- Por Hilda Pupo Salazar
- Sábado, 11 Agosto 2012 16:45
- 290 Lecturas
Una madre le dice a su niña: “Hoy hay reunión en mi 'trabajo'. A continuación le expresa: “Que se sienten a esperarme (dos palabrotas), yo estoy de vacaciones”. La pequeña le riposta: “Pero mami, para eso no tienes que decir malas palabras”.
Puede que la señora esté justificada para inasistir, lo incorrecto es debatir ese asunto de manera pública con la hija y de forma tan desatinada. Fue una “antilección” educativa a su descendiente y causa de aversión para quienes la escucharon.
Con tal antecedente, es muy difícil enseñarles los valores de responsabilidad, respeto y amor al trabajo a la menor y mucho menos poder hablarle de la importancia de cumplir, sin tener que recurrir al “haz lo que te digo, no lo que hago”.
Para estos casos, la moral no tiene sustituto.
Hace una semana esta Columna trató el mensaje Despierta, papá, despierta, en el cual hacíamos énfasis en la clase de hijos que debían sufrir algunos padres y la diferencia de crianza antes y en la actualidad.
Pero, ahora, es al revés: la clase de padres que deben sufrir algunos hijos. Hemos reiterado la importancia del ejemplo en la misión formadora, porque sin él no puede educarse a nadie y lamentablemente existe gran déficit en las casas.
Si se llega tarde al trabajo o a una reunión de nada vale tratar de inculcar puntualidad, si se falta ¿podrá hablarse de asistencia? No puede pedir respeto, quien actúa a espalda de él, porque no se convence a nadie con una dicotomía entre teoría y práctica.
Algunos progenitores critican a sus muchachos por sus faltas de respeto, acomodamiento, haraganerías u otras malas conductas, sin embargo, pocos reflexionan sobre lo que ellos ven en el hogar y si pueden exigirles.
No es precisamente en papá y mamá, donde pueden mirarse algunos niños y jóvenes. Eso es querer hijos buenos, cuando nosotros no lo somos.
Hace un tiempo una señora decía: “Es que al igual que existe el fatalismo geográfico, también, está el fatalismo familiar y debe compadecerse a algunos niños por venir de tales padres”. Como para exclamar “tan inteligentes, es una lástima que hayan nacido en ese hogar”.
La educación no se imparte como muchas asignaturas y decir “hoy vamos a aprender a ser laboriosos o nos toca el tema de la honestidad”, formar convicciones positivas y lograr integralidad en los seres humanos es un proceso en el cual tiempo, constancia y ejemplaridad no pueden faltar.





0 Comentarios