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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mar, 25 Abr 2017 - 14:58

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¡Verdad que el amor es lindo!

El ómnibus se zarandea sobre los maltrechos viales, sortea baches como cráteres de obús. Los pasajeros sufren el meneo y una embarazada se queja de náuseas. Un hombre locuaz con espejuelos asegura que el problema radica en echar asfalto sobre los agujeros, sin ponerles relleno decente y que el peso de los vehículos vuelve a hundirlo. Dice que la solución es el rajón. El pasajero, acosado por el locuaz, no
comprende, pero contesta que sí, que la solución es el rajón. Le han contado que en Europa se puede viajar horas en transporte público sin que nadie le dirija la palabra.

Un alegre borrachito la emprende con un popurrí de Juan Gabriel. Hace dos días, deleitaba con una escogida selección de Los Bukis. Su repertorio incluye además a Los pasteles verdes, Rudy La Scala y Marco Antonio Solís. A unos les parece detestable; a otros, divertido. A veces canta sin parar durante todo el trayecto; en otras ocasiones,
arranca de improviso. Ameniza este viaje vespertino de tanta gente que regresa al hogar. Guagua del atardecer en el Trópico.

Súbito la guagua se detiene. No es parada, nadie sube. Demora unos instantes detenida, ronroneando como gato ahíto de leche. Los del asiento trasero, ese que parece estrado en las guaguas “nuevas” comprueban que nada entorpece la marcha del vehículo. No hay un coche, bici, árbol caído, ambulancia, carro de piquera mal aparcado, carretilla de vegetales, fila de escolares, perro, agente de tránsito
o enfermo que requiera transportación urgente. “Aquí nos coge el Armagedón”, bromea alguien.

De pronto, el vehículo se mueve en reversa. Despacio hacia atrás, como en aquel cuento de Carpentier, Viaje a la semilla, donde todo ocurre a la inversa y uno se muere primero y después nace. El pasajero se pregunta si todo ocurrirá a la inversa; la gente bajará en las paradas y les devolverán el dinero y la guagua volverá a la “base” o al sitio
de donde salió. La gente, hábil en producir conjeturas, especula.

La falta de información siempre genera conjeturas. Que si un poste caído o un árbol tumbado, un accidente; que están reparando la vía más adelante y habrá que desviarse. El pasajero mira aterrado los callejones lacustres aledaños: si la guagua toma uno de ellos, se hunde.

El claxon suena un par de veces. ¡El chofer baja! Los pasajeros lo ven pasar delante de la guagua detenida en medio de la calle, en medio del universo, en un tiempo curiosamente detenido. “¡A dónde va ese!”, chilla la embarazada con náuseas. El pasajero se promete apuntar lachapa, la hora y la ruta del bus y “echarlo pa’lante”. Dos
adolescentes siameses de iPad se miran perplejos, conectados por su cable musical. El custodio en divisa mira el reloj, sintiendo peligrar su pollo-aceite-módulo.

Todos siguen con la mirada al chofer que cruza la calle, como rubio galán de teleserie, con su uniforme de guagüero que parece cortado por Armani. Ven también a la chica sonriente que corre en cámara lenta por el callejón, evadiendo charcos, aventando plásticamente su queratinada cabellera, contra las luces del crepúsculo. El chofer abre los brazos y ante la mirada atónita de los viajeros, la besa.

Durante ese instante de estupor, la gente deja de pensar en el módulo, los accidentes de tránsito, los callejones lacustres, el rajón y el precio de las casas-carros-carne. El tiempo definitivamente sedetiene. Los rostros cambian. Los reproches se atoran en las
gargantas. Nadie protesta.

El chofer salta al volante y continúa su viaje. Fueron solo unos minutos pero algo ha cambiado. Dejó de ser un vulgar atardecer en el Trópico para volverse una tarde romántica e intemporal. El pasajero piensa en su amor lejano y sonríe. Su compañero de asiento, el del rajón, le comenta: ¡Verdad que el amor es lindo, compadre! El iPad de los siameses canta: Yo solo quiero darte un beso…


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4 Comentarios

  • QUE BONITO! Siempre me ha gustado lo que escribe. Es verdad que el amor cambia todo, que una escena de amor en la calle, que veamos, nos alegra el día y nos damos cuenta de que aún existe, esa cosilla que mueve el mundo. Hasta en esta lectura, que como quiera me ha gustado desde el principio, cuando al final sucede lo no esperado, me he quedado encantada, en serio, hasta me ha levantado el estado de ánimo. LO QUE PUEDE HACER EL AMOR, INCLUSO A TRAVÉS DEL PAPEL!
  • Interesante tu articulo, el amor justifica todo.......
  • Estar enamorado es la primera maravilla del mundo... con el amor involucrado se hacen maravillas... saludos Rubén de toda la familia.
  • Si... más que verdad, no se imagina cuánto me divertí cuando llegué a leer el final de este artículo, era lo que menos me imaginaba, muchos saludos para usted.

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