/   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 25 Feb 2017 - 13:18

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Gracias por todo, Fidel

Fiel.jpgSe enfrentó a la dictadura de Batista desde el mismo 10 de marzo de 1952, organizó el asalto al cuartel Moncada, sufrió prisión, salió de Cuba rumbo a México en 1955 para preparar el desembarco del Granma, dirigió la lucha armada, nos condujo hacia la victoria de enero y ha desafiado al Imperio más poderoso. Sin embargo, no necesita títulos o lauros, él es grande tan solo por su nombre: Fidel.

Para muchos el hombre del siglo XX. Respetado hasta por sus enemigos. Admirado. Por eso todo condujo al 90: las razones, los deseos, la edad... El sábado Cuba estuvo de fiesta y el mayor regalo fue su presencia.

Quizás el haber sobrevivido a más de 600 atentados no es casualidad, pues tiene un aura protectora, desde que estaba en el vientre de su madre, con siete meses de embarazo, cuando una caída del caballo no afectó al feto. Puede ser el altar de Lina en el cuarto o la gracia de la santería afro, pudo ser Dios, el destino... tal vez todos conspiraron. Lo cierto es que “Fidel es Fidel”: guerrero, luchador incansable, apasionado por las causas justas, el muchacho de Birán...

Su gama de virtudes va desde la renuncia a la “escala gris” del humo, para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo, hasta la más amplia “onda del espectro”: soñar con que sus científicos encuentren la vacuna contra el cáncer, creer que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia o que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo.

El Comandante es hijo de una historia, de una memoria largamente abrazada por nuestro pueblo, síntesis superior de lo cubano. Añadida a su enorme capacidad para involucrar a las masas en la solución de problemas y su muy cultivada sensibilidad social está su destreza en lo que Martí llamó el arte de la política: genio militar, organizativo y eliminar dificultades de carácter económico y popular.

Su práctica política tiene fundamentos filosóficos y ha sido ejemplo e influencia para la oleada de líderes progresistas americanos, pues se dio cuenta que en tiempos de globalización y entre nosotros la idea imperial romana, retomada por Maquiavelo de dividir para dominar, no “encaja”, que el quid está en aunar fuerzas solidarias para enfrentar dramáticos desafíos. Por eso abrazó la vocación martiana de que Patria es Humanidad. Constituyen reflejo Cayo Confites en 1947, el apoyo a los movimientos de liberación nacional o la ayuda médica a varios países.

Fidel asume el legado de las revoluciones democráticas europeas del siglo XVIII desde la óptica de los pobres de la tierra. Desde ese momento, libertad, igualdad y fraternidad dejaron de ser un lema para materializarse a través de una dimensión integral.

Por sus amigos se conoce que le ha gustado preparar recetas de cocina desde el fervor de la ciencia, que realizaba varias horas de gimnasia diaria y nadaba frecuentemente. Lee el inglés, pero no lo habla. Su desayuno: no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero, a lo que se suma la lectura de decenas de documentos cada día.

Alguien comentó: “Una cosa se sabe con seguridad, esté donde esté, cómo esté y con quién esté, Fidel Castro está allí para ganar”. Por eso nos inculcó ser triunfadores, aunque, como expresara Barnet, “de él también aprendimos a perder, pero solo el miedo”.

Hacedor de grandes reportajes hablados. Capaz de descubrir la más mínima contradicción en una frase casual. Cómo le alcanza el tiempo o qué método utiliza para leer tanto y tan rápido parece ser un misterio. Con preguntas a ráfaga llega hasta el por qué del porqué, el por que, porque... y escudriña cosas que sabe para confirmar datos y medir el calibre del dialogador.

Solo un ardiente profeta de la aurora, como lo llamara el Che, pudo empujar una isla 84 veces más pequeña que su enemigo principal. Solo alguien como él, ante la interrogante de qué más quisiera en este mundo, pudo contestar: pararme en una esquina. Solo Fidel tiene tal capacidad de entrega, dedicación, altruismo... desde la sinceridad más cristalina; por eso el pueblo cubano, antes que revolucionario, es fidelista. Él marcha al compás del tiempo y se ha hecho su aliado. Su presencia es pasado, presente y futuro, pues desde hace mucho está absuelto por la Historia.


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