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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Lun, 27 Feb 2017 - 12:14

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Página 8
Seamos flexibles, pero no ingenuos

Como complemento necesario a una época de cambios, está la postura asumida para asimilar las transformaciones.

Las malas memorias

Dice una frase: “Sepan que olvidar lo malo también es no tener memoria”, porque hay olvido y memoria en la historia y en la misma vida de cada quien.

Juventud y experiencia deben de estar unidas

En una edición del periódico Juventud Rebelde, en marzo último, hay una información sobre los activos desarrollados entre la UJC y el MINAGRIC, cuyo epígrafe enfatiza la necesidad de aprovechar los conocimientos de quienes peinan canas con el aporte de los más bisoños.

Una buena organización

L a falta de organización en cualquier acción o espacio va directo a la anarquía, de ahí la importancia de mantener el orden en las cosas, por la peligrosidad de tener una sociedad caótica, donde no existan leyes, moral ni valores.

Valores humanos del trabajo

Felicito a los padres que educan a sus hijos en los valores de la responsabilidad y el compromiso.
Liberar de sus obligaciones a los descendientes, con la conocida frase de “lo hago, para que no pasen dificultades”, es la peor manera de formarlos. Evitarles esfuerzos no es quererlos más, sino contribuir a inutilizarlos.
Como tampoco es más grande el amor hacia ellos, si les damos una exagerada cantidad de dinero para que lo gasten sin control alguno, con el pobre pensamiento de “para eso tiene, deja que se luzca”.
Los progenitores que actúan así, aparte del peligro al que exponen a sus muchachos, afianzan en ellos el egoísmo, pero si no se lo pueden dar un día, están expuestos a recibir maltratos verbales y hasta físicos.
Nos quejamos después de su holgazanería o desconsideración, pero eso lo debemos a nosotros con una crianza tan súper protectora.
Por eso admiro a quienes, aunque posean buen nivel de vida, gracias a sus empeños, les solicitan su apoyo y les hacen ver que para tener se necesita sacrificio.
Niños, adolescentes y jóvenes deben de saber todas las faenas de mamá y papá en su lucha cotidiana, para avanzar y nunca eludir la parte que les corresponde en esas labores, como forma de colaborar en el hogar.
Enseñarlos a esforzarse, puede tener sus escollos, porque si los niños nos escuchan quejarnos, porque debemos ir a trabajar, le hacemos ver nuestra tarea como un fastidio y no como un estimulo.
Con esa actitud paternalista, los chicos crecen con la creencia de ser merecedores de todo, y no hacen nada para obtenerlo, o en el peor de los casos “buscar la vía fácil” para lograrlo.
Es bueno hacerles comprender las virtudes y valores humanos del trabajo, pues los prepraramos para cuando tengan que afrontar similares tareas.
Los vagos son consecuencia de una deformación de la laboriosidad en los menores, por lo cual debemos insistir en la importancia de buscar su colaboración, porque al mantenerlos en constante actividad, adquieren una mayor capacidad de esfuerzo, los hacemos más responsables y ordenados, conscientes de que la laboriosidad no es un valor para guardarse en un escaparate, sino un medio para ser más útiles y participativos en todo lugar.


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