres humanos”.


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