Acceso
  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 15 Dic 2017 - 21:02

DESCARGAR
Edición Impresa

Premisas martiana: Veracidad, voluntad estética, intencionalidad y utilidad

A Martí lo conocí allá por el Prescolar cuando aprendí de corrido la poesía “Los dos príncipes”. Como pionerito recitador aprendí sucesivamente “Los zapaticos de rosa”, “La bailarina española” y la interminable obra teatral Abdala, cuya modesta producción me obligó a vestir rayado pañuelo de cabeza, taparrabos rojo y anacrónicas chancletas plásticas; flacucho como era, no parecía caudillo nubio sino víctima de una hambruna africana.

Años después sostuve amistosas querellas con una martiana visceral, que no comprendía mi desinterés por el Apóstol. La razón: la extensión de los párrafos, la compleja sintaxis y lo que él mismo calificó como mal suyo, hacer los artículos de diario como si fueran libros. Sin embargo, me deslumbró el Diario de Campaña, donde cristaliza y se hace luminoso, casi como canto de cisne, su estilo literario.

Escoger mi profesión me llevó al Martí periodista, aunque es imposible desligar este oficio de los otros, pues en el conjunto de su obra, la parte periodística ocupa casi la mitad de su producción literaria, y la mayoría del resto de su producción apareció publicada en periódicos. No en vano escribió: “De todos los oficios prefiero el de la imprenta, porque es el más ha ayudado a la dignidad del hombre”.

Además de sus dos patrias poéticas, Cuba y la noche; fundó con 16 años el periódico La Patria Libre y fue colofón de su labor editorial el semanario Patria, donde por gajes del periodismo un sábado de junio de 1895 publicarían su esquela funeraria. Entre uno y otro, publicó medio millar de textos en periódicos y revistas del continente.

Martí aprovechó las virtudes prácticas de la prensa periódica: amplia tirada, bajo costo de impresión, viable circulación, interés general, enorme público potencial e inmediatez. Pero no se quedó en estos asuntos prácticos, lo advertía al decir: “La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante, es proposición, estudio, examen y consejo”.

Veracidad, voluntad estética, intencionalidad y utilidad, fueron premisas que exigió Martí editor para la prensa, a la que señaló como misiones, “encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir; examinar los conflictos, no irritarlos con juicio apasionado, ni encarnizarlos con alarde de adhesión tal vez extemporánea; proponer soluciones, madurarlas y hacerlas fáciles; establecer y fundamentar enseñanzas, en fin, si pretende que el país la respete, y que conforme a sus servicios y merecimientos, la proteja y la honre”.

Fue ejemplo de periodismo literario, aunque reconociera que “el escritor diario no puede pretender ser sublime. Semejante pujo para en extravagancia. (…), ha de contentarse con ser agradable”.

Yo, de Martí, he tomado para mi profesión una máxima, descubierta tarde pero que reafirma mi propia vocación: “No merece escribir para los hombres, quien no sabe amarlos”.


AddThis Social Bookmark Button

1 Comentarios

  • preciosoooooooooooooooooooooooooooooooooo un beso, te recuerdo siempreee

1000 caracteres

Cancel or

Copyright © 2000-2017 Periódico AHORA. Se autoriza la reproducción de trabajos de nuestro sitio, siempre que sea de forma íntegra y se acredite la fuente.
Compatible con IE7, IE8, Firefox, Opera, Safari y Google Chrome. Resolución óptima: 1024 x 768 píxeles.