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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 24 Feb 2017 - 00:54

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Conductas antagónicas

Una especie de “haz lo que digo, no lo que hago” son esos carteles, con diversas frases, puestas en los transportes o lugares públicos y las  de quienes lo exhiben o representan.

Vi uno de esos famosos letreros: Dios es amor; bueno para decirle, él lo será, pero tú estás muy lejos de serlo, porque el que lo puso era una combinación de grosería y petulancia.

Y qué me dicen de esas tiendas o cafeterías, con el conocido lema: Mi trabajo es usted, y frente a el cuánto maltrato se genera, tanto, como para desear no ser responsabilidad laboral de nadie o absolver al dependiente de tal compromiso. Es mejor no ser contenido de quehacer para el otro, si eso le trae acritud.

Deseamos paz, felicidad y armonía, a bombo y platillo, pero a veces nuestro comportamiento genera lo contrario. Ni brindamos concordia, mucho menos deleite y sí mortificación. Cómo, entonces, pedir que se multiplique en ti lo deseado para mí ¿una burla acaso?

Son frases vacías, poco interiorizadas, repetidas al estilo cotorra, inútiles y sin saber a ciencia cierta su verdadero significado. De ahí la importancia de cuanto se diga concuerde con lo que se hace.

De nada vale pregonar nuestra humildad, si en realidad no lo somos. Una persona humilde no es pretenciosa, interesada, ni egoísta como lo es una persona soberbia, quien se siente autosuficiente y generalmente hace las cosas por conveniencia.

Tampoco se justifica preciarse de bondadoso o solidario, dos vocablos que no caben en una vida de mezquino y casa sola. Si alguien no está en buena situación y necesita ayuda, el bondadoso no duda en ofrecérsela, y lo hace sin ofender, amorosamente y poniendo un gran interés en ello.

En tanto que la solidaridad es compartir con otros tanto lo material como lo sentimental, es ofrecer ayuda a los demás y una colaboración mutua entre las personas.

Dime de que presumes y te diré tus carencias, expresa una frase, para ilustrar aquellas personas con el ego sobredimensionado: yo soy, puedo, hice… y, tristemente, necesitan creérselo para obtener la aprobación de todos, sobre algo de lo cual no tienen. Los hechos resaltan la verdad, sin necesidad de decirlo.

Una vez más, no puede haber divorcio entre lo expresado y los hechos, sino todo se reduce a palabrería estéril.


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